Unión de parejas del mismo sexo: cuando no se puede discutir
A horas de la decisión legislativa por el matrimonio gay en Argentina, adelanto del contenido del post: no voy a dar mi opinión al respecto.
Sin embargo me parece oportuno recordar que la dinámica de la discusión pública reafirma una serie de problemas que me gusta sintetizar como “las peleas de slogans“.
Al final, quien inicia la discusión siempre es quien marca la cancha. Sucedió con la Ley de Medios, como sucede cada tanto con cuestiones medioambientales, y otros casos en los que se busca colocar a la ciudadanía en posturas férreas y sin retorno. La mejor estrategia para ello es instalar, retomar y reprocesar slogans.
Contra el campo fueron los “oligarcas”, contra la ley de medios era la “ley de la dictadura”, y contra la Iglesia son las afirmaciones “de tono inquisidor”. Por otro lado se responde como “los trabajadores del campo”, “la libertad de expresión” y “la ley del demonio”.
¿Son los protagonistas o son los medios?, a priori no lo se, pero la discusión pública sobre matrimonio de personas del mismo sexo está viciada de la misma opacidad mediática que todo lo que debería discutirse civilizadamente.
Muchos temas serios y trascendentes han aparecido en la escena durante este período democrático, y sin embargo en ningún caso se ha podido discutir democráticamente. Los actores sociales (independientemente de su grado de representatividad objetiva) son presentados como “buenos” y “malos”, y las peleas de slogans no ayudan a comprender al otro ni a la reflexión profunda.










