Tecnologías entrañables y economía del don

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Las tecnologías entrañables (por oposición a “extrañas”,prefiero “nobles”) es un concepto acuñado por Miguel Angel Quintanilla. Mi tesis de doctorado se orienta a una ampliación de su desarrollo conceptual bajo la dirección del propio Quintanilla.

Desde el punto de vista ideológico, en una primera mirada, las tecnologías entrañables se asemejan a productos colectivos, pensados en forma colaborativa, sin riesgos tecnológicos ni sociales, y con objetivos definidos de buena fe también de forma colectiva. Por otra parte se asume que somos ciudadanos y que deberíamos movernos del lugar del consumidor que ha producido la cultura del no-saber y de las tecnologías extrañas, que son aquellas que no pueden explorarse. En definitiva, si las tecnologías no son entrañables pueden condenarse como tal vez lo propondría Ellul. Cuando Quintanilla presenta sus ideas sobre las tecnologías entrañables también suele referir a Ortega y Gasset en su aspecto asociado al bienestar presente en su Meditación de la Técnica en base a la adptación del medio al sujeto (no el sujeto al medio), zanjando la cuestión humana y animal.

Este esquema de ideas no se parece en nada a las lógicas de producción capitalistas, y hay algunos ejemplos en los que se han producido tecnologías valiosas siguiendo caminos similares. El ejemplo paradigmático son los productos que surgen de la actividad de los hackers que dieron origen al movimiento Open Source. Este movimiento no comparte casi nada con la lógica capitalista, pero en realidad tampoco comparte mucho con la izquierda, aunque es cierto que instrumentalmente pueden encontrarse muchas semejanzas, especialmente en términos de propiedad. No deben confundirse la lógica hacker con el colectivismo, y menos aún con los sistemas de gobierno de inspiración en las izquierdas, aunque hay muchos que transitan relaciones fuertes entre ellos. Etiquetar a las tecnologías como capitalistas en la medida que han sido producidas bajo las lógicas industriales basadas en el capital es una preocupación de Quintanilla o Feenberg al sostener que nos alienan, y por ello es que la democratización tecnológica es central para ellos.

De alguna manera hay un supuesto en la base de las tecnologías entrañables que subraya la necesidad de que los ciudadanos seamos capaces de tomar decisiones, lo que implica que nos volvamos a interesar especialmente si las decisiones terminarán debatiéndose

en el terreno político. Es un grito que intenta despertar a los sonámbulos de Winner, y a abandonar la comodidad del consumidor, que habita de este lado del océano sin tener la menor idea de lo que sucede del otro lado, mientras se adora la disponibilidad permanente en las góndolas en el rito cuasi religioso del consumo.

Aspecto normativo de las tecnologías entrañables

El decálogo de las tecnologías entrañables es muy explícito con respecto a cómo deberían desarrollarse las tecnologías. Quintanilla lo propone en estos términos:

  • Abiertas, es decir, accesibles y apropiables.
  • Polivalentes, susceptibles de usos alternativos.
  • Dóciles, es decir, controlables por el usuario.
  • Limitadas: las tecnologías han de tener consecuencias previsibles, y si no son previsibles, tenemos que aplicar el principio de precaución.
  • Eventualmente reversibles, es decir, si fallamos tenemos que poder volver hacia atrás; no podemos desencadenar proyectos tecnológicos que nos cambien el mundo de forma irreversible y que corran el riesgo de destruir el mundo que tenemos.
  • Recuperables: Las tecnologías tienen que ser susceptibles de mantenimiento activo y de recuperación de residuos. ¿Qué es esto de que te vendan cajas negras que lo único que puedes hacer es tirarlas cuando no funcionan, porque no se pueden abrir? Este es un modelo que todos hemos asumido de tecnología indesentrañable. Pero no está escrito en ningún sitio que tenga que ser así. Las tecnologías tendrían que ser accesibles al ciudadano.
  • Comprensibles: diseño manifiesto, transparente, no opaco.

    El modelo de tecnología comprensible es un picaporte tradicional, porque es una tecnología que todo el mundo sabe cómo se usa, sin necesidad de libro de instrucciones. Yo lo he comprobado: mi perro sabe abrir las puertas con picaporte y lo ha aprendido él solo. asking a girl out Tecnologías comprensibles; se puede, siempre se puede mejorar eso, pero hay que querer. ¿No interesa desde un punto de vista comercial? No sé; pero no estamos hablando de comercio, estamos hablando de proyecto social.

  • Participativas: para facilitar la cooperación humana.
  • Sostenibles: que permitan el ahorro, el reciclado de energías y recursos.
  • Y socialmente responsables, es decir, que la implantación de una nueva tecnología no contribuya a empeorar la situación de los colectivos más desfavorecidos.

¿Y los bienes comunes?

Por supuesto que hay mucho por discutir en cada una de estas propiedades (¡y lo estoy haciendo!), pero considero interesante observar que este decálogo, que a priori resulta imposible y utópico, puede encontrar un profundo sentido si se lo relaciona con al economía del don, especialmente asociado a los commons (bienes comunes, o procomún) que pueden desarrollarse (según Lafuente tomando la caracterización de Telépolis o Tercer Entorno de Echeverría) en la tierra, el cuerpo, el ciberespacio y la ciudad.

Los bienes comunes se invisibilizan cuando se adopta el modelo del homo economicus, como operador de intereses individuales, sin apreciar la idea de que los commons no pueden sino gestionarse con una base de fraternidad. Esto implica un cambio en el sentido de la democracia actual, en una tendencia a la deliberación, según Zamagni  “que debe sustituir el obsoleto modelo elitista-competitivo de Max Weber y Joseph Shumpeter, que no permite superar las dificultades que existen para el gobierno de los bienes comunes”

Por lo tanto, las primeras tecnologías que deben ser objeto de los criterios de las tecnologías entrañables (nobles) son las que comprometen en alguna medida a los bienes comunes. Sobre estas tecnologías debemos cuidar los bienes comunes que residen en los entornos “dados” (tierra y espacio, y cuerpo) y legitimarla para los entornos que construimos (ciudad y ciberespacio).

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