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Posts Tagged ‘Complejidad’

Cuando el código está en bits

September 18th, 2008

En épocas de entrecruzamiento de la tecnología con gran parte del quehacer humano resulta necesaria la reflexión. Una reflexión que debe dar cuenta de la complejidad intrínseca de las sociedades actuales, que es potenciada además por sistemas de comunicación instantáneos y por fenómenos sociales derivados.

Cada persona capaz de acceder a la Web encuentra en la dimensión virtual nuevas formas de relación y otros grupos de afinidad. Descubren con asombro que muchas barreras, además de las espaciales/geográficas, del tipo culturales y sociales toman otra dimensión en la Red. Se estructura una nueva red de relaciones e interacciones simultánea a la asociada tradicionalmente al espacio. Se producen formas alternativas de participación, de intercambio, de representación de la información, y de gestión del conocimiento.

Cada persona sin acceso a la Web es un agente social que ignora a la virtualidad como posibilitadora de un nuevo espacio de interacción y también en gran parte es ignorado por ella. Es una persona separada de la posibilidad de “estar en el mundo”, esta vez virtual.

Una de las marcas del siglo XXI parece ser la interconexión entre las personas, la construcción colectiva, la reaparición del individuo por sobre los mercados, todas situaciones en las que interviene la posibilidad de estar en el mundo virtual como requisito indispensable para el dialogo social. Pero esta vez, el diálogo de la Red.

Negar a la Web es negar una dimensión completa de diálogo.

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Apenitas sobre multimedia, así nomás

September 5th, 2008

Los bienes culturales trascienden a su producción, no se justifican exclusivamente por su consumo, ni presentan claridad acerca de su propiedad pública o privada. No es posible describirlos simplemente desde su función, como tampoco es posible juzgar plenamente los procedimientos puestos en juego durante la creación. Dar cuenta de ellos como productor, artista, proveedor, es asumir un rol de diálogo con consumidores, públicos y coautores.

El análisis del flujo de las producciones culturales en las sociedades es multidimensional: hay un mercado en donde estos bienes se transan, hay una representación de hechos y situaciones que forman la manera en la que vemos el mundo, hay vocaciones experimentales y hay vocaciones lúdicas, como también hay intereses y acciones de promoción. Y la multimedia no escapa a la complejidad de otras producciones culturales.

Las industrias culturales tradicionales cuyas producciones podrían ser el cine, el video y la TV, pueden aportar gran experiencia. Del mismo modo ocurre con la música, con el libro, etc. Pero la multimedia exige la descomposición del producto (“terminado”/”encapsulado”): toda posibilidad de combinación libre implica dejar de pensar en cine y TV para pensar en “imagen”, del mismo modo que se deja de pensar en música para pensar en “sonido”. Sólo cuando esto ocurre puede comprenderse a la creación musical o audiovisual como parte de la multimedia.

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Un mapa razonado de las ideologías de la Red

August 21st, 2008

Vía Vanina (La Propaladora) leí este post: “Ideologie nella Rete. Una mappa ragionata“. Inmediatamente lo relacioné con un par de modelos propios, y también acordé con Vanina que podríamos hacer una versión local, incluyendo el nuevo libro de Zanoni, por supuesto. Como me parece bueno para usarlo de guía decidí traducirlo y ponerlo a disposición en castellano (gracias a Mariano Ure, que es el que sabe italiano en serio…). Ahí va (se respetaron los links y bibliografía original en al idioma en el que se encontraba):

Aquellos que soñaron con la Web del Adveniemiento y aquellos que ven solamente el color del dinero. Aquellos para quienes todo va para mejor en la red y aquellos para los que es una amenaza para nuestros valores. Un mapa que recoge 15 años de teorías sobre Internet.

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Teorías, controversias, utopías y proyecciones sobre la red. Desde que se ha convertido en algo masivo el “medio de los medios” ha motivado el esfuerzo interpretativo de centenares de intelectuales y polemistas. Resultado: un variado grupo, cada vez más grande, de serios investigadores, periodistas, intelectuales y brillantes opinólogos, ha dado vida en estos 15 años, por primera vez, a un enredo de lecturas de la mayor plataforma de expresión y comunicación que haya existido. Hemos intentado – sin ninguna pretensión de exhaustividad y con una buena dosis de ironía – dar un orden a este grupo de ideas en movimiento en un mapa publicado hoy en Chips&Salsa, en el suplemento tecnológico de Il Manifesto.

9 perfiles para otras tantas escuelas de pensamiento, ideologías o solamente actitudes frente al impacto social y cultural de Internet, que se confrontan a lo largo de cuatro coordenadas: don y relaciones versus comercialización de los bits, optimismo respecto de la historia digital versus escepticismo de la razón. Más allá de la derecha y la izquierda, pero sin anularlas. Sin embargo, para reescribirlas.

Fundadores

Pioneros de las redes, han sido los primeros en sondear las tierras conectadas, y han definido mejor que todos sus coordenadas. Son el núcleo central del cual derivan las ideologías de la Web y respecto del cual se definen. Los fundadores han diseñado la geografía del mundo digital a veces incluso antes del nacimiento de Internet. Como el polo magnético (haciendo alusión a la brújula), sin ellos no habría orientación. Algunos de ellos han visto anticipadamente a la tecnología como extensión de los sentidos (McLuhan) y han proyectado sobre más de 40 años las propias intuiciones. Otros han puesto las bases de las teorías de las redes, dilucidando los mecanismos que regulan la comunicación de los individuos interconectados (Barabási). Definen nuevos paradigmas (el informacionalismo de Castells) y reconoce la potencialidad de Internet como medio que habilita nuevas formas de difusión de las ideas (Lessig). Algunos después de haberlo descrito, también quieren cambiarlo. Algunos con una constitución (Rodotà), otros con el espíritu del commons (Benkler).

Panglossianos

Para los nuevos Pangloss de la era digital todo va por el buen camino en el mejor de los mundos posibles. Han entendido antes que otros el alcance del pasaje de los átomos a los bits (Negroponte), y desde entonces esperan a la “Web del futuro” preparando a los comunes mortales para el Nuevo Advenimiento. “El futuro pertenece a aquellos que dan por descontado el presente” (Shirky). Lo que quiere decir abandonar el pensamiento crítico y dar lugar a la exaltación de la nuevas tecnologías y al sueño de un “Renacimiento 2.0”, en el cual “cambia el paradigma cultural” y se “redefinen los confines tradicionales, positivistas, de las disciplinas y se exalta la humanidad” (De Biase). Entre tantas iluminaciones el error está siempre a la vuelta de la esquina. Habría que preguntarle a Dan Gillmor, el hombre que inventó el “citizen jounalism” y que más que ningún otro ha celebrado el periodismo desde abajo. Cuando dejó el lugar de periodista para poner en práctica sus teorías optimistas con un sitio de información generada en forma participativa, ha descubierto amargamente que sí, el “lector sabe más que nosotros” (su célebre slogan pero que no siempre tiene ganas de compartir su conocimiento).

Web Tribal

La mirada antropológica dirigida a la red observa sus rituales. Fascinada por el sustrato virtual y por el mundo mediado de los bits, las Web Tribales contemplan el panorama de la Web, individualizando afinidades y diversidades respecto del mundo material, compuesto por átomos y jerarquías. Fuera de la pantalla la representación y la organización de las comunidades siguen las tribus que se reúnen en torno a un único fuego y personas carismáticas (Turkle). Las web tribales narran una gran revolución digital que se desarolla diariamente de manera transversal y gratuita – de los blogs a los videojuegos (Jenkins), de la televisión a las redes sociales (Boyd) – y construye un paradigma alternativo al físico. En el centro, obviamente, las relaciones interpersonales y el don. Precisamente la complejidad extrema de los nuevos sistemas convergentes y de las relaciones que se desarrollan en ellos, obliga al hombre a dar un salto hacia delante en una hipotética escala de inteligencia (Johnson). Una verdadera señal hacia el evolucionismo, del tipo cognitivo.

Lisérgicos

Dice Wikipeedia: “el ácido lisérgico es bien conocido porque puede ser utilizado para sintetizar una potente droga alucinógena: el LSD”. No porque estos autores escriban bajo los efectos de sustancias psicodélicas, sino porque representan para la Internet lo que los chamanes son en algunas comunidades indígenas. Se trata sólo de una escala diferente. Guías místicas y grandes oráculos leen el futuro de la red en las páginas de la Web. Con frecuencia no son comprendidos, y sin embargo encuentran siempre Panglossianos dispuestos a seguirlos y los neo.com (los nuevos dotcommers) listos a traicionarlos. Fueron los primeros en escribir sobre “objetos dialogantes entre ellos”, sobre “Internet de las cosas” (Sterling) y sobre una “inteligencia colectiva” (Lévy) que se coagula en múltiples masas activas (Rheingold). Para ellos la tecnología es un órgano sensorial, una extensión eléctrica del cuerpo capaz de dar vida a las potencialidades inexpresadas del hombre en sus relaciones siempre más fluidas y mutables. En una palabra, un estado ampliado de conciencia.

neo.com

La mano del mercado del tercer milenio es todavía más invisible, sus dedos están hechos de links y píxels, pero mueven mercancías y dinero cada vez a mayor velocidad. Seguidores digitales de Adam Smith, los neo.com han sido hechizados por los juegos de prestigio de este miembro virtual. Como los primos neo-con quieren exportar el libre mercado: aquellos piensan en Irak, y éstos en las comunidades de jugadores online. “Los mundos virtuales son más importantes para la civilización de cuanto lo han sido en el siglo pasado la radio, la TV y los automóviles” (Castronova). Y no por los beneficios sociales que implican sino porque allí fluyen “20 mil millones de dólares” en transacciones en bits. Un tesoro que fluctúa sin “constricciones de espacio de las góndolas físicas y otros cuellos de botella de la distribución” (Anderson) conduciendo al triunfo de la libre elección y de la máxima variedad. Es una “transformación”, una “tormenta perfecta” que si las multinacionales lograran identificar podrían aprovechar la mano de obra a bajo costo puesta a disposición por la Web (Tapscott).

Hacker

Programadores creativos e idealistas que sueñan un futuro mejor. Sin copyright ni patentes que obstaculicen la libre circulación de las ideas. Neomaoístas digitales, ven por todas partes un mundo dominado por la comunicación mercantilizada y con la información en cadenas, a destruir con golpes de software Open Source y licencias gratuitas (Stallman). Su “ética” se basa en dos pilares fundamentales: libertad de reutilización de todos los recursos producidos por la comunidad; cultura del don como nuevo horizonte económico (Himanen). Una mezcla entre comunitarismo y cooperación descentralizada que imita a los orígenes hippie de Internet. Y que, dicen los más optimistas, llevará al nacimiento de una nueva clase social (Wark). Con los hacker a la vanguardia y detrás una amplia porción de trabajadores del conocimiento. Mientras, por debajo se delinean nuevas herramientas de desobediencia civil y participación política (Meikle), en donde el que hace de soberano es el uso táctico de nuevos medios: guerrilla, sabotaje y culture jamming.

Cybersoviet

Mitos e ilusiones de la red vistos desde la izquierda. Entre esperanzas comunitarias de la primera hora, (cuando hackers y proyectos de ciudadanía digital prometían revertir desde abajo el equilibrio de poderes) y escepticismo sobre las evoluciones más recientes (gobiernos y multinacionales aliados en nombre del control y del lucro). Parafraseando el título de un libro de Geert Lovink, Internet ya no es aquel paraíso que nos habían prometido. Para quien nos ha creído – como los cybersoviet – el despertar es duro. No por casualidad, para alguno de ellos la parábola recuerda la experiencia de los soviéticos rusos: laboratorios pioneros de democracia directa neutralizados por las autoridades centrales porque se trataba de “órganos de contrapoder político” (Formenti). Lo mismo vale hoy para los blogs, las redes sociales y las restantes maravillas de la Web 2.0, incapaces de elaborar una plataforma política, devenidos en simples herramientas de aprovechamiento del trabajo voluntario de millones de usuarios (Scholz). El espítitu de Marx en salsa digital, entre pesimismo de la razón (mucho) y optimismo de la voluntad (o lo que queda de ella).

Tecno-Retro

Se ubican debajo y, obviamente, a la derecha. Son reaccionarios, conservadores y un poco bromistas (luddisti). La red de las maravillas de los Panglossianos y de los neo.com para los tecno-retro es sólo fuente de corrupción moral e intelectual. En sus discursos pesimistas, la Web se convierte en la noche en la que los “confines de la verdad son erosionados” (Seiegel) y los blog se convienrten en un ejército que quiere “confundir a la opinión pública” (Keen). Hablan de tradición occidental y acusan a los nuevos medios de destruir “nuestros valores” y de atentar contra el “futuro mismo de nuestra instituciones culturales”. Incomodan incluso a Hannah Arendt en defensa de los señores del entretenimiento amenazados por Internet (Olivennes) y denuncian “la multiplicación del consumo … detrás de una falsa ideología de progeso” (Landi). Según ellos, el orden constituído está bajo el ataque de bárbaros de bits que se llenan la boca de democracia y gratuidad, pero son manipulados por empresas multimillonarias. Y si para revertir el curso de la historia es tarde, qué importa: para definir un nicho editorial como opositor de la Web, es el momento justo.

Post-Virtual

Contra la ilusión neorenacentista de los Panglossianos más radicales y la inventiva reaccionaria de corte tecno-retro, desde las universidades estadounidenses llegan también voces pragmáticas que intentan atemperar tanto el entusiasmo acrítico contra todo aquello que es virtual como el milenarismo fundamentalista. Los post-virtuales denuncian la invasión del “totalitarismo tecnológico” y los riesgos políticos de una lenta retracción de la “cultura” (Postman). Sobran dudas acerca de las consecuencias de la información ultrapersonalizada temiendo “una sociedad heterogénea” incapaz de “afrontar los problemas sociales” (Sunstein). “Google nos vuelve estúpidos?” se pregunta en un artículo reciente el economista Nicholas Carr quien en sus trabajos conjuga un sano escepticismo y una provocación inteligente y frente al peligro del cybercrime hay quien propone nuevas formas de gobierno (governance) que vayan en la dirección opuesta al control gubernamental pero sin olvidar que toda solución debe involucrar también el alma hacker de la red (Zittrain).

Fin del artículo traducido por Mariano Ure y Martín Parselis

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Humanizaciones imposibles, ¿o esenciales?

May 2nd, 2008

Citando a un argentino que hace radio, escribe, y muestra una parte de lo que somos los argentinos de una forma magistral, apareció @yumba en twitter diciendo que lo que Internet no tiene es la posibilidad de la metáfora, que es puramente textual. Inmediatamente intenté acordarme de una cita que usé varias veces de Jaques Derrida hablando de los objetos técnicos. Este post no pretende hacer un análisis del tema, pero creo que sirve como disparador. Y la reflexión, creo, en parte es sobre la humanidad intrínseca de la creación del hombre, por lo que poner a la metáfora en un plano diferente a la creación técnica no tiene mucho sentido, y muestra un enfoque instrumentalista de la tecnología.

No es “La Retirada de la Metáfora”, sino un fragmento de “El fin del libro. El comienzo de la escritura” de Derrida:

… También es en este sentido que el biólogo habla hoy de escritura y de pro-grama a propósito de los procesos más elementales de la información en la célula viva. En fin, haya o no límites esenciales, todo el campo cubierto por el programa cibernético será un campo de escritura. Aun suponiendo que la teoría de la cibernética pueda desprenderse de todos los conceptos metafísicos -hasta del concepto de alma, de vida, valor, elección, memoria- que anteriormente han servido para oponer la máquina al hombre, tendrá que conservar, hasta que sea denunciada su pertenencia histórico-metafísica, la noción de escritura, de huella, de grama o de grafema. Incluso antes de ser determinado como humano (con todos los caracteres distintivos que siempre se han atribuido al hombre, y todo el sistema de significación que ellos implican) o como a-humano, el grama -o el grafemadará así el nombre al elemento.

Y sobre las creencias con las que nos acercamos a las máquinas:

Por lo tanto, la creencia es una estructura de la experiencia muy particular, muy singular. Me parece que hay que afinar su análisis. Ella se encuentra incluso ahí donde tenemos la impresión de que la fe está ausente. Por ejemplo, en el funcionamiento mecánico. Se piensa que en ese caso todo funciona sin creencia como las computadoras etc. Pero no es así. Esas máquinas suponen ellas mismas, para tener la función social, comunicativas, políticas que tienen, suponen en cada momento contratos de creencia, por lo tanto ficciones.

Hay, además, una cita en la que separa claramente la función y la apropiación que hacemos de los objetos técnicos del su funcionamiento, que por lo general ignoramos aún utilizando muchos objetos a diario. Si nuestra apropiación no es sobre el funcionamiento, los objetos técnicos se convierten en objetos ficcionales.

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Sin dudas, el mejor

April 29th, 2008

Cuando era chico, “lo mejor” estaba directamente relacionado con alguna cualidad. En alguna época lo “mejor” era lo más grande, en otra época lo más lejos, lo mucho, lo abundante, y así “lo mejor” se relacionaba con alguna parte exagerada de eso a lo que otorgábamos cualidad.

No se si es una marca de la época, o una marca de la edad, pero con el tiempo cada cosa parece ser más compleja. Aquello que resultaba mejor en un caso, tal vez resultaba peor en otro caso. O aquello que hacía que algo fuera mejor en un aspecto, lo desmejoraba en otros. Cada cosa tiene varios aspectos, mirar uno solo lleva hacia aquello que se llama simplismo, y cuando se analiza un solo aspecto de las cosas todo es fácilmente argumentable, entonces hablar de “el mejor” y “lo mejor” requería de mucho más respeto.

La situación de sobre-oferta que nos regaló la industrialización (emparentada con nuestra idea de abundancia), hace que nos veamos envueltos en la tarea de digerir mensajes para decidir entre qué ofertas optar. A raíz de eso, se supone que también nosotros nos volvimos complejos y sofisticados… y paradógicamente ciertos mensajes parecen estar dirigidos al hombre de las cavernas: “venite a mi empresa porque buscamos a los mejores”. La sobre-especialización hace eso: nos simplifica. La super-especialización habla de lo “mejor” en términos relativos, parciales.

Lo “mejor” se supone que no podría asignarse a un solo aspecto de las cosas complejas. De ser así caeríamos inevitablemente en el reduccionismo. ¿Será mejor (en absoluto) quien en todos los aspectos sea mejor (en relativo)?.

Cuando pregunté esto en Twitter @tanaligato me hizo la observación sobre la sinergia, y tiene mucha razón: “el mejor” en algo junto con “el mejor” en algo complementario, se supone tendrían resultados superadores. Pero aún así, sin la comprensión de la complementariedad no habría posibilidad de sinergia. Por lo tanto, no es posible desde “lo mejor” en un aspecto.

Para profundizar mi problema con la idea vulgar de “lo mejor” (de eso se trata este post), sucede que además somos perfectamente capaces de juzgar si aquel aspecto que hace relativamente “mejor” a algo es más o menos relevante que otro aspecto… y lo que tristemente sucede es que por lo general no nos tomamos el tiempo para analizarlo.

Por el momento, la frase de “buscamos a los mejores” o “somos los mejores” me da bastante asco, y no deja de ser un slogan y una postura estúpida.

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