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Paradigmas de la música popular

October 20th, 2011

Tardé muchísimos meses en dedicar un segundo para googlear qué era “Wachiturros” (confieso que no sabía si era un payaso, un comic, o un programa de TV). Lo que encontré me recordó cientos de discusiones que mantuve desde mi adolescencia sobre la cuestión de la música popular. Hace no mucho tiempo dejé de discutir, dentro de lo posible, sobre los productos de la “industria” de la música (ya el hecho de denominarla de ese modo es un poco sospechosa), especialmente cuando me encuentro con interlocutores que plantean la cuestión del “gusto” como una especie de justificación indiscutible y absoluta con respecto a lo que cantan o bailan en un período de tiempo, que además suele durar algún que otro mes.

Es difícil encontrar interlocutores que se tomen en serio las expresiones artísticas y no las consideren un objeto funcional (es “para divertirse”, es “para una cena”, “es para”…). La música es un emergente cultural increíble y auténtico, hasta que es impuesto por la “industria”, pero además la sensibilidad que implica su percepción requiere de ciertas capacidades (que se pueden desarrollar) combinadas en la música popular generalmente con la “lírica”, las letras.

Si uno recuerda a las murgas que a fuerza de baile y puro ritmo exigían y mostraban problemas sociales, del mismo modo que el tango hablándonos frecuentemente en un tono costumbrista sobre los personajes del barrio, la vieja o la percanta, es sencillo construir un paisaje mental sobre todo eso. La música popular además es empática, es eco emergente de algo que está flotando “en la calle”. Así, el “rock nacional”, esa suerte de síntesis entre lo social, lo costumbrista y los eternos amores que se expresaban con fuertes influencias externas pero adaptadas al sonido y ritmo rioplatense, tomó la posta de la riquísima música de estas tierras. Y esto sin mencionar expresiones del interior como las copleras que desde su fortaleza femenina no callaron sus intereses y sufrimientos.

En resumen: de uno u otro modo expresiones tan distintas hacen florecer cuestiones por un lado relevantes y por el otro trascendentes.

No es extraño en algunos sectores tercerizar la decoración tampoco. Así muchas obras plásticas se convierten también en objetos funcionales cuyo único valor es el de ser “armoniosos” con el ambiente, y no valiosos desde su técnica o mensaje. Toda la expresión artística se fue rebajando a lo funcional, y a que moleste intelectualmente lo menos posible, cosa que en la música se verificó en el show (sorprende más el espectáculo que el contenido, bandas hoy mediocres como U2 son valoradas por sus puestas en escena y poco analizadas musicalmente).

Logramos que el arte sea un bien de consumo como un cartón de leche (cuyo consumo tampoco es racional). No encuentro otra explicación a la masificación de los Wachiturros, acompañados de otros fenómenos pop sin ninguna trascendencia, caso Shakira o cualquiera de los melódicos latinos (Arjonas, Montaneres y tantos otros lejos del Cono Sur) que venden más por su aspecto (además la industria se ocupa de insistir en sus categorías estéticas) que por su valor musical.

Nos embrutecimos artísticamente. No pretendemos más que refugiarnos en “me gusta y punto” por lo que no hay conversación posible. No percibimos el mecanismo achatador de la industria. Y lo peor de todo: no nos preocupa.

Mientras pasaron los años en los que intenté dejar de discutir, también puse un umbral muy íntimo: no voy a escuchar a quien no tenga nada que decir. Y quedaron tantos fuera….

 

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Día de la industria del libro

April 25th, 2010

Mientras escucho NIN leo todavía algunos comentarios con respecto al día del libro (y de la propiedad intelectual) del pasado 23 de abril, promulgado por la UNESCO el día de San Jordi. Mientras tanto en Buenos Aires se inauguraba la famosa Feria del Libro (con incidentes incluidos) que ya tiene 36 años.

Que el día del libro además sea el día de la propiedad intelectual invita a pensar nuevamente en el problema de la libre circulación, los cánones, y el Creative Commons de la mano de algunos que han reflexionado sobre el tema y otros que no entienden bien de qué se trata.

La Feria del Libro pareciera ser más la Feria de la Industria del Libro.

Un libro es un objeto… sobre el que descansa algún tipo de contenido. El libro es un soporte físico, que para distribuirse necesita copiarse, que es la base de la industria editorial.

El contenido no pertenece al objeto, de hecho puede viajar y distribuirse en distintos soportes. Si el soporte además es digital, la facilidad de copia y circulación es infinita. Lo propio de cualquier contenido es la circulación. La copia, que es la base de la industria a la que se festeja, es un problema del soporte. El caso de la música y las discográficas es análogo.

No hay que llevar la discusión a la defensa de la industria en el plano cultural, es una cuestión de modelo de negocio industrial.

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