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Libro Nanotecnología, descubriendo lo invisible

May 7th, 2012

Ana María Andrada es la autora del nuevo libro “Nanotecnología, descubriendo lo invisible” de Editorial Maipue. Ella misma me pidió que leyera críticamente su libro y que lo presente en la Feria del Libro el pasado 1 de mayo en la sala Adolfo Bioy Casares. Lo que sigue es una transcripción aproximada de mi presentación.

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Conozco a Ana María desde hace más de 10 años, y como ocurre con los nanomateriales, no nos juntamos por nosotros mismos sino que nos juntaron para algunas actividades académicas. Desde ese momento aprendo constantemente y valoro especialmente las experiencias conjuntas, que van desde compartir distintas cátedras e investigaciones hasta la prestación de servicios profesionales.

Comparto con ella una característica de nuestros caminos profesionales y académicos: aunque desde disciplinas diferentes, ambos venimos de las ciencias duras, y en algún momento comenzamos a ocuparnos de qué nos pasa social y culturalmente cuando entramos en contacto con la tecnología. Nos convocan algunos temas comunes como las redes, la educación o la comunicación, y también algunas cuestiones epistemológicas de la ciencia y la tecnología.

Ana María afirma vehemente cuando ha pensado bien las cosas, cuando sus días de investigación fueron suficientes, y cuando, además, es capaz de expresarlo. Este proceso está presente en el sustrato de este libro que, a primera vista, es una pequeña ventana a su enorme capacidad de relación y pensamiento, por eso no me extrañó encontrar que hablamos de tecnologías nuevas conectadas con la Antigüedad, de distintas expresiones culturales asociadas, de aspectos éticos y regulatorios, y todo esto en un estilo que es a la vez rigurosamente conceptual y práctico. Lo bueno es que podría hacer lo mismo con una enorme variedad de temas.

Decidí tomar sus propias palabras en forma textual: “es un libro que quiere poner la nanotecnología en manos de la gente” y debo decir que luego de leerlo considero que el libro debería lograrlo.

Algo tan cotidiano como la tecnología, e incluso la dimensión técnica propiamente humana, es algo que se convirtió en una cuestión de estudio “seria” hace muy poco tiempo. Tal es así que fuimos educados bajo la idea de que “todo eso” es una simple cuestión instrumental, y sobre la que entienden “los que saben”: científicos, ingenieros, etc.

Entre todos los cambios profundos en el pensamiento que se han producido, o al menos manifestado, en la segunda mitad del Siglo XX, uno de ellos es que la tecnología ha sido puesta como objeto de estudio e interrogación. Esto dio como resultado una mayor apertura hacia la comprensión de esta dimensión humana fundamental, la técnica. Como marca de la época dejó de ser una disciplina propia de técnicos para ser mirada desde todas las demás, aunque el diálogo entre ellas aún está lejos de ser habitual.

Así, las visiones industrialistas y economicistas que tenían algunas coincidencias con las cientificistas se vieron acompañadas por filósofos, sociólogos, psicólogos y antropólogos. Uno de los resultados de este proceso está encarnado en los Estudios CTS que, a grandes rasgos, integra muchas de estas disciplinas a veces con objetivos concretos como el diseño de políticas públicas, la participación social en tecnología o la divulgación científica.

Particularmente, este es un libro de divulgación científica. La complejidad de un área de la ciencia y la tecnología puesta en términos que todos podemos entender sin destruir conceptualmente las cuestiones esenciales de los fenómenos involucrados.

Para ello, y siendo parte del estilo de Ana María, logra integrar distintas aproximaciones a la cuestión que van más allá de lo propiamente científico-tecnológico. Así el cine y la literatura son espacios que ella también explora para dar cuenta de la preocupación por lo diminuto. Y esto no es neutral. Me permito acudir a la música para dar una pincelada: en la Modernidad la matemática era el lenguaje que, se pensaba, tenía plena correspondencia con los fenómenos de la naturaleza. Pero la matemática no es más, ni menos, que un lenguaje. Es la misma época en la que el lenguaje musical clásico se asumía como la expresión de la música. Pero el lenguaje musical no es más, ni menos, que un lenguaje. Los fenómenos naturales y la música se redescubrieron durante el siglo XX en parte por la posibilidad de observar mejor y más profundamente en la constitución de cada uno de estos campos. Observar y manipular átomos y moléculas es de la misma época que observar lo diminuto del sonido. Ambas cosas nos obligan a repensar los conceptos y a nosotros mismos. Desentrañar lo diminuto en el sonido generó una revolución conceptual en consonancia con otras expresiones que están mencionadas en este libro, y con la ciencia. La música electroacústica obligó a repensar todos los conceptos musicales previos convergiendo, como otras ramas, con la ciencia y la tecnología. Descubrir lo invisible (y lo audible, en este caso) es parte de esta época y en todas las expresiones humanas.

Si bien el interesarse por todas las cosas no es algo que esté de moda, es necesario volver a pensar que el hecho de entender nuestra época para poder operar sobre la realidad debería ser algo valioso. Este libro de divulgación es, para quienes tienen esta actitud, un camino para saber más, y eventualmente ser parte de la discusión pública sobre la tecnología y aún más allá poder hacer una lectura crítica y tomar posición en el desarrollo de algo tan grande que nos involucra a todos. ¿Por qué digo que nos involucra a todos?

La energía, el calentamiento global, las biotecnologías y las nanotecnologías son temas centrales en la discusión pública en ciencia y tecnología. Todos los países mantienen estas discusiones y gestionan la realidad comprendiendo que se trata de tecnologías de alcance global, que los excede, sobre los que no hay soberanía territorial, con consecuencias que no admiten fronteras.

Tecnologías que nos ponen en la situación de abrir juicios sobre el riesgo. El riesgo porque algo malo pueda ocurrir, y también el riesgo que implica el no saber, más que el saber, como lo indica Beck.

Dicho esto creo haber respondido a la pregunta de por qué este libro es importante. Ahora quisiera comentar por qué este libro, además, es interesante.

La nanotecnología puede entenderse solamente si nos adentramos en el mundo de lo invisible, no por inmaterial sino por lo pequeño que es. Cortamos pedazos de madera, pero no diseñamos la madera. Sabemos que la madera está hecha de cosas más pequeñas, como los átomos. Pero nuestra experiencia cotidiana es con la madera. Vivimos en un sandwich de escalas, y percibimos que estamos en medio de este sandwich: así como tenemos idea de los átomos, vemos que existe un universo habitado por objetos muy lejanos. La pequeñez de los átomos es tan inquietante como el concepto de “años luz”

La nanotecnología es la tecnología que se desarrolla en la escala del nanometro (es cero-coma ocho ceros y un uno), como dice el libro: “un nanometro es a la una pelota de tenis lo que una pelota de tenis a la Tierra”. En esas dimensiones aparecen leyes físicas que no son relevantes en la escala en la que solemos medir las cosas, y esto es parte del origen de la cuestión… podemos hacer cosas diferentes en esta escala.

La mecánica del gran Newton no puede describir los fenómenos que ocurren a nivel molecular, y esta fue la frontera que ayudaron a mover Bohr, Heisenberg, Born, Pauli, Einstein, Planck y Schrödinger, quien formalizó matemáticamente la mecánica cuántica (la mecánica que explica cómo ocurren las cosas en esta escala). Sin el desarrollo de la física cuántica sería difícil pensar en la manipulación y explotación de las propiedades de la nanotecnología.

Estos personajes han hecho sus aportes universales en el entorno de los inicios del siglo XX (algunas décadas antes y después del 1900). 100 años después aún tenemos el prejuicio de la exactitud y la capacidad de determinación de las ciencias duras que estos hombres lograron quebrar nada menos que en la primera de las ciencias, la física. Fueron los anfitriones de la indeterminación y la incertidumbre, de las probabilidades y de la observación de elementos indefinidos en la propia constitución de la materia. No extrañamente es el mismo siglo en que es posible explicar una gran diversidad de fenómenos como sistemas caóticos.

Los habitantes de ese mundo diminuto son, entre otros, las moléculas, que hoy pueden ser “acomodadas una por una” para fabricar materiales que no existían, con propiedades increíbles, para combinar moléculas vivas con moléculas no vivas, para trabajar al nivel del ADN o para construir máquinas diminutas que interactúen con cualquier molécula de cualquier tipo, en el espacio, en el agua o en el cuerpo humano.

Tal como está expresado en el libro, Feynmann sobre la mitad del siglo pasado afirmaba que “hay mucho lugar en el fondo” y Drexler decía “Puestos en orden de una manera, los átomos componen aire, tierra y agua. Con otro diseño, los átomos forman fabulosas fresas frescas”. Estamos en el borde de hacer de la materia lo que querramos. Estamos también, como consecuencia, en condiciones de discutir nuestras responsabilidades ante tal poder.

Los materiales que conocemos se multiplican (la tabla de elementos de Mendeleiev y sus actualizaciones), la distinción entre natural y artificial debe repensarse: debemos transitar el camino desde el extrañamiento entre la idea simple de utilizar los materiales disponibles hasta la posibilidad de diseñar nuestros propios materiales, vivos, no vivos e híbridos.

Como la tecnología no surge espontáneamente también existe un espacio para identificar a los personajes que han contribuido a que esto sea posible, y también a las distintas organizaciones de todos los países que se ocupan de fomentar, producir u observar el desarrollo de la nanotecnología. Y en este espacio también se encuentra la Argentina donde la nanotecnología tiene un desarrollo considerable. En este contexto es fundamental revisar el Principio de Precaución como eje ético del fomento al desarrollo tecnológico y la cuestión del patentamiento como ventaja, pero también atendiendo al fenómeno de la privatización del conocimiento.

No es ocioso plantearnos la tarea de pensar estas cosas en un mundo en el que implantamos genes de un organismo a otro, creamos materiales nuevos y en algunos casos de comportamiento impredecible, intervenimos en las neurociencias para operar sobre comportamientos y nuestra mente, conceptualizamos y modelizamos informáticamente para el control de robots o para la emulación de procesos mentales humanos. Todo a nivel atómico y molecular.

El libro incluye todos estos temas bajo un orden que le da sentido y totalidad: situarse en lo diminuto, recorrido histórico detallado (se trata de una historia milenaria, aunque su explosión se produce a partir de Feynmann y está plagada de científicos y premios Nobel), los instrumentos que construyen la nanotecnología (debemos imaginar máquinas capaces de acomodar átomo-por-átomo), los nuevos materiales y sus aplicaciones (materiales cuyas propiedades son imposibles con los materiales naturales), los productos de consumo que ya tienen compuestos nanotecnológicos (que son miles y en diversos mercados como el deporte o la cosmética), y una revisión sobre los cambios epistemológicos que supone una disciplina de este tipo, además los cambios sobre la lógica de las inversiones en nanotecnología.

Todo este contenido se desarrolla en algo menos de 200 páginas, lo que da la idea de un libro denso, en el sentido de que ninguna página está de más.

El otro punto interesante es la combinación de datos rigurosos y recursos que conforman la constelación de contenidos del libro. Ana María es experta en integración de medios, de modo que nuevamente ha publicado un libro que sale del libro hacia un DVD con recursos audiovisuales, un blog en permanente actualización donde además interactúa con lectores, y “pastillas” dentro del texto impreso que enfocan la atención sobre puntos importantes.

En el mismo sentido puede decirse que cada capítulo puede ser leído en forma independiente dado que se contextualiza en cada uno de ellos los conocimientos y saberes mínimos para comprender el tema central.

Es decir que bajo un formato de integración de medios logra transmitir las bases fundamentales de la nanotecnología en un lenguaje propio de la divulgación científica que es un aporte para expertos y no expertos, para saber más, para entender mejor nuestro tiempo.

Ambito académico, Ambito público, Ana María Andrada, Argentina, Ciudad de Buenos Aires, Feria del Libro, Martín Parselis , , , , ,

El comunicador emancipado

November 1st, 2011

Por el momento parece que el mundo de la comunicación no entendió del todo bien el último medio siglo. Las mismas respuestas que se ensayaron en diversas áreas se aplicaron a la comunicación sin demasiadas consideraciones, bajo el supuesto erróneo de que se trata de un fenómeno que puede ser analizado desde un punto de vista estrictamente social.

Como en otras áreas, por ejemplo la tecnología, hay intentos por encontrar principios “esenciales” en lo profundo de la historia para iluminar la comunicación en nuestros días. Así, la comunicación interpersonal como las técnicas primitivas se proyectan de diversas maneras intentando explicaciones incompletas y a veces ingenuas. La aparición de tecnologías de difusión masivas obligó a la evolución de estas explicaciones utilizando a veces a la sociología para dar cuenta de los fenómenos de masas.

Una creencia común dentro las perspectivas sociológicas es la de la ostentación del rigor científico basado en instrumentos cuantitativos, rara vez matizada por sus propias limitaciones como las interpretaciones previas a las mediciones, la construcción de modelos, y principalmente al alcance de las conclusiones. Rara vez se discute sobre la posibilidad de generalización de hipótesis a partir de los métodos cuantitativos aplicados a las ciencias sociales.

Como ya observaba Winner, la explicación sociológica sugiere que aquello que es objeto de representación, diseño o trabajo de los grupos estudiados no tiene ninguna importancia. Por ello lo importante son los orígenes y las consecuencias sociales de los fenómenos y nada más merece explicarse. Así se forma un modo de entender fenómenos que constituyen lo que se denomina determinismo social, donde no hay diferencia entre el estudio de la tecnología, la comunicación o la política. Este tipo de aproximación a veces confunde y no siempre es útil para la prospección y para imaginar escenarios futuros.

El triunfo del capitalismo en sus distintas versiones y las distintas configuraciones institucionales del mundo han dado buena cantidad de espacio de desarrollo para la comunicación. Lo que es obvio pero que vale la pena subrayar es que no existe posibilidad de comunicación global (e incluso local) sin intermediación tecnológica.

No es casualidad que el desarrollo de la comunicación, desde que algo puede llamarse “medio”, siempre está ligado con el desarrollo tecnológico. Sin embargo, una buena parte de los comunicadores no tienen la menor idea de la estructura de las tecnologías sobre las que ejercen su profesión.

Esta ignorancia, muchas veces deseada e incluso defendida con argumentos lamentables, es funcional a mantener un modo de statu quo sistemático en la comunicación. Por supuesto hay vocaciones para “hacer siempre lo mismo” y otras orientadas a la innovación. Lo que está claro es que comunicar siempre del mismo modo no parece ser el futuro volitivo del fenómeno.

La ignorancia sobre la arena del comunicador está jugando una mala pasada a los comunicadores en los tiempos de Internet. Se sabe que una revolución tecnológica está asociada a una cultura tecnológica en una comunidad dada y en un momento histórico. Esto hace que las analogías aplicadas a nuevas tecnologías suelan mirarse desde las perspectivas de otras tecnologías. Así, con las nomenclaturas tradicionales, se habla de Internet como medio de comunicación masivo, por ejemplo. Internet no es un medio, y no es masivo desde el punto de vista de todas las teorías sobre medios masivos de comunicación (especialmente desde su configuración, con todo lo que ello implica)

Esta confusión está enraizada en la más profunda y deseada ignorancia del comunicador con respecto al espacio tecnológico en el que se desarrolla. Así las cosas, no saben qué hacer frente a la irrupción de redes sociales, las conversaciones, la construcción colectiva del conocimiento, etc. mientras diversos periódicos dejan de imprimirse y nuevos dispositivos canalizan y reintermedian un negocio que hace muy poco les pertenecía.

Los comunicadores se commoditizaron, del mismo modo que se pauperizaron otras profesiones como los médicos y los profesores. ¿Cuál es la importancia del comunicador? no hay una respuesta sencilla a esto, pero sí es bueno recordar que un comunicador no es un medio de comunicación. Otra obviedad. Un medio es una organización, diseñada, gobernada, que constituye una constelación controlada de voces sociales. Un comunicador es una persona que tiene sensibilidades y habilidades especiales para comunicar, finalmente, ideas.

La ignorancia tecnológica del comunicador es funcional a los medios, porque son los que controlan (¿controlaban?) las tecnologías de los medios tradicionales. Dentro de la organización mediática está incluido el know how y las estrategias de adopción tecnológica, como también el formateo del modo en que los comunicadores deben trabajar.

La emancipación conceptual con respecto a su arena tecnológica por parte del comunicador le otorga un poder que antes estaba reservado exclusivamente a las organizaciones de medios. El comunicador emancipado es aquel que prescinde de los medios tradicionales para ensayar nuevos modos, que en la Web proliferan todo el tiempo. Un comunicador sin apropiación tecnológica es un comunicador condenado.

¿Cuál es el rol social que podría tener un medio de comunicación en unos pocos años? ciertamente uno más restringido que el que tienen hoy. No es necesario comprar un periódico para estar informado, aunque puede ser significativo como espacio de análisis. El tono ensayístico parece ser el futuro de los medios tradicionales, de nosostros depende que sea de calidad.

La posible revolución no es la de los medios sino la de los comunicadores. La condición para que se produzca está en la integración del comunicador con las tecnologías generando un fenómeno emergente explicable más desde lo cualitativo de las redes que desde lo cuantitativo.

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El final de la máquina de escribir

May 2nd, 2011

Insisto mucho en mis clases sobre las distintas dimensiones que se sintetizan en los artefactos. Como estoy convencido de que los análisis macro sobre la tecnología (desde la sociología, por ejemplo) no son suficientes para explicar qué nos pasa con ellas, propongo a los artefactos como esas cosas que nos cambian en forma tajante el modo en el que vemos el mundo. Un supuesto: además de lo técnico los artefactos sintetizan una dimensión antropológica-cultural.

Nuestra relación con los artefactos puede asemejarse en algo con nuestra relación con los juguetes (para los niños no veo que haya diferencia…). Desde que minimizamos el tiempo entre nuestros deseos y su satisfacción comenzamos a tener generaciones de niños que no aman a sus juguetes. Como tampoco hoy, de grandes, valoramos a los distintos artefactos que nos rodean.

Hace algunos años un mismo artefacto podría durar una vida: en una vida no había espacio para muchos de ellos. En cambio, durante una vida de este tiempo estamos relacionados con una cantidad de artefactos jamás vista. Incluso en un mismo año, solemos cambiar de modelo o características de nuestros compañeros artificiales.

Una notebook dura al menos 20 veces menos que una máquina de escribir. Tampoco tienen la misma función, es cierto. Tampoco comparte su función con un teléfono celular, ni con un automóvil, ni con un juguete a control remoto. Pero todos coinciden en que duran poco.

¿Qué amor se puede tener por algo que se posee por poco tiempo?

El “amor” a estos objetos cuando se anuncia que la última fábrica de máquinas de escribir ha cerrado tiene un peso particular. Periodistas y escritores más de una vez dieron una relevancia enorme a este objeto, incluso muchos la han utilizado como fetiche anti-tecnología (sin prestar demasiada atención a que en sí misma también lo es).

Tal vez se trate del sobreviviente (hasta este anuncio) de toda una era, de una modernidad que mecanizó la expresión textual. Y asistimos a su muerte. Deja de fabricarse un símbolo central de la intelectualidad de una época.

 

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Buscando un CTS 2.0

November 30th, 2010

Fui invitado al II Coloquio Iberoamericano Ciencia, Tecnología y Sociedad por el director del Centro CTS de la Universidad de Valparaíso, Marcelo Arancibia Gutiérrez, un amigo. He encontrado otros amigos como Fernando Tula Molina, Ana Cuevas, Eduard Aibar, compañeros de estudios como Angie Monsalve y también nuevos como Erik Valdés Meza, Virginia Ródes o Carlos Verdugo.

Mi participación fue dentro de la mesa “Innovación, Tecnología y Sociedad” de la que surgió una clara sincronicidad acerca de temas y formas de abordarlos. Virginia Ródes recorrió supuestos conceptuales para la implementación de Entornos Virtuales de Aprendizaje en la Universidad de la República de Uruguay, Eduard Aibar propuso pensar sobre nuevos mecanismos de participación por fuera de modelos que “no deberían funcionar en la teoría pero que sí funcionan en la práctica” ejemplificando con Wikipedia y el proyecto seti@home, y subrayando que la propiedad de estos proyectos no es privada ni estatal. Mi ponencia intentó colocar al mundo de la Web 2.0, a través del caso de innovación social de Twitter, dentro de los estudios CTS.

El formato fue muy bueno, cada mesa compuesta por tres participantes contaba con tres horas de espacio para la discusión: cada ponente exponía sus ideas en 20 minutos, se comentaban entre sí, y luego se producía el diálogo con todos los participantes. Lo interesante es que en ninguna mesa sobró tiempo…

Además del agradecimiento que debo a los organizadores, volví enriquecido de nuevas perspectivas sobre temas importantes dentro de esta línea de estudios: energías, consumo, políticas, la comunicación y nuevamente repensar a los ingenieros (aún participando muy poco de estas discusiones). Uno de ellos, y que me interesa particularmente, es el de la idea de proponer nuevos temas y empujar algún camino más colaborativo dentro de los estudios CTS. Dentro del clima ameno del Coloquio fue nombrado casi jocosamente como “CTS 2.0″… pero ¿no valdría la pena trabajar para dar un marco actualizado a estos estudios?.

Sin dudas los estudios CTS tienen mucho de ciencia y su epistemología (probablemente por su afinidad disciplinar con la filosofía y los sociólogos de la ciencia), pero les falta aproximaciones tecnológicas. Lo “social” suele centrarse en cómo se hace ciencia, o cómo sus productos “impactan” en las sociedades. Poco y nada se habla de nuevas tecnologías, especialmente aquello relacionado con la Web, y cuando se hace es sobre una serie de prejuicios de base industrial. Toda una cultura está repensándose a partir de lo que estamos viendo en las redes… y los estudios CTS se deben aún un espacio para hacerlo.

Ambito académico, Ambito público, Chile, General, II Coloquio Iberoamericano Ciencia, Tecnología y Sociedad, Universidad de Valparaíso , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Las prácticas educativas siempre en observación

October 10th, 2010

El domingo 10 de octubre de 2010 La Nación Revista publicó una columna mía asociada a la nota “Tecnología vs. buenas notas“, basada en algunos estudios que cuantifican la baja de rendimiento en las aulas a partir de la incorporación de netbooks y otras tecnologías.

Más allá de la incomodidad intelectual que me genera que alguien crea más en una afirmación porque tiene un número que la apoya sin saber bien cómo se ha medido, lo cierto es que nuevamente la cuestión de “la compu” en el aula se plantea como un problema de rendimiento.

Aquí la transcripción de la columna:

Las cosas ocurren cuando los dispositivos se vuelven invisibles: luego del período de “enamoramiento” (el asombro por las funciones tecnológicas) viene la “naturalización” (las tecnologías son parte del paisaje) y con ella la posibilidad de pensar y hacer más allá de las barreras operativas.

Este “pensar y hacer” exige una comprensión profunda acerca de lo que sucede y acerca de cómo hacer para que suceda, en un contexto determinado por una serie de actores que interactúan: profesores, estudiantes, familias, amigos y cada vez más la Web en general. Por lo tanto, las computadoras en las aulas por sí solas no operan los cambios: se trata de un nuevo ecosistema educativo en el que están involucrados e intermediados todos estos actores.

Además, las computadoras generan ese extraño efecto de lo tangible, su irrupción en un ámbito determinado no puede ser obviado: allí está “esa cosa”. El software, mucho más sutil, es el que verdaderamente irrumpe en los procesos asociados al conocimiento, aportando una plataforma de producción (como objetivo de mínima), hasta espacios de construcción colectiva (en el mejor de los casos).

Las computadoras son, entonces, un ítem menor dentro del presupuesto del proyecto. Los argumentos que dan a las computadoras como la causa de ciertos resultados son lineales y deterministas. La atención se debe centrar en interrogarse sobre cómo el dispositivo se configura dentro de esta red de actores para ser vehículo de los procesos de aprendizaje, catalizador de las motivaciones, y articulador entre las personas.

La emergencia de casos relevantes de aprendizaje depende de estos factores. Es útil considerar las categorías de “nativos” e “inmigrantes digitales” para explicar parte de algunos resultados dudosos: los nativos nacen con algunas de estas tecnologías naturalizadas, y los docentes aún no se acercan ni siquiera a la etapa de enamoramiento de los dispositivos. Difícilmente pueda surgir de esta red una interacción fructífera por el momento. El cambio poderoso está en las prácticas y no en la infraestructura.

Ambito académico, Ambito privado, Ambito público, Argentina, Ciudad de Buenos Aires, Martín Parselis, Martín Parselis , , , , , , , ,