Muerte y después: Juan Pablo, Bin Laden y Sábato
En no mucho tiempo se van a confundir en el recuerdo los días y las horas, al punto de decir que coincidió la muerte de Bin Laden, la de Ernesto Sábato y la beatificación de Juan Pablo II.
Todos están en algo relacionados con pensamientos políticos fuertes. Sábato huyó intelectualmente del comunismo al horrorizarse de las acciones de la Unión Soviética por parte de Stalin, lo que fue una renuncia como la de abandonar a las ciencias duras, y también a la esperanza para mirar al mundo desde una postura existencialista. Juan Pablo II, involucrado generacional y concretamente en la Segunda Guerra Mundial, fue un esperanzado esperanzador, promotor del diálogo ecuménico y “mensajero de la paz” tal como es recordado. En su circunstacia y dentro de la complejidad de la Iglesia y del mundo de los últimos años actuó diferente y dio un mensaje diferente. Quedaron cuentas pendientes como la pedofilia que se denunciaba dentro del Iglesia, o la cercanía con grupos ultraconservadores. Bin Laden, ex socio de Estados Unidos, y objetivo de la personalización de la acción militar luego del 11S, se supone al mando de una red terrorista de genial organización. Identificado como “el culpable” del atentando en Nueva York fue perseguido durante casi 10 años, y fue capturado extrañamente cuando Obama quiere ser re-elegido y no logra cerrar Guantánamo como había prometido (el informante clave para atrapar a Bin Laden está allí), asegurando que las acciones de Estados Unidos en la región no han terminado, Al-Qaeda ya anunció a su sucesor mientras se espera alguna acción terrorista. Obama, que es Premio Nobel de Paz, asegura que con la muerte de Bin Laden “se ha hecho justicia”.
En apenas dos días están todas las caras de la muerte, y de lo que viene después. Por alguna razón a Sábato se lo dejó de leer antes de que muera, Juan Pablo II fue venerado por 2 millones de personas, y miles de personas en Estados Unidos festejaron la muerte de Bin Laden.
La intelectualidad y el olvido, la esperanza y la venganza “en un mismo lodo todos manoseaos”.
