Optimismo tecnológico o nuevo entorno: Egipto, acampadas y Londres
Circularon enormes cantidades de información sobre lo maravilloso que pueden ser las redes sociales y las plataformas colaborativas en diversas situaciones de crisis, y particularmente en algunos casos de 2011 como los de Egipto, Libia, España o Londres.
Sin embargo, tanto los medios tradicionales como los analistas políticos parecen suscribir la racionalidad de que estas tecnologías responden a la lógica de medios-para-fines. Esto implica que las tecnologías de las redes y las plataformas hacen más eficiente la comunicación, y como consecuencia de ello estos procesos se aceleran.
Por otra parte los optimistas tecnológicos otorgan a los dispositivos y a las redes la capacidad de gestar revoluciones e impactar en el mundo decididamente. Es decir que suscriben la racionalidad de un cierto determinismo tecnológico que llevaría a pensar, extrapolando, que sin estas tecnologías las revueltas no hubieran ocurrido.
Si de algo se puede acusar a los del primer grupo es de profunda ignorancia sobre la realidad palpable y concreta que construyen las redes. Es cierto que si en Egipto no hubiese existido un malestar previo, las redes no lo hubieran amplificado o no hubiesen convocado a tantas personas. Y se puede acusar a los optimistas/deterministas tecnológicos de no advertir que existen malestares y humores previos.
En mi opinión solemos olvidar que la Web se transformó en un nuevo entorno vital. Allí estamos vivos, coordinándonos, compartiendo, dialogando, discutiendo, construyendo; de modos en los que es posible solamente en el entorno de la Web. ¿Es una cuestión de modos? No solamente: también aprendimos a interrogar cada uno de los supuestos en los que se basa un orden impuesto por restricciones físicas, desde la noción de propiedad hasta el fundamento de las jerarquías. Estamos aprendiendo a vivir en un entorno distinto a los que conocíamos, tal como ocurrió cuando tuvimos que aprender a gestionar y vivir las ciudades.
Cada uno de nosotros opera y gestiona estos entornos en una experiencia vital única. Pero cada uno de ellos tiene su racionalidad y sus dinámicas. Hacer parecer a uno con el otro es probablemente el peor de los errores, es perder la oportunidad de enriquecer nuestra vida y nuestro aprendizaje.
En el caso de los sucesos y revueltas de 2011 me pareció pertinente subrayar, y criticar, la idea de medios-fines dado que si se tratara solamente de medios extenderíamos todo a la lógica herramental y por lo tanto identificaríamos a la tecnología como un factor de eficiencia. Pero va más allá: ciertamente es más eficiente Twitter que el reparto callejero de panfletos, pero es difícil pensar en las redes como medios-para-fines solamente cuando han demostrado que también son plataformas de discusión y construcción de fines.
Es preferible entonces abandonar el optimismo y también la visión instrumental. Las redes informan, pero también comunican; conectan y también coordinan; son canales y también espacios de construcción de fines.
El mapa de la #acampadasol (vía tomalaplaza.net)

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¿Cuántos otros emergentes de esquemas tradicionales terminarán derrumbándose?, ¿las discográficas?, ¿las editoriales?, ¿los peajes medidos para las comunicaciones?, ¿el acceso a la información?…