La cultura no es tu amiga
Lo bueno de no saber de filosofía y de estética es que es posible hacer valoraciones profundamente subjetivas sobre el arte y la cultura. La Web además permite publicarlo. Este es el contexto que regala infinidad de argumentos a académicos y estudiosos para desmerecer a quienes se expresan de múltiples formas sobre las cosas. De esta infinidad de argumentos sólo un pequeño puñado es apenas razonable dado que la experiencia de muchos de los que solemos escribir algo en las redes puede tener algún valor, por una parte, y por la otra permite repreguntarse sobre las cosas. Y esta actividad debería ser el día a día de este tiempo…
En este marco encontré un fragmento de una exposición (Psicodélicos en la era de las máquinas inteligentes) de Terrence McKenna (un artista y ensayista académico con influencias orientales y cultor de la psicodelia ya fallecido) que va deshilachando algunos puntos interesantes.
Una de las afirmaciones más tajantes es que “la cultura no es tu amiga“, y sostiene que la cultura es para la conveniencia de otras personas (en términos de instituciones que tienden a maltratarnos, insultarnos y rebajarnos). Aún considerando que esto puede ser un extremo, al menos en parte parece tener sentido dentro de un mundo en el que alegremente se valoriza a las industrias culturales. De hecho la califica como una perversión, que “fetichiza objetos, crea manía consumista, predica formas de falsa felicidad“. Cualquier parecido con la oferta diaria no es una coicidencia.
Curiosamente para algunos, mientras critica ferozmente a la cultura sostiene que la salida es creando arte. Es decir que discierne claramente entre arte e industrias culturales. Porque con el arte “maximizamos nuestro lado humano”. Y otra afirmación fuerte, profunda y pesada: porque con el arte “nos volvemos más incomprensibles para las máquinas”.
¿McKenna es un retrógrado? Por supuesto que no: algunos de estos argumentos podrían asemejarse a visiones estéticas anacrónicas que también critican al arte industrializado y a rasgos deshumanizadores. Sin embargo se asemeja más a un buen exponente de una época que no obedece a las definiciones de arte y belleza (o las definiciones en general), y que con espíritu individualista resalta el valor del humano por sobre las instituciones. Para darse cuenta de que es un artista de este tiempo sólo basta con ver su obra.
Tramo de video de la exposición