Wikileaks es una batalla pero no la guerra
Este artículo fue publicado en el diario Perfil del sábado 11 de diciembre de 2010.
Mi primera reacción contundente y sin filtro fue la de felicidad. Una felicidad comparable a la del niño que recibe para Navidad el regalo que tanto deseaba. “Nos estamos organizando mejor y más rapido que ellos,… tenemos mejores herramientas, más ideas nuevas, y ninguna regla que nos detenga” decían algunas tesis del Cluetrain Manifesto a mediados de los años 90; “la ausencia de estructuras rígidas es una de las razones por las cuales su modelo es tan poderoso” escribe Himanen en su ética hacker, mientras Stallman hace activismo pragmático con movimiento del software libre. Todo se movía hacia el transcurso de un proceso sin pausa que terminaría, creo, instalando en el imaginario colectivo que mucho de lo que hicimos durante la segunda mitad del siglo XX podría haberse hecho de otro modo muy distinto al que nos enseñaron en las escuelas.
Me refiero, claro, a Wikileaks, el caso que arrojó múltiples temas hacia la opinión pública, desde las cuestiones puramente periodísticas hasta las lecturas recalcitrantes de lo que podría ser legal o no, por supuesto en un mundo que ya no es éste.
Es un hito histórico fundamental dentro de los últimos 15 años de la Web. Es un hito que comprueba y recomprueba tantas charlas, seminarios, encuentros y esfuerzos académicos de muchos que vemos que las cosas no son como eran, y que probablemente nunca más lo serán. Es un hito intelectual, político, económico, mediático, ético y ciudadano. Es un hito histórico en términos absolutos.
Pero es sólo una batalla: todo se mueve, se persigue a Assange, se disparan muchas preguntas, y probablemente en pocos días abandone la agenda de los medios. Presiento que sobreviene la segunda batalla: un Estado poderoso como el de Estados Unidos, la Comunidad Europea, y cualquier otro que pueda considerar a Wikileaks como una lesión grave a su seguridad (Cuba y China son obsesivos al respecto), irá por el Gobierno de Internet y probablemente profundize su guerra contra la neutralidad de la red. Viene la presión por el control del tráfico de información como ya se quiere hacer con las copias “ilegales”. El duro panorama de apropiarse del espacio público de la red ya está generando redes paralelas. Esta es la guerra que debe pelearse a partir de ahora.
Un post sin mayores comentarios más que el haberme quedado con muchas ganas de ir a ver el espectáculo en Buenos Aires de