Una vez que un país con alguna gravitación en el mundo, y particularmente en Europa como lo es España, decide avanzar sobre al tráfico de información de los ciudadanos refiriendo a leyes previas que no se ajustan a la realidad actual (como todas las leyes de propiedad intelectual basadas en medios tradicionales), la probabilidad de que en países como Argentina suceda lo mismo es altísima.
No se trata de bits o antenas, se trata de ideas.
Con los mecanismos y trucos típicos de la “raza política” que buscan surcos jurídicos y argumentos extraños que desafían todo tipo de lógica (que conocemos bien en Argentina a través de la aprobación de la Ley de Servicios Audiovisuales o la apropiación de nuestro dinero en 2001 e incluso nuestros ahorros jubilatorios), ha pasado a tratamiento parlamentario español la LES (Ley de Economía Sostenible). Casualmente esto se produce un viernes en el que se festeja el día del Padre en España. Ya en diciembre muchos ciudadanos han comenzado a movilizarse, Twitter fue uno de elementos de coordinación más importantes a través del hashtag #manifiesto que refiere a un manifiesto ciudadano en contra de la aprobación de esta ley.
La ley es extensa y multisectorial, lo que interesa en el manifiesto es la sección “antipiratería”, que faculta a observar e intervenir en nuestras comunicaciones, y al cierre de sitios.
Mucho fue el movimiento en todas las redes relacionado con la preparación del capítulo porteño de las conferencias TED. Y está llegando el momento. Por mi ausencia en Buenos Aires espero que mi pre-registro haya quedado en buenas manos…
No todos los días se puede encontrar a Adrián Paenza, Luis Pescetti, Manu Ginóbili, Roberto Guareschi, Luis Moreno Ocampo, y otros menos mediáticos pero a la altura: Mariano Sigman, Inés Sanguinetti, Alberto Kornblihtt, Gabriel Gellon, Bea Pellizzari, José Cibelli, Constanza Ceruti, Miguel Brechner Frey, Luis Fondebrider, Matías Zaldarriaga, Rafael Spregelburd, Marcos Salt, Jaime Lerner, Axel Krygier, Marcelo Moguilevsky, …
Si con crawlers, spiders y bots podremos, a través de nodos y links, generar una serie de indicadores que nos permitan sacar conclusiones, es necesraio dar contexto y alcance a esta metodología.
Cualquier mapa de la Web que surja de estas metodologías no podrá ir más allá de un mapping de relaciones entre documentos escritos en HTML (la mayoría de otras tecnologías de expansión del lenguaje HTML no pueden ser leídas correctamente). Los documentos HTML generados en forma estática a mediados de los 90 tenían una correspondencia uno-a-uno con respecto a los resultados generados por un bot. A partir de la aparición de aplicaciones (software) en los servidores esta metodología es, por lo menos, dudosa.
Pero más allá de la confianza de la metodología, un software y los usuarios tienen grados de interacción que trascienden por completo cualquier estructura de interrelación entre documentos. Es decir que como metodología es necesario dar el alcance de estructura de documentos. Esto significaría que ni el comportamiento de los usuarios ni lo que circula entre ellos puede ser tomado seriamente desde una metodología de crawler.
Pareciera que la controversia podría resumirse en dos supuestos disciplinares:
Para los expertos en Sistemas de Información el usuario hará lo que el sistema le permita hacer (visión estrictamente instrumental).
Para los demás, sólo necesitamos plataformas abiertas que posibiliten interacción. ¿Un foro es valioso por lo que puede ver un crawler o por la forma en la que se fue generando determinada discusión entre usuarios?, ¿Facebook tiene sentido si cuenta la cantidad de páginas de usuarios?, ¿es más importante la página de fans de Beyoncé porque tiene más fans que las publicaciones de Leonardo?, ¿cómo sería posible crawlear bien Twitter?.
Falta un grado de abstracción: el divorcio entre el soporte de documentos y las aplicaciones. La Web 2.0 ha hecho un gran aporte para la comprensión de esta situación: las aplicaciones son condición de posibilidad de nuestras interacciones, que es lo verdaderamente importante.
No es la primera vez que alguien quiere adueñarse del flujo de cosas y de las decisiones de quienes lo generamos sobre Internet. Vuelven a sembrarse argumentos al mejor estilo Morgado con su canon (en su versión local) que en definitiva es meterse en nuestras vidas.
Escribí en un libro sobre el diálogo que la idea de la Sociedad de la Información asociada, en forma general, a los controles sobre Internet tiende a encorsetar nuestra vida en la Web, por el hecho de aplicar normas del mundo físico al mundo virtual.