A 30 años de Malvinas

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Entraba a la adolescencia. La idea de una dictadura no era demasiado clara en mi mente. Era la transición entre jugar todo el tiempo en la calle hacia las primeras rebeliones, que afortunadamente inicié por el 83 mientras comenzaba mi colegio secundario. Malvinas fue quizás una de las cosas que más me marcaron en tiempo real por esos días, años…

Las experiencias fuertes se atesoran y especialmente cuando son tan complejas, había voces triunfalistas y había movimientos políticos extraños. Había conversaciones familiares, comunicados del gobierno de facto y grandes titulares en los medios de comunicación. Había donaciones para los soldados, la gran marcha a la Plaza de Mayo, y había muertos. Había una guerra. Nunca supe cuán verosímil podría haber sido que ataquen Buenos Aires, pero había olor a guerra, aún estando lejos y fuera del alcance del fuego. Había muertos.

Las historias de quienes volvieron eran atrapantes, un mundo tan distinto que se veía como heroico por volver a tierras de las que poco y nada habíamos oído y por defenderse y atacar a los “gurkas”. De pronto Argentina era capaz de tomar las riendas de un lugar que le pertenece. De pronto, la Argentina se rindió en Malvinas.

Hay varios libros y películas (desde el conflicto hasta hoy se siguen editando), un gran relato transmedial (Malvinas30), hay un informe completo (que es oficial: el Informe Rattenbach), hay intelectuales que se pronunciaron, y hay un uso político espectacular de la cuestión. No me interesa este 2 de abril hablar de Galtieri, Seineldín o de los políticos argentinos que apoyaron esta guerra (entre otras cosas), ni de las posibilidades argentinas para salir ganando este conflicto. Tampoco del papel de Francia, Estados Unidos o Chile. Las posiciones argentina y británica son duras con respecto a la soberanía, es una muy difícil relación donde también se juega el dominio económico de recursos manteniendo un asentamiento colonial. Hay una abultadísima historia jurídica y diplomática. También hay militares, soldados rasos y conscriptos que combatieron.

Hoy tenemos varios frentes de Malvinas, pero hay dos que no podemos abandonar: continuar el reclamo según las estrategias que podamos sostener (negociación diplomática por la Soberanía y/o “hacerse amigo” de los kelpers), y proteger y respetar a quienes han luchado (más alla de la potencia que tenga la idea de “patria” en cada uno de nosotros).

A 30 años del desembarco argentino en Malvinas, por sobre el hambre, el frío y el olvido, mis respetos a los combatientes.

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