Sep 18

En épocas de entrecruzamiento de la tecnología con gran parte del quehacer humano resulta necesaria la reflexión. Una reflexión que debe dar cuenta de la complejidad intrínseca de las sociedades actuales, que es potenciada además por sistemas de comunicación instantáneos y por fenómenos sociales derivados.

Cada persona capaz de acceder a la Web encuentra en la dimensión virtual nuevas formas de relación y otros grupos de afinidad. Descubren con asombro que muchas barreras, además de las espaciales/geográficas, del tipo culturales y sociales toman otra dimensión en la Red. Se estructura una nueva red de relaciones e interacciones simultánea a la asociada tradicionalmente al espacio. Se producen formas alternativas de participación, de intercambio, de representación de la información, y de gestión del conocimiento.

Cada persona sin acceso a la Web es un agente social que ignora a la virtualidad como posibilitadora de un nuevo espacio de interacción y también en gran parte es ignorado por ella. Es una persona separada de la posibilidad de “estar en el mundo”, esta vez virtual.

Una de las marcas del siglo XXI parece ser la interconexión entre las personas, la construcción colectiva, la reaparición del individuo por sobre los mercados, todas situaciones en las que interviene la posibilidad de estar en el mundo virtual como requisito indispensable para el dialogo social. Pero esta vez, el diálogo de la Red.

Negar a la Web es negar una dimensión completa de diálogo.


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Sep 05

Los bienes culturales trascienden a su producción, no se justifican exclusivamente por su consumo, ni presentan claridad acerca de su propiedad pública o privada. No es posible describirlos simplemente desde su función, como tampoco es posible juzgar plenamente los procedimientos puestos en juego durante la creación. Dar cuenta de ellos como productor, artista, proveedor, es asumir un rol de diálogo con consumidores, públicos y coautores.

El análisis del flujo de las producciones culturales en las sociedades es multidimensional: hay un mercado en donde estos bienes se transan, hay una representación de hechos y situaciones que forman la manera en la que vemos el mundo, hay vocaciones experimentales y hay vocaciones lúdicas, como también hay intereses y acciones de promoción. Y la multimedia no escapa a la complejidad de otras producciones culturales.

Las industrias culturales tradicionales cuyas producciones podrían ser el cine, el video y la TV, pueden aportar gran experiencia. Del mismo modo ocurre con la música, con el libro, etc. Pero la multimedia exige la descomposición del producto (”terminado”/”encapsulado”): toda posibilidad de combinación libre implica dejar de pensar en cine y TV para pensar en “imagen”, del mismo modo que se deja de pensar en música para pensar en “sonido”. Sólo cuando esto ocurre puede comprenderse a la creación musical o audiovisual como parte de la multimedia.


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Aug 21

Vía Vanina (La Propaladora) leí este post: “Ideologie nella Rete. Una mappa ragionata“. Inmediatamente lo relacioné con un par de modelos propios, y también acordé con Vanina que podríamos hacer una versión local, incluyendo el nuevo libro de Zanoni, por supuesto. Como me parece bueno para usarlo de guía decidí traducirlo y ponerlo a disposición en castellano (gracias a Mariano Ure, que es el que sabe italiano en serio…). Ahí va (se respetaron los links y bibliografía original en al idioma en el que se encontraba):

Aquellos que soñaron con la Web del Adveniemiento y aquellos que ven solamente el color del dinero. Aquellos para quienes todo va para mejor en la red y aquellos para los que es una amenaza para nuestros valores. Un mapa que recoge 15 años de teorías sobre Internet.

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Teorías, controversias, utopías y proyecciones sobre la red. Desde que se ha convertido en algo masivo el “medio de los medios” ha motivado el esfuerzo interpretativo de centenares de intelectuales y polemistas. Resultado: un variado grupo, cada vez más grande, de serios investigadores, periodistas, intelectuales y brillantes opinólogos, ha dado vida en estos 15 años, por primera vez, a un enredo de lecturas de la mayor plataforma de expresión y comunicación que haya existido. Hemos intentado – sin ninguna pretensión de exhaustividad y con una buena dosis de ironía – dar un orden a este grupo de ideas en movimiento en un mapa publicado hoy en Chips&Salsa, en el suplemento tecnológico de Il Manifesto.

9 perfiles para otras tantas escuelas de pensamiento, ideologías o solamente actitudes frente al impacto social y cultural de Internet, que se confrontan a lo largo de cuatro coordenadas: don y relaciones versus comercialización de los bits, optimismo respecto de la historia digital versus escepticismo de la razón. Más allá de la derecha y la izquierda, pero sin anularlas. Sin embargo, para reescribirlas.

Fundadores

Pioneros de las redes, han sido los primeros en sondear las tierras conectadas, y han definido mejor que todos sus coordenadas. Son el núcleo central del cual derivan las ideologías de la Web y respecto del cual se definen. Los fundadores han diseñado la geografía del mundo digital a veces incluso antes del nacimiento de Internet. Como el polo magnético (haciendo alusión a la brújula), sin ellos no habría orientación. Algunos de ellos han visto anticipadamente a la tecnología como extensión de los sentidos (McLuhan) y han proyectado sobre más de 40 años las propias intuiciones. Otros han puesto las bases de las teorías de las redes, dilucidando los mecanismos que regulan la comunicación de los individuos interconectados (Barabási). Definen nuevos paradigmas (el informacionalismo de Castells) y reconoce la potencialidad de Internet como medio que habilita nuevas formas de difusión de las ideas (Lessig). Algunos después de haberlo descrito, también quieren cambiarlo. Algunos con una constitución (Rodotà), otros con el espíritu del commons (Benkler).

Panglossianos

Para los nuevos Pangloss de la era digital todo va por el buen camino en el mejor de los mundos posibles. Han entendido antes que otros el alcance del pasaje de los átomos a los bits (Negroponte), y desde entonces esperan a la “Web del futuro” preparando a los comunes mortales para el Nuevo Advenimiento. “El futuro pertenece a aquellos que dan por descontado el presente” (Shirky). Lo que quiere decir abandonar el pensamiento crítico y dar lugar a la exaltación de la nuevas tecnologías y al sueño de un “Renacimiento 2.0”, en el cual “cambia el paradigma cultural” y se “redefinen los confines tradicionales, positivistas, de las disciplinas y se exalta la humanidad” (De Biase). Entre tantas iluminaciones el error está siempre a la vuelta de la esquina. Habría que preguntarle a Dan Gillmor, el hombre que inventó el “citizen jounalism” y que más que ningún otro ha celebrado el periodismo desde abajo. Cuando dejó el lugar de periodista para poner en práctica sus teorías optimistas con un sitio de información generada en forma participativa, ha descubierto amargamente que sí, el “lector sabe más que nosotros” (su célebre slogan pero que no siempre tiene ganas de compartir su conocimiento).

Web Tribal

La mirada antropológica dirigida a la red observa sus rituales. Fascinada por el sustrato virtual y por el mundo mediado de los bits, las Web Tribales contemplan el panorama de la Web, individualizando afinidades y diversidades respecto del mundo material, compuesto por átomos y jerarquías. Fuera de la pantalla la representación y la organización de las comunidades siguen las tribus que se reúnen en torno a un único fuego y personas carismáticas (Turkle). Las web tribales narran una gran revolución digital que se desarolla diariamente de manera transversal y gratuita – de los blogs a los videojuegos (Jenkins), de la televisión a las redes sociales (Boyd) – y construye un paradigma alternativo al físico. En el centro, obviamente, las relaciones interpersonales y el don. Precisamente la complejidad extrema de los nuevos sistemas convergentes y de las relaciones que se desarrollan en ellos, obliga al hombre a dar un salto hacia delante en una hipotética escala de inteligencia (Johnson). Una verdadera señal hacia el evolucionismo, del tipo cognitivo.

Lisérgicos

Dice Wikipeedia: “el ácido lisérgico es bien conocido porque puede ser utilizado para sintetizar una potente droga alucinógena: el LSD”. No porque estos autores escriban bajo los efectos de sustancias psicodélicas, sino porque representan para la Internet lo que los chamanes son en algunas comunidades indígenas. Se trata sólo de una escala diferente. Guías místicas y grandes oráculos leen el futuro de la red en las páginas de la Web. Con frecuencia no son comprendidos, y sin embargo encuentran siempre Panglossianos dispuestos a seguirlos y los neo.com (los nuevos dotcommers) listos a traicionarlos. Fueron los primeros en escribir sobre “objetos dialogantes entre ellos”, sobre “Internet de las cosas” (Sterling) y sobre una “inteligencia colectiva” (Lévy) que se coagula en múltiples masas activas (Rheingold). Para ellos la tecnología es un órgano sensorial, una extensión eléctrica del cuerpo capaz de dar vida a las potencialidades inexpresadas del hombre en sus relaciones siempre más fluidas y mutables. En una palabra, un estado ampliado de conciencia.

neo.com

La mano del mercado del tercer milenio es todavía más invisible, sus dedos están hechos de links y píxels, pero mueven mercancías y dinero cada vez a mayor velocidad. Seguidores digitales de Adam Smith, los neo.com han sido hechizados por los juegos de prestigio de este miembro virtual. Como los primos neo-con quieren exportar el libre mercado: aquellos piensan en Irak, y éstos en las comunidades de jugadores online. “Los mundos virtuales son más importantes para la civilización de cuanto lo han sido en el siglo pasado la radio, la TV y los automóviles” (Castronova). Y no por los beneficios sociales que implican sino porque allí fluyen “20 mil millones de dólares” en transacciones en bits. Un tesoro que fluctúa sin “constricciones de espacio de las góndolas físicas y otros cuellos de botella de la distribución” (Anderson) conduciendo al triunfo de la libre elección y de la máxima variedad. Es una “transformación”, una “tormenta perfecta” que si las multinacionales lograran identificar podrían aprovechar la mano de obra a bajo costo puesta a disposición por la Web (Tapscott).

Hacker

Programadores creativos e idealistas que sueñan un futuro mejor. Sin copyright ni patentes que obstaculicen la libre circulación de las ideas. Neomaoístas digitales, ven por todas partes un mundo dominado por la comunicación mercantilizada y con la información en cadenas, a destruir con golpes de software Open Source y licencias gratuitas (Stallman). Su “ética” se basa en dos pilares fundamentales: libertad de reutilización de todos los recursos producidos por la comunidad; cultura del don como nuevo horizonte económico (Himanen). Una mezcla entre comunitarismo y cooperación descentralizada que imita a los orígenes hippie de Internet. Y que, dicen los más optimistas, llevará al nacimiento de una nueva clase social (Wark). Con los hacker a la vanguardia y detrás una amplia porción de trabajadores del conocimiento. Mientras, por debajo se delinean nuevas herramientas de desobediencia civil y participación política (Meikle), en donde el que hace de soberano es el uso táctico de nuevos medios: guerrilla, sabotaje y culture jamming.

Cybersoviet

Mitos e ilusiones de la red vistos desde la izquierda. Entre esperanzas comunitarias de la primera hora, (cuando hackers y proyectos de ciudadanía digital prometían revertir desde abajo el equilibrio de poderes) y escepticismo sobre las evoluciones más recientes (gobiernos y multinacionales aliados en nombre del control y del lucro). Parafraseando el título de un libro de Geert Lovink, Internet ya no es aquel paraíso que nos habían prometido. Para quien nos ha creído – como los cybersoviet – el despertar es duro. No por casualidad, para alguno de ellos la parábola recuerda la experiencia de los soviéticos rusos: laboratorios pioneros de democracia directa neutralizados por las autoridades centrales porque se trataba de “órganos de contrapoder político” (Formenti). Lo mismo vale hoy para los blogs, las redes sociales y las restantes maravillas de la Web 2.0, incapaces de elaborar una plataforma política, devenidos en simples herramientas de aprovechamiento del trabajo voluntario de millones de usuarios (Scholz). El espítitu de Marx en salsa digital, entre pesimismo de la razón (mucho) y optimismo de la voluntad (o lo que queda de ella).

Tecno-Retro

Se ubican debajo y, obviamente, a la derecha. Son reaccionarios, conservadores y un poco bromistas (luddisti). La red de las maravillas de los Panglossianos y de los neo.com para los tecno-retro es sólo fuente de corrupción moral e intelectual. En sus discursos pesimistas, la Web se convierte en la noche en la que los “confines de la verdad son erosionados” (Seiegel) y los blog se convienrten en un ejército que quiere “confundir a la opinión pública” (Keen). Hablan de tradición occidental y acusan a los nuevos medios de destruir “nuestros valores” y de atentar contra el “futuro mismo de nuestra instituciones culturales”. Incomodan incluso a Hannah Arendt en defensa de los señores del entretenimiento amenazados por Internet (Olivennes) y denuncian “la multiplicación del consumo … detrás de una falsa ideología de progeso” (Landi). Según ellos, el orden constituído está bajo el ataque de bárbaros de bits que se llenan la boca de democracia y gratuidad, pero son manipulados por empresas multimillonarias. Y si para revertir el curso de la historia es tarde, qué importa: para definir un nicho editorial como opositor de la Web, es el momento justo.

Post-Virtual

Contra la ilusión neorenacentista de los Panglossianos más radicales y la inventiva reaccionaria de corte tecno-retro, desde las universidades estadounidenses llegan también voces pragmáticas que intentan atemperar tanto el entusiasmo acrítico contra todo aquello que es virtual como el milenarismo fundamentalista. Los post-virtuales denuncian la invasión del “totalitarismo tecnológico” y los riesgos políticos de una lenta retracción de la “cultura” (Postman). Sobran dudas acerca de las consecuencias de la información ultrapersonalizada temiendo “una sociedad heterogénea” incapaz de “afrontar los problemas sociales” (Sunstein). “Google nos vuelve estúpidos?” se pregunta en un artículo reciente el economista Nicholas Carr quien en sus trabajos conjuga un sano escepticismo y una provocación inteligente y frente al peligro del cybercrime hay quien propone nuevas formas de gobierno (governance) que vayan en la dirección opuesta al control gubernamental pero sin olvidar que toda solución debe involucrar también el alma hacker de la red (Zittrain).

Fin del artículo traducido por Mariano Ure y Martín Parselis


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Jul 08

A raíz de un paper sobre periodismo en la Web (recomiendo el post de Alvaro sobre el tema con video de Cervera incluido) pasé por algunas de las afirmaciones de Dominique Wolton acerca de Internet.

Es interesante la claridad con la que define los medios basados en la oferta y los medios basados en la demanda, cuestiones que se relacionan inmediatamente en el tipo de consumo y en la intervención del usuario. Algo de esto analicé en el trabajo “Del producto audiovisual al objeto audiovisual“, publicado recientemente en el portal del CEIArtE.

Otro punto exquisito y muy útil para la comprensión de algunas aplicaciones informativas en la Web es la diferencia entre aplicaciones de información-acontecimiento y de informaciones-conocimiento. La primera claramente orientada a productos periodísticos y diferenciación que ayuda a algunos de mis modelos.

Donde no termino de acordar es en el divorcio que plantea entre tecnología y en lo sociocultural, como si no fueran interdependientes. El otro punto que no termino de digerir es la consideración de Internet como una simple opción a los medios tradicionales, entiendo entonces que es considerado en el mismo plano. De hecho, avanza en este sentido planteando que “preferir el ordenador a la televisión no es una prueba de inteligencia o de una mayor amplitud de espíritu”. Aquí haré una interpretación: intuyo lo que quiere decir y creo que una persona delante de una computadora necesita algo más que habilidades simples para comprender y relacionar conceptos. Informarse por la Web implica un ejercicio muchísimo más complejo que informarse por la TV.

No puedo pedir a Wolton que sepa de tecnología, pero me encantaría un poco más de trabajo en estos puntos. Porque pareciera que no termina de ver que la Web no es una opción, que incluso todos aquellos medios que aparecen como separados de la Web, terminan en la Web. Y que más o menos representado en la mente del usuario, la Web es la plataforma medial en la que convergen todos.


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May 27

Durante unos días pensé que no valía la pena escribir sobre un tipo como José Pablo Feinmann, que dicho sea de paso tiene una entrada en Wikipedia, pero terminé de enojarme. Este hombre es un empleado de este gobierno y del gobierno anterior (comentarios al margen), tiene un espacio en el Canal Encuentro y en otros espacios oficialistas.

Como es filósofo (o Licenciado en Filosofía, que no es para nada lo mismo), y dicen algunos también periodista, parece que tiene la llave de la verdad o que puede menospreciar lo que cualquier otra persona con el mismo derecho qué él dice o escribe. Creo, como dice, que en la Feria del Libro se busca más a tipos como Coelho y Bucay que a escritores serios y sobre temáticas trascendentes. Creo también en que el ejercicio democrático no puede basarse en blogs, pero que me traten de boludo me molesta muchísimo, sobre todo cuando cobra sueldos del gobierno y por lo tanto tiene responsabilidad por sus dichos.

Según él, “en la Argentina no hay pelotudo que no tenga un blog“, y agrega “detesto el blog“.

¿Que me preocupa él?. No, todo lo contrario. Lo que me preocupa es que así como cualquiera escribe en un blog, el aire federal y supuestamente cultural de los medios oficiales (y del observatorio que están creando) dan espacio a personas como Feinmann que no sólo habla desde una cuestión visceral (cosa poco profesional en un ambiente de declaraciones a la prensa), sino que también demuestra una profunda ignorancia de todo lo que puede generarse en la Web para la Web y para fuera de la Web.

Ya que estamos: acerca del canal Encuentro, donde Feinmann tiene un espacio. Prestar atención a las competencias sobre Tecnologías de la Información y la Comunicación, etc.


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