La denominada Web 2.0 se ha instalado en lo más profundo de las relaciones entre las personas usuarias de la Red. Ha permitido poner a disposición elementos de producción y creación en manos de los usuarios, potenciando su publicación e interrelación con otros contenidos, cuyo efecto es el de viralización y amplificación prácticamente sin barreras de entrada. Internet es, desde la aparición de la Web, la plataforma sobre la que se montan miles de aplicaciones en las que circula un gigantesco y nunca antes imaginado flujo de información. La magnitud del fenómeno es tal que nos encontramos en plena discusión acerca de la forma en la que cambia nuestro aprendizaje, nuestra forma de trabajar, nuestra forma de relacionarnos, y nuestra forma de vivir. Conjuntamente con estas observaciones surjen aquellas con espíritu más precavido alertando acerca de las famosas brechas, en síntesis digitales, que dividen al mundo entre aquellos que acceden a esta nueva dinámica, y aquellos que no acceden.
La edad, la condición económica, el conocimiento, la geografía, son las brechas del análisis clásico. Sin embargo no parece prestarse mucha atención a las condiciones sobre las que se ha creado gran parte del efecto que está causando la Web 2, entre ellas, el conocimiento heredado de una educación industrial, o en el mejor de los casos post-industrial, infraestructuras en funcionamiento, y sobre todo la disponibilidad de tiempo ocioso. La donación, la gratuidad desde la que se ejerce la mayor parte de la actividad de los usuarios tal vez se encuentre demasiado comprometida o sea muy sensible a otras condiciones socioeconómicas.
Si acercamos la observación a la Argentina, aún en los segmentos en los que todas las brechas están saldadas, el ocio determina la participación. Tal vez esto sea una nueva categoría para segmentos con acceso, conocimiento y cosas para decir, pero que por las condiciones de contexto (que bien conocemos los argentinos), estamos imposibilitados de participar. Además: ¿seremos acreedores del país en materia de ocio?. Falta la brecha del ocio.
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