La circunstancia particularísima de ser el primer presidente del actual período democrático argentino es un hecho, es objetivo. Pero ¿basta eso para crear semejante reacción popular de homenaje y duelo?. Evidentemente no.
Muchos de los que concuerdan con que los medios crean más inseguridad de la que hay, no dicen hoy que la figura de Alfonsín ha sido tratada de un modo más que delicado durante los últimos años. No hubo en los últimos años un recuento objetivo de los que fue su presidencia: JCN, personajes nefastos, “la casa está en orden”, “Plan Austral“, saqueos, hiperinflación, persecución ideológica, “Pacto de Olivos“, y aún iniciando los juicios a la Junta también los terminó a través del “Punto Final” y la “Obediencia Debida“.
¿Qué es entonces lo que se está despidiendo?.
Se despide una generación. Basta escuchar las razones por las que se hacen horas de fila para ver sus restos. Se despide la posibilidad de ser honorable, de estar convencido de ideas, de ser abnegado, de ser honesto, de tener principios, de procurar el diálogo … Se despiden valores que estuvieron encarnados en él, pero que fueron parte de una generación. Y esto tiene tanto sentido popular porque luego la organización política fue arrebatada por personas que no tenían ninguno de estos valores.
Se despide, y lo creo, la posibilidad de la honestidad política, que debiera estar siempre. Se despide la posibilidad de que un dirigente confíe más en sus principios que en intereses intrascendentes, y que también debería estar siempre.
Mi opinión es que no se despide a Alfonsín sino que estamos despidiendo una posibilidad que deseamos, pero que perdimos.
Martín Parselis Ambito público, Argentina, Estado Argentina, Derecho, Medios, Política, Raúl Alfonsín