La covalización del mundo

Iceberg de AWeith recuperado de Wikimedia Commons
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Algo inundó el mundo. En el caso del Covid19 esto se volvió evidente en muy poco tiempo. Diferentes cosas inundaron el mundo otra veces, basta pensar en que más de la mitad de la población mundial está conectada a Internet (muchos de los que están conectados ni siquiera piensan que existen personas no conectadas).

Copié la estructura del título del libro “La estetización del mundo” de Lipovetsky-Serroy donde explican cómo la estetización del consumo se convirtió en un gran socio del capitalismo. Algo que también inundó todo.

El impulso de este post no es la comparación entre pandemias (que fueron más localizadas, o de menor escala) sino tratar de hacer foco en algo que comienza a preguntarse sobre el futuro, y las posibilidades de reacomodarse y resignificarse. Me interesa explorar qué bases, o modelos, pueden ser útiles para construir esa idea de futuro.

Nadie sabe del todo cómo va a narrarse esto, aunque se perfilan algunos discursos que en la práctica derivan de opciones de “modelos de pensamiento” (en base a creencias previas) y que resume Julito Alonso en “El derecho a narrar” en Hipermediaciones analizando a Rita Segato. La lista es:

  • Jaque mate al capitalismo
  • Genocidio de los sobrantes
  • Un experimento de control social
  • Pedagogía fascista sobre quién es el enemigo
  • Caída de la creencia en la supremacía humana

Escribí algunas cosas similares en otro post. Julito ratonea las fuentes bibliográficas de todas estas ideas. Sin embargo, algunos que estamos tratando de entender algo de lo que está pasando (él incluido dentro de estos grupos) vemos que esto no es suficiente. ¿Habrá procesos que no estamos viendo? ¿Habrá procesos que alguien vio pero que no estábamos teniendo en cuenta? Puede que haya algo de eso. Alejandro Piscitelli se adelantó con la idea de que “no vemos que no vemos”.

Internet Map

The Opte Project / CC BY (https://creativecommons.org/licenses/by/2.5)

Sistema, red, ¿o qué?

Andrés Malamud presentó un panorama de análisis político general sobre esta coyuntura, en un evento que se abrió al público en YouTube. En la primera media hora de exposición prácticamente todo es un aporte. Cuando vemos este tipo de análisis asociados a cosas que cambian día a día es menos importante la opinión sobre el detalle y mucho más importante desde qué marco lo analiza. Tal vez de eso se trate entender un poco más.

Respondiendo una de las tantas preguntas por chat en vivo clasificó distintos tipos de bienes, que es algo que me interesa y que he hecho varias veces, definiendo cuatro tipos:

  • Bienes privados
  • Bienes públicos
  • Bienes de club
  • Bienes de red

Las dos primeras se refieren a una condición de propiedad, y en las dos siguientes no están claras esas condiciones, por eso prefiero involucrarlas en bienes comunes o commons, y luego desagregar las condiciones de acceso a ellas. Esto presenta un problema para los bienes de red: en muchos casos las infraestructuras de red pueden ser de propiedad pública, gestionadas por privados, y las habita interacciones entre privados. Ejemplo: el buscador de Google es de acceso público sobre un servicio privado que requiere de los indices del PageRank que se alimentan por acciones comunitarias (un bien de red). Cuando hice esta observación, Edmundo Szterenlicht me acercó esta compilación valiosa que va mucho más allá de los clásicos Hardin y Ostrom.

De todas formas esta complejidad de los bienes de red quiebra la dualidad clásica de lo privado/público, especialmente en sus formas de comprensión que es más bien lineal y asociada a la idea de estado-nación. La consecuencia es obvia: las formas de narrar la pandemia no escapan de la lógica de interacción entre las instituciones (las públicas, los gobiernos) y sus intercambios. Si estos son los actores principales, algunos discursos se ocupan de la relación entre gobiernos y ciudadanos (fronteras adentro) y otros de la relación entre gobiernos (flujos entre fronteras).

Cualquier perspectiva de este tipo requiere de la definición de un borde, como ocurre cuando definimos sistemas. Dependiendo de estos bordes se definen flujos de entrada y salida hacia otros sistemas. Esto es una gran ventaja de esta estructura analítica porque puede visibilizar muchos fenómenos, pero si mantenemos los bordes fijos, tal vez estemos perdiendo otros fenómenos. Muchos análisis definen estos bordes en coincidencia con los bordes de las fronteras, entonces los componentes del sistema son los países, o en forma agregada algunas regiones como la UE. Si cambiamos los bordes de los componentes del sistema podríamos encontrar otros fenómenos, como lo hace Paragh Khanna con su idea de conectography y la relevancia que están teniendo las megaciudades, o Geoffrey West cuando trabaja sobre la escala de las ciudades. Si miramos el sistema de megaciudades en crecimiento, los países como componentes del sistema global podrían ser menos importantes para muchas relaciones que la que existe entre ciudades.

Las externalidades en economía también son una cuestión de bordes. Cuando podíamos volar hacia otros países pagábamos un ticket a un valor determinado por muchas variables, entre ellas sus costos. Lo que nunca pagamos es la huella de carbono de ese vuelo, del mismo modo que no se paga al trasladar productos desde China recorriendo medio planeta, como tampoco se paga ninguna huella al comprar una botella de agua. Si movemos el borde, las externalidades podrían transformarse en costos directos. Hay gente como Kate Raworth pensando en esto: la “doughnut economy” inspira a Amsterdam para “curar la economía” luego de la pandemia.

Cuando hablamos de redes algo cambia. Hace unos años en un grupo de discusión nos planteábamos algunos problemas asociados a las redes. ¿Los sistemas son redes?, ¿las redes producen sistemas?, ¿los sistemas producen redes?, ¿son lo mismo?. Eventualmente, ¿se trata de dos modos distintos de entender una misma cosa?. Una aproximación de la matemática de las redes puede hacerse a través de distintas herramientas informáticas y que teoriza en detalle, por ejemplo, Barabasi.

Hay redes de distinto tipo, una red de distribución eléctrica tiene comportamientos diferentes de las redes sociales en una empresa. La Web se comporta de forma diferente a una red de transporte (la Web responde al power-law y el transporte a una campana). Twitter y TikTok clusterizan de forma distinta a los usuarios según sus categorías de temas. Hay cosas que son redes en sí mismas, y hay otras que podemos estudiar desde un modelo de red (esta diferencia es importante para no olvidar que el cerebro es un órgano, por ejemplo).

En cualquier caso, pensar en componentes (nodos, o vértices) y sus relaciones desde el punto de vista descriptivo es más o menos claro, lo que requiere más análisis son los patrones de comportamiento. Un concepto muy potente es el de “emergencia”. Las redes producen fenómenos (¿o cosas?) con propiedades que no pueden explicarse desde las propiedades particulares de sus componentes. Si bien puede parecer que se trata de una mirada entre relativista o medio posmo, la emergencia tiene conceptualizaciones muy precisas como la de Mario Bunge desde un punto de vista estrictamente analítico.

En su análisis Malamud soltó la frase: la inmunización frente al Coronavirus es un bien de red. Agrega: ni siquiera es un bien público, es un bien de red  porque “me conviene que lo tengan todos” (ejemplificando con la clásica red de telefonía). La epidemia es un mal de red.

Tal cual: entenderlo como red habilita a pensar en los emergentes (fenómeno global), y abandonar el centro de la atención en los componentes (países y regiones). Acompaño con otra frase que digo mucho: el cambio de escala cambia el fenómeno, que es ni más ni menos que advertir que en escalas mayores necesitamos entender cuáles son los emergentes. Un modo de caracterizarlo es la idea de globalización.

Imagen de Wolfram Physics

Imagen de Wolfram Physics Project

Globalización, componentes y escala

En este sentido la tan mencionada globalización muestra el mismo problema: pensar en gobiernos con intercambios, o pensarla en red. En cualquier caso hay emergentes.

Si pensamos en sistemas cuyos componentes son países o regiones trazamos bordes en una escala “meso”. La escala “micro” podrían ser grupos e individuos y la “macro” el mundo que presenta algún patrón de comportamiento global. Supongo que las crisis de los estados proclamada por Bell se relaciona con esto, porque hay otra definición de sistemas posible si se involucran a las multinacionales, organismos multilaterales, u organizaciones internacionales. En esa escala “meso” no bastaría con los estados. Para grupos e individuos los patrones, influenciados (pero no determinados) por los actores que identificamos en la escala “meso”, tienen una lógica más horizontal, especialmente en esa globalización que en las últimas décadas que acompañaba el flujo de información y mercancías con el flujo de cuerpos entre regiones y países. Y los cuerpos humanos son el nuevo host del virus que nos entretiene hoy.

Uno de los emergentes de este flujo de cuerpos es el borroneo del significado de los estados que recordamos solamente cuando presentamos el pasaporte. Otros intentan (¿intentaban, o lo siguen haciendo?) cruzar el Mediterráneo encontrando duras fronteras estatales, aunque la presión humanitaria mundial también intentaba borronear la escala “meso” en favor de la “micro”, que es donde tenemos evidencia de la vida.

Paralelamente los emergentes globales de los comportamientos “micro” y “meso” se instalaron con perspectiva sistémica, como el cambio climático. Los emergentes dan cuenta de las diferentes propiedades entre escalas, que además no se heredan, pero no explican el proceso. Las explicaciones causales de los comportamientos emergentes cuentan con diferentes hipótesis.

Las redes compuestas por muchos nodos generan sistemas complejos en los que se verifica que las interacciones producen un “todo” mayor que la suma de sus componentes (la sinergia tiene que ver con esto). En los sistemas complejos la comprensión de sus componentes no permite predecir el comportamiento del sistema resultante. Según Geoffrey West, esto ocurre tanto con células, hormigas o personas que generan emergentes verificables en las economías, los mercados financieros, las comunidades urbanas, las empresas y los organismos.

El famoso “efecto mariposa”, superexplotado y exagerado por aplicarse como una especie de “norma”, propone que una perturbación pequeña en una parte de la red puede generar eventos significativos como emergente.

Esta infección puede considerarse como una tragedia. También puede considerarse como uno de los males asociados a algún riesgo. Y el riesgo es justamente uno de los puntos que no están nada lejos de todas las formas complejas de comprender lo global. Lo global cambió cuando se comenzó a crear conocimiento sobre la globalización que en sus distintas etapas (mercancías, culturas, personas,…) y ha creado un concepto muy fructífero en modelos y teorías. Pero no se trata solamente de los intercambios globales, sino también de su velocidad, cuyo representante más claro es el sistema financiero global. Esta velocidad en aumento, la aceleración y lo exponencial tiene que ver con esto, solo multiplica riesgos. Elegí “Covalización” porque es más parecido a “globalización” que “covidización”.

Ian Goldin defiende el argumento de la mejora en la calidad de vida gracias a la integración global, aunque afirma que estas mejoras ocultaron la enorme interdependencia que relaciona con la vulnerabilidad de la globalización. Un gran nivel de interdependencia no es solamente conectividad sino también el establecimiento de un sistema complejo. Y lo caracteriza como “fenómenos generados por partes que interactúan, todas cuyas conexiones causales no son fácilmente discernibles, y cuyo comportamiento con el tiempo exhibe desorden y se comporta de manera impredecible o caótica”. A mayor conectividad, mayor complejidad, mayor riesgo, y menor posibilidad de toma de decisiones informadas, lo que conduce a la pérdida de responsabilidad.

Multihazard risk distribution

Multihazard risk distribution – SEDACMaps / CC BY (https://creativecommons.org/licenses/by/2.0)

Riesgo e incertidumbre, pegados como chicle

Resumiendo a Goldin: dado que la conectividad se acelera, la fragilidad global es cada vez mayor, perdiendo de vista los efectos de las acciones individuales, a la vez que se introduce más incertidumbre y peligro. Es entonces cuando la lógica de la causalidad directa es cada vez más difícil de identificar. Con algunas diferencias Giddens propuso en 2000 la idea de riesgo manufacturado y también su texto “globalización y riesgo” mostraba este emergente de riesgo e incertidumbre. Beck es una referencia obligada junto con Giddens aunque no vi que Goldin los mencione expresamente.

Haciendo un juego de palabras con el “efecto mariposa” Goldin  tituló su último libro como “defecto mariposa” mirando, ahora sí, algunas de las consecuencias no deseadas de la globalización. Se escucha a algunos políticos afirmar que “los males de la democracia se curan con más democracia”. El resumen del mensaje de Goldín podría ser “los males de la globalización se curan con más globalización”. Aun así, entiende que el riesgo y la incertidumbre son parte inherente del sistema, tal como ya estaba dicho y asentado hace 20 años, por lo menos.

Casi al mismo momento en el que Winner explicaba que los artefactos tienen política (principio de los 80), Perrow hablaba de “accidente normal”, cuestión que entendí en el artículo en Anfibia de Flavia Costa, y luego encontré un artículo que tal vez haya sido la inspiración previa al libro en la revista Society de 1981.

Flavia propone el “tecnoceno” que sería una nueva era, porque si el antropoceno tiene más de 10.000 años el tecnoceno tendría… ¿200? Como sea, este tecnoceno que también se caracteriza por el riesgo y la incertidumbre, también podría asumir que ciertos eventos son “normales” dadas las condiciones de esta red tecnológica que hemos construido. Nuevamente, sin alguna lógica de red y de emergentes de sistemas complejos sería muy difícil pensar en esto.

Riesgo e incertidumbre tienen entonces un espacio considerable entre los que intentan “mirar macro”. Hasta participé de un libro que se llama “El riesgo de que todo funcione”. Lopez Cerezo en su estudio “La confianza en la sociedad del riesgo” relaciona este emergente con la politización del riesgo y la incertidumbre (muy apropiado para las épocas del Coronavirus, habría que leerlo y releerlo).

 

World population growth

Max Roser / CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)

Exponencialidad y escalas

Todo lo que crece exponencialmente tarde o temprano se limita. La Ley de Moore encontrará el límite material de las partículas mínimas, y no sería legítimo extenderla ante un cambio de paradigma en el diseño de microprocesadores. Estos límites se alcanzan y se termina la exponencialidad.

West en Scale lo explica claro: el espíritu y la sustancia de la Segunda Ley de la Termodinámica y su manifestación en términos de producción de entropía representan el lado oscuro del crecimiento exponencial abierto. Independientemente de cuán magníficamente innovadores somos, en última instancia, todo es impulsado y procesado por el uso de energía, y el procesamiento de la energía tiene consecuencias perjudiciales inevitables.

Una de las citas más famosas del libro XI de las confesiones de San Agustín se relaciona con la pregunta sobre qué es el tiempo. San Agustín responde “si no me lo preguntan lo sé, si me lo preguntan no lo se”. Si no intentamos explicarlo convivimos con el tiempo con una naturalidad asombrosa. Preguntarse por el tiempo es un problema filosófico muy serio. Pero sin ir al fondo de la cuestión, ni siquiera solemos preguntarnos por los tiempos realmente largos. Me tienta decir que asociamos el tiempo solamente a nosotros mismos como humanidad, como si no hubiese existido antes de los homínidos, o como si no fuera a existir luego de la extinción de la vida.

“Nos miramos en ombligo” como se decía en el rioba. Del mismo modo que juzgamos muchas cosas por “lo que me pasa a mí” perdiendo de vista lo que realmente ocurre (y transcurre) además de mí, y que probablemente no cambie si existo o no. Un ejemplo paradigmático de esto es la discusión sobre Uber… tema aparte.

Cuando recordamos con alguna perspectiva que este planeta tiene apenas 4.500 millones de años (y que en tantos otros simplemente se destruirá) a algunos se nos escapa una sonrisa. Una especie de satisfacción incontestable por subrayar que llegamos hace poco y nos vamos dentro de poco. La “big history” se ocupa de este tipo de ventanas temporales; de los tiempos en que ni siquiera existía la vida en sus formas más primitivas. Esto establece algo que puede ser terrible para algunas miradas filosóficas: algo existe aunque nunca hayamos tenido la posibilidad de verlo (y menos de interpretarlo y construir algo con ningún lenguaje de ningún tipo al respecto).

La covalización del mundo, entonces, sería apenas una instancia más de eso que observamos en escala “meso” pero que no terminamos de entender en escala “macro”. Entre Gaias y Antropocenos podemos seguir especulando, pero si hay un hiperobjeto sobre el que solo podemos tener algunos datos podemos especular también que el covid no se mundializó sino que ya existía un objeto global que el virus infectó. Existían los virus previamente como existía la estética. Algo hizo que sea parte de todo el mundo. Una lo estetizó, otra lo infectó.

Esto nos conduce al tan tironeado realismo. Las nuevas corrientes realistas (realismo especulativo, ontología orientada a objetos) es parte de la base de construcción de la idea hiperobjetos de Timothy Morton. Lamentablemente no soy filósofo como para profundizarlo… llego hasta imaginar que la covalización es una pequeña instancia de un hiperobjeto.

Esta idea puede ser algo incómoda, porque establece un límite de conocimiento que en las escalas “micro” y “meso” que no suele ser parte del discurso habitual, especialmente en la opinión pública. Por ejemplo, cuando los grupos activistas veganos presentan sus argumentos suelen subrayar que se basan en conocimiento científico causal e indiscutible sobre la escala “macro”.

Submarine cable map

cable data by Greg Mahlknecht , map by Openstreetmap contributorsOpenStreetMap contributors / CC BY-SA (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)

La covalización: instancia efímera de un hiperobjeto

Seguramente este emergente, que podría ser un hiperobjeto, no será la Gaia que tanto abrazan yoguis e intérpretes alternativos de la cuántica, y tal vez sea una suerte de nuevo objeto que desestabiliza el equilibrio de la Gaia de Lovelock (el de la hipótesis Gaia). En tiempos geológicos este hiperobjeto podría dar lugar al antropoceno, que según sus promotores fue iniciado en el inicio de la agricultura (11.000 años atrás) terminando, por acción humana, con el Holoceno.

Otra idea de grandes cosas que podrían conformar algún macro-objeto son las del cibionte de Rosnay a partir de nuestras conexiones en red, en la que seríamos apenas como “células” de un “animal” gigantesco. La complejidad de Morin intenta des-simplificar los sistemas para tener en cuenta la totalidad de sistemas e interacciones dando lugar a su teoría de la complejidad. En lugar de aislar… complejizar. Pero el “todo” es intrincado y difícil de comprender. Ese todo… ¿qué es?

De muchas formas nos asomamos a algo que claramente está por fuera de nuestra forma de entender lo que es de la escala “meso”. Lo que llamamos globalización, ¿no es un objeto de ese tipo? La medimos a través de flujos y componentes “meso” pero tal vez no esté claro qué tipo de cosa produce.

La covalización desde la perspectiva del tiempo es apenas un suspiro, dura poco en tiempos históricos, pero mucho menos en términos geológicos o cósmicos. Es apenas una manifestación particular dentro de la dinámica relacional entre cosas que están en el espacio. Tenemos la pretensión de conocimiento sobre esas cosas, pero parte del propósito de este post es considerar la posibilidad de que esas cosas son evidencias sueltas de un hiperobjeto.

La semi-caprichosa selección de referencias muestra una y otra vez el problema de la complejidad y los emergentes de ella, intentando “deslinealizar” los análisis en la escala “meso”. Dicho de otro modo, si existe un hiperobjeto que no estamos comprendiendo del todo, lo que decimos sobre la globalización es apenas lo que identificamos como relaciones entre sus componentes que recortamos, y la covalización apenas otra manifestación de la red de flujos entre componentes.

Como estos componentes está distribuidos por todo el mundo, la covalización también. Pero estando inmersos en él, y trascendiendo nuestras posibilidades en el espacio y el tiempo, contamos con datos y evidencias parciales. De hecho, uno de los ejemplos de hiperobjeto es el cambio climático con el que tenemos el mismo tipo de relación.

Las metáforas, que se suponían eran todo para un posmoderno, nunca estuvieron fuera de las cosas. Tal vez por eso una y otra vez intento hacer chocar (a gran velocidad) esta idea con la materialidad, en especial con mis estudiantes de carreras de comunicación. Una materialidad que es parte de la naturaleza, y también aquella que generamos, que no es menos material y que está muy lejos de ser una metáfora.

Una materialidad en la que estamos y que no solo no es posible negar sino que tampoco podemos mirar como si estuviéramos fuera de ella, al menos en las escalas mayores a las nuestras. En estas escalas, lo que signifiquen las cosas en la escala de espacio y tiempo humanos es, por lo menos, incompleta y seguramente no nos hablará realmente de las cosas.

Morton discute cómo los filósofos han “separado” las cosas para su análisis (en las ciencias básicas, pero también en definir los bordes de los sistemas) y luego de discutir sobre el fenómeno y la cosa de Kant, afirma: Las cosas son en si mismas pero no podemos señalarlas directamente. Los hiperobjetos son entidades reales cuya realidad primordial es retirarse de los humanos (retirarse de nuestro acceso mientras permanezcan “normales”), quebrando la relación “moderna” entre mundo y humano.

La covalización del mundo podría ser una manifestación de relaciones interobjetivas  (Morton propone que la intersubjetividad es un caso particular de la interobjetividad) entre objetos que conforman una trama. Si volvemos a las redes esta trama puede ser caracterizada como una red y podremos caracterizar también algunas de sus propiedades. Aunque previamente habremos definido sus componentes y también sus relaciones, aunque seguramente no todas. Lo que podamos decir con respecto a esta red compleja, sus emergentes y el riesgo intrínseco que implican, será una aproximación analítica de un gran fenómeno que posiblemente sea un hiperobjeto del que no podemos tomar distancia.

La idea final de este sobrevuelo (limitado) podría resumirse en que mientras no tengamos en cuenta que estamos viviendo dentro del mismo objeto real (que existe aún sin nosotros) del que solo estudiamos algunas manifestaciones en escalas mucho más pequeñas, seguiremos viendo las tendencias de los discursos que mencionaba Julito al inicio del post.

¿Es posible entender aquello en lo que estamos insertos a partir de categorías de escalas de tiempo y espacio insignificantes en comparación con la de los hiperobjetos en los que estamos?

¿Es posible mantener la relación fenómeno-humano en cada uno de los análisis sobre un virus que se expande en un espacio-tiempo de interconexiones que han creado un hiperobjeto real y que solo vemos desde la relación entre sus componentes que recortamos para su análisis?

¿Qué terminará lo exponencial del aumento de la velocidad de la globalización? ¿Qué terminará lo exponencial del crecimiento poblacional? Tal vez cuando encontremos el límite tenga valor la idea de pensar en hiperobjetos.

Creo que estos son los problemas que tenemos hoy cuando este hiperobjeto se hace presente porque se muestra como “anormalidad”, pero que simplemente estuvo retirado de nuestra aprehensión. Tal vez es un buen momento para re-pensar en aquello que es real independientemente de nosotros y de nuestras construcciones efímeras con respecto a los tiempos de esas entidades. Especialmente cuando se piensa que todo depende de las relaciones entre voluntades como si lo real no existiera, estemos en este mundo, o no.

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