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Comentarios sobre la biografía de Steve Jobs

January 24th, 2012

Terminé queriendo seguir leyendo la biografía de Steve Jobs de Walter Isaacson. No sabía muchas cosas, y se otras que ni siquiera se comentan en el libro. Hacía muchos años que no leía un libro completo, desde la primera hasta la última página. Mi hábito de lectura es totalmente fragmentado y ramificado, con varias lecturas simultáneas, y entierro a aquellas que no disparan alguna idea.

La bio de Jobs, afortunadamente, no tiene un eje cronológico único, sino que matiza cronología con temas, y así es posible retomar distintas épocas según los ejes temáticos elegidos por Isaacson. Eso lo hace más entretenido y enfocado a los puntos que él consideró importantes y que me ayudaron a completar mi idea sobre Steve Jobs.

He visto personas, techies principalmente, que no lamentaron la muerte de Jobs y otras que al leer la biografía dejaron de utilizar productos Apple. Algunos fans se sorprendieron de lo duro que podría haber sido trabajar o negociar con Jobs. En mi caso fue algo muy inspirador, y considero que las cuestiones de personalidad suelen ser juzgadas desde el comportamiento esperable de los demás, especialmente en las esferas formales. En ese sentido Jobs hubiera sido un inadaptado, descortés, poco humilde, arremetedor, prejuicioso, entre otras cosas. Sin embargo, conozco personas muy entrañables que muestran esas características. ¿Qué tipo de mandamiento social dice que una persona debe ser “cool”? ¿atenta y considerada? ¿empática? ¿tolerante?… Sin dudas es políticamente correcto decirlo, pero nunca consideré estas características como determinantes de una persona. La mayoría de las discusiones importantes e interesantes que tuve en mi vida fueron con personas insensibles y despiadadas intelectualmente. Personas vehementes capaces de plantarse en sus ideas y llevarlas al extremo. Son mis mejores experiencias de aprendizaje, especialmente cuando de un momento a otro lo que se lleva al extremo es una idea distinta.

El Jobs despiadado no tenía matices, pero se integraba complejamente con niveles de sensibilidad muy poco frecuentes. La posibilidad de integración entre estas dos cosas justifica en parte sus juicios binarios. Su extrema sensibilidad puede ser compartida por muy pocas personas, lo que impide un estilo de comunicación basado en el consenso. Las personas brillantes no pueden ser juzgadas por los modelos “promedio”, basta con recordar aquel lugar común de que ante una obra “extravagante” suele decirse “son artistas, están medio locos”

Lo que probablemente irrite a algunas personas es la actitud de un tipo, en varios aspectos análogo a un artista, en un contexto de empresa. Incluso hay personas que piensan que ser músico es un trabajo… por lo que deberían comportarse de algún modo esperable. Pienso distinto: los verdaderos artistas son reservorio de libertad y arbitrariedad, de modos distintos de pensar, mirar y hacer las cosas. ¿Por qué eso valdría para un artista plástico y no para un empresario? Si ser artista es un trabajo, antes que una actividad creadora, suscribimos el modelo espantoso de la cultura industrializada, del mismo modo que trasladado a las empresas a los productos similares y no diferenciados que nos inundan. Eso es lo que Jobs no quería hacer. Es lo que no hizo.

Leer una biografía es sumergirse en la persona. En el caso de Jobs la persona está expresada en sus obras, tal como ocurre con los artistas, y como no suele ocurrir con personas promedio cuyas ideas no se manifiestan en lo que hacen. Por eso también es un reduccionismo juzgarlo desde una tabla comparativa de funciones técnicas de producto. De hecho, los que usamos Apple hace mucho tiempo tenemos serios problemas para explicar qué es lo que nos seduce de sus productos, y que yo sintetizo en una gran experiencia integral de usuario, que además no frustra.

El control es uno de los temas que recurren a lo largo de la biografía. Control por el diseño, y también por la centralización del tráfico de bienes culturales. Control en una época de conflicto profundo entre sistemas abiertos y sistemas cerrados. Sistemas que se justifican desde ideas. La cultura libre por una parte y por el otro esquemas de negocio de bienes culturales que están en crisis y que hasta iTunes no habían encontrado ninguna alternativa a la distribución “legal”. Editoriales y discográficas tienen una alternativa, pero los usuarios también: nada impide en iTunes agregar material desde otras fuentes que no sean la compra del material. Control en un mundo en el que el código abierto y la actitud de compartir libremente está presente en el hardware y en el software. Ningún hardware y/o software de código abierto ha logrado la experiencia de usuario que ha logrado Apple. Y sin embargo, al tratarse de compartir en las redes Apple no ha generado ninguna traba y hay softwares para hacerlo. ¿Cuál es el conflicto de los militantes del código abierto con respecto a Apple? una cuestión política encarnada en el modelo de la innovación colectiva. En este punto admiro ambos modelos. Por una parte resulta maravilloso el modo en que distintas comunidades logran innovar y crear en base a proyectos colectivos. Por el otro, el resultado de una mente brillante también resulta maravilloso y revolucionó nuestra relación con la informática y los contenidos durante 40 años. Agrego a esto que para algunos de nosotros también fue un indicador de aquello que toleramos o no de un producto, nos volvimos exigentes y despreciamos los productos que nos frustran. Aplaudo eso. Ambos modelos dan resultado, con la salvedad de que para que funcione el modelo del control prefiero que esté en manos de una persona brillante capaz de integrar nuestra experiencia, la tecnología y el arte.

Los estudios sociales de la tecnología, por otra parte, suelen abrir la discusión de la técnica y la innovación a un gran número de actores sociales. Es razonable que una sociedad pueda tener voz y voto acerca de su futuro en términos tecnológicos. Nuevamente se trata de modelos: comparto esa idea, pero no imagino cómo haríamos muchas de las cosas que hoy queremos hacer sin que alguien especial haya inventado el modo de hacerlo. Muchos de estos estudios tienen un espíritu regulador y de “limitación democrática” acerca de qué hacer o no con las distintas tecnologías. Otros se enfocan hacia la valoración de un modo de vida y sobre el estatus superficial e irrelevante que muestran nuestros hábitos de consumo. Comparto ambos de algún modo, pero sigo sin entender cómo a partir de ello es posible imaginar mundos distintos como lo hacen los artistas o los grandes inventores. ¿Hubiera existido Macintosh? ¿iPhone? ¿iPad? ¿Seríamos capaces de producir y compartir materiales como lo hacemos? ¿Entenderíamos a las computadoras? ¿Entenderían las computadoras lo que queremos que hagan? Lo dudo mucho… Nuevamente los personajes como Jobs no pueden ser juzgados por los modelos del promedio.

Apple es una empresa que fue vehículo para las ideas de Jobs. Como empresa muchos la juzgan como a cualquier otra, pero gracias al afán de control siempre tuvo presente algo que no está en otras empresas: el concepto de la perfección del producto por sobre el dinero y su trascendencia. De hecho la relación entre Jobs y el dinero es bastante distinta de la que mantienen la mayoría de los empresarios. Jamás estuvo en primer plano. Apple para Jobs no es un medio de vida sino una vía de creación. Como empresa, también, mantuvo prácticas orientadas a concretizar sus creaciones: fábricas, proveedores, etc. que podrían discutirse desde varios aspectos sociales e industriales, pero que finalmente siempre están en un segundo plano. La trascendencia se manifiestó constantemente al poner a sus productos como partícipes de un mundo mejor (“un lugar mejor”) pensando distinto que el resto de las empresas.

Tal vez el aspecto más impresionante de Jobs es el de la capacidad de integrar, no tanto cosas que ya existían sino la totalidad de los aspectos que hacen a la experiencia de los usuarios. Se trata de estética, innovación, función y especialmente nuevas categorías sobre las que pensar a la tecnología. Los productos de Apple no son meras herramientas o dispositivos que pueden intercambiarse alegremente por otros. Y esto no se trata de compatibilidad sino de que es la diferencia entre integrar tecnologías a nuestra vida versus rodearse de cajas funcionales irrelevantes. Socios versus herramientas. Según la propia concepción de Jobs: no querer rodearse de objetos a los que no admire…

Las personas especiales siempre entran en conflicto, o habitan en su propia construcción del mundo. Jobs hacía ambas cosas. Juzgarlo desde categorías promedio es como aniquilar el valor de los grandes artistas.

 

Apple, General, Steve Jobs , , , , , ,

Felíz Año Nuevo Conicet

December 28th, 2011

Que dentro de la racionalidad de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología el Conicet es una cosa obligatoria, de acuerdo. Que sería un reservorio académico de excelencia, de acuerdo. Que es el único lugar donde se hace investigación, no estoy de acuerdo. Que todos las líneas de investigación que consideran importantes lo son, no estoy de acuerdo.

Todos los países integran en algún lugar este tipo de instituciones que intentan garantizar el desarrollo disciplinar en las líneas que interesan a un país (suponiendo que quienes dirigen entienden y realmente son capaces de identificar correctamente estas líneas). Es un articulador entre investigación y producción, y por eso muchos no terminan de esclarecer entre “Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva”, “Conicet”, “Tecnópolis”, “INTI” entre otras cosas.

Discutí muchas veces con algunos beneficiados de becas, o que están haciendo carrera, sobre lo poco que duraría el bienestar que ellos defendían y que asociaban a los gobiernos K. Me cansé de hacerlo explicando que la cuestión científico-tecnológica no se resuelve con un aumento de sueldos e incrementando la cantidad de becas por unos pocos años. Insistí siempre en que esto no es sostenible y que era necesario pensar una política de largo plazo.

Lamento profundamente que se esté comenzando a ver que es insostenible, especialmente cuando aparecen los reclamos por los resultados de 2011.

El discurso oficial utiliza la correctísima estrategia de comunicación de crisis sacando a relucir los impresionantes números comparativos históricamente, pero los 1600 doctores que se formaron y que esperaban tener una perspectiva de carrera están en la calle bajo el argumento que se pueden insertar en el sector privado. ¿Para qué quiere el sector privado a un doctor? ¿De verdad alguien cree que las certificaciones garantizan que una persona es útil o no a una organización?

Algo se está acabando, el reparto de la torta no es el mismo, y huelo menos estrategia que administración presupuestaria… pensar que se publicó en todos los medios que se había recuperado el Gran Capitán (sí, el tren a Posadas que a veces sale y nunca llega) y fue una de las mentiras más descaradas. Que el Conicet no sea como el Gran Capitán.

 

Ambito académico, Ambito público, Argentina, Conicet, Poder Ejecutivo , ,

Revolución, desobediencia civil, Argentina 2001

December 20th, 2011

Descontento social y explosión parecen ser conceptos bastante aproximados para describir lo que pasó en diciembre de 2001 y después en Argentina. La crisis de 2001, sin embargo, podría haber inaugurado una nueva era en nuestro país pero se diluyó tímidamente en lo que después se suele englobar bajo la idea de la “salida de la crisis”.

A veces pienso en que todo explotó como una señal de que algo debería cambiar, pero por otra parte la explosión fue muy relativa. No hubo revolución, ni desobediencia civil (salvo que se considere como tal el desoír un estado de sitio decretado por un presidente sin autoridad durante un día)

Durante las marchas y saqueos hubo 39 muertos en todo el país y cientos de asambleas populares y piquetes. De estas asambleas algunas se desarrollaron y organizaron, algunas orientadas a asistencia y otras orientadas a una voz alternativa al sindicalismo peronista tradicional. Hoy, 10 años después, existen organizaciones hijas de esa crisis como Barrios de Pie o Libres del Sur, la marcha, los piquetes, los cortes son el modo de ser escuchados. Dan por sentado que alguien debe financiarlos y lo exigen. Desde los Derechos Humanos hasta nuestra Constitución que los suscribe dicen garantizar el derecho a la vida, a la subsistencia y al trabajo digno. 10 años después una enorme cantidad de esos derechos tomaron la forma de deudas sociales, porque no se trata solamente de llegar a fin de mes, también se trata de la perspectiva, de tener proyectos y de poder participar de actividades culturales. No sólo de pan vive el hombre…. y si de pan solo vive, no es una vida digna.

Una Alianza debilitada (De la Rua y el huído Chacho Alvarez) frente a un peronismo bonaerense duro (Duhalde y Ruckauf) fue el marco político. Pero esta controversia de faltas de apoyo en conjunto con medios de comunicación que por un lado mostraban las debilidades de De la Rua y por el otro no podían sembrar el pánico de una caída tan destructiva, fueron el marco coyuntural, por debajo se cerraban los 10 años de la Convertibilidad de Menem, que fueron sólo un tramo de la vigencia Constitucional después de la última dictadura militar.

La Constitución triunfó por sobre todo. La continuidad se desarrolló bajo la vigencia de la Constitución como lo hizo ante la salida anticipada de Alfonsín. No hubo revolución porque no hubo cambio en las reglas de juego ni tampoco hubo desobediencia civil por desobedecer un estado de sitio decretado por alguien sin poder. La desobediencia civil se da masivamente sobre las normas vigentes, y la revolución busca quebrarlas y a veces hasta con propuestas de cambio. Las normas no cambiaron.

Nuestras decisiones políticas indican a qué nos sometemos.

 

Pero sería increíble recorrer el mundo y ver a qué se someten distintos pueblos… Consagrar la Constitución parece ser el sometimiento democrático más razonable, pero cuando una clase política se apropia de ella (las interpretaciones que armonizan las acciones y lo escrito) resulta que nos sometemos a esa clase política y no a la Constitución. Incluso si pensamos que a las instituciones las hacen las personas (y entonces podríamos relativizar todo porque significaría que las instituciones no trascienden a las personas), el foco de la infección es el mismo: la “clase política”. La clase política que es la minoría que gobierna a la mayoría, y que relativiza a cualquier sistema.

¿Quiénes pueden participar democráticamente del destino del país? sólo aquellos que están organizados, es decir que para participar alguien debe liderar y conducir. Así se profesionalizaron los representantes, que trabajan de ser representantes, y son profesionales de la representación. Es tal el nivel de complejidad y disponibilidad que demanda tal tarea que es imposible que una persona común pueda participar de la organización de las fuerzas políticas. Por decirlo de otro modo: no tenemos otro camino que delegar en representantes toda nuestra realidad común en personas que tienen una imagen del mundo completamente distinta a la que tiene cualquier persona. Es la arena de la clase política. Un grupo de personas que son colegas y potenciales socios para cualquier aventura y estructura “representativa”, y que es capaz de gestionar toda norma para lograr “representatividad”. Todo este mecanismo no es más que el proceso por el que un grupo termina conformando la elite que gobierna. Cuanto más difícil es participar de este proceso, menos democrático es el sistema. Y este es el sistema que tenemos, poco democrático, y con una minoría que se retroalimenta, incluso intergeneracionalmente.

Nos sometemos a eso: decidimos que esto sería la referencia suprema para nuestro destino común, y estamos sometidos, entonces, a ellos. Ni desobediencia ni revolución, continuidad. Sometimiento a normas que preservan el modo operativo de esta clase política, cuyo control se escapa de la capacidad de los ciudadanos que observamos, sometidos, el enriquecimiento casi sin excepción durante las gestiones de gobierno.

Visto a la distancia, entonces, la crisis argentina de 2001 es una muestra de a qué nos sometemos. La continuidad Constitucional, tal vez por temor a situaciones pasadas (y esta es la parte buena), fue nuestro sometimiento y aquello que aseguró el desarrollo de esta clase política (la parte mala). El juicio que tendremos dentro de un tiempo de estos diez años seguramente no será el mismo que el que hacen hoy los felices que disfrutan de las bondades de este gobierno, más bien preveo que podrá ser tan demonizado como los anteriores. Tal vez al fin de este proximo ciclo hayamos generado más valentía para cambiar nuestras decisiones políticas y, entonces, nuestro sometimiento.

Curiosamente, cada vez que discuto este tema, hay quienes hablan de “anticonstitucionalismo” o “golpe”, cuando la interpretación correcta del sentido de elegir a qué nos sometemos tiene que ver con la liberación del gobierno de una elite que ha sabido mantenerse lejos de los ciudadanos usufructuando el sistema. Tiene que ver con la participación y con cómo asegurar la representatividad que deberían ostentar.

Haciendo un ejercicio contrafáctico, especulando, se me ocurre que los Kirchner en los 90 hubieran hecho lo mismo que Menem, y que Menem en los 2000 hubiera hecho lo mismo que los Kirchner. Si así fuera, ni siquiera tendría sentido discutir el sometimiento constitucional sino pensar sobre los grados de libertad que pudieran tener los gobernantes según las relaciones regionales e internacionales, donde la Constitución es relativa y la elección de los socios no tiene un sentido necesariamente relacionado con ella. Si nuestras decisiones políticas indican a qué nos sometemos, y la “clase política” es quien lidera el sometimiento, dejamos en sus manos también el sometimiento regional y global. Así tenemos “países amigos” cuyo sentido de la democracia cuando leen el mapa global es al menos sospechoso. Era Estados Unidos con Menem y es Venezuela con Kirchner.

Continuidad. Ni revolución, ni desobediencia. Perdimos la oportunidad en 2001. Tenemos que aprender a decidir a qué estamos dispuestos a someternos. Basta de cornisas, basta de saltar.

Ambito público, Argentina, General , , , , , , , , , , , , ,

2001, ilusión de alfa y omega

December 18th, 2011

Guardo un tachito que una empresa privatizada había enviado para algún fin de año de los 90 con un pan dulce. El tachito está abollado como si un batallón lo hubiera pisoteado durante su marcha. Los bollos son míos, hechos en la calle, una y otra vez.

Diciembre de 2001 ya había comenzado con algunas medidas para frenar la fuga de dinero. Pero esto es una parte del problema, de hecho no comparto las afirmaciones simplistas de que la crisis argentina de 2001 fue un problema del “bolsillo”

Diciembre de 2001 es un momento cómodo para definir “antes y despueses” como si algún “todo” hubiera terminado o comenzado. De hecho hubo más continuidades que rupturas, las primeras no deseadas y las segundas secundarias.

EL 19 tenía algunas cosas en mi heladera para brindar por mi cumpleaños. No podía creer que realmente el “pueblo” en todas partes del país estaba unido haciendo un reclamo que todos valorábamos (había cientos de asambleas y cortes en todo el país). Esto no eran piquetes sectoriales, o un gremio pidiendo por su salario o un compañero preso, o por cualquiera de las razones (muchísimas veces mínimas) por las que varios años después cualquiera cortó cualquier calle en cualquier momento.

Había aroma a acefalía, que por primera vez sentí con mucha fuerza. Se podía tocar el sueño de barrer con la “clase política”, hacer desaparecer a un conjunto de personajes explotando un sistema que se habían hecho a su medida en 1994. No era Menem solamente, eran todos. Las asambleas tenían practica deliberativa callejera, no se trataba de eso que finalmente era una práctica política que tarde o temprano iba aseguir siendo funcional al sistema político de siempre (y sino, veamos los ejemplos de cómo los que emergieron hoy son políticos, algunos diputados, con caja y cierto grado de representatividad).

Todo quedó en la heladera porque entre temerosos y mi decisión de estar en la calle (por primera y última vez) mi cumpleaños sería abollar el tachito a puro grito.

Los medios tradicionales eran los que informaban, en la Web casi todos tardaban más en publicar que en emitir por radio y TV, los sucesos eran instante a instante, los medios en tiempo real fueron los protagonistas. No había Twitter, y no se podía chequear cuánto tardaba Wikipedia en actualizarse. Fernando De la Rua hablaba por cadena nacional, y cada frase hacía hervir más la bronca. En las calles los cantos de protesta se dirigían a los bancos, a Domingo Cavallo, y a “que se vayan todos”

Crónicas hay miles, tal día ocurrió esto y tal otro día aquello. La palabra “represión”, “popular”, “saqueo”,  ”confiscación”, “corralito”, y gran variedad de insultos y ridiculizaciones circulaban en las calles y en los medios. Algunos huyeron antes. No se iban con un proyecto de vida, se iban porque era insoportable seguir aquí. Otros huyeron después.

La convergencia de “malos humores” fue explosiva: los anti-menem juntaron sus fuerzas de 10 años de bronca, los pro-menem no entendían cómo en un par de años todo se había descalabrado, los moderados no toleraron que De la Rua no haya podido enderezar lo que se estaba cayendo visiblemente desde 1997. Todos tenían alguna razón para quejarse, que además coincidía con medidas que económicamente parecían ser razonables pero que socialmente no eran digeribles.

Poco trabajo, personas saqueando bolsas de arroz, ahorristas estafados (claro, técnicamente “estafa” sería otra cosa, y entre la cuestión de los encajes y la fuga todo puede explicarse… como siempre todo puede explicarse desde los bancos…), todo se dirigía al mismo punto: no los queremos, nos engañaron, no confiamos, no nos representan. ¿Que los saqueos fueron impulsados? ¿que los muertos de la Plaza fueron víctimas de una cadena de órdenes confusa/desobedecida? ¿que no se puede devolver el dinero que no se tiene?

El problema de poner al derecho por sobre todo es que todo termina en la judicialización, que para semejante fenómeno social refleja solamente una ínfima parte de lo que fue diciembre de 2001. La judicialización hace que todo vuelva a la normalidad: si hay cuestiones técnicas en los bancos, también las hay en la justicia, y los culpables e inocentes son nominales y funcionales a los procesos judiciales. La justicia es otra cosa. Luego de 2001 los juicios siguen siendo lo mismo, y los bancos también.

La Argentina “de mentira” de los 90 no es tan distinta que la Argentina actual. Ambas décadas construyen el mito del gobierno exitoso en base a la posibilidad de financiación de la construcción pública de ese discurso. Las fuentes de financiación son distintas, la lógica es la misma. El sistema es el mismo. Y los habitantes de ese sistema (los políticos)… también! Nada de lo que hizo crecer a la Argentina (quitando el efecto “rebote” obvio) durante los últimos 10 años hubiera sido posible sin el aprendizaje de los 90. En los 90 aprendimos que Argentina podía adoptar tecnología y crear servicios. El caso del campo tecnologizado es el único que exporta en serio, posible por los 90, cosechando en los 2000. Los servicios que se exportan se basan en las experiencias e infraestructuras de los 90. Los emprendedores aprendieron en los 90 y operan hoy. La demonización de los 90 como discurso mesiánico se contrapone con la vocación asociativa de los peronistas militantes hoy en el gobierno (que aprueban leyes contrarias a lo que ensalzan: sus ideas) con el gobierno de los 90. Son los mismos. No se fueron. Mismo sistema, misma lógica. Ninguna acefalía. Se salvaron del naufragio y repararon las naves hasta tener hoy una flota indestructible… como se percibía a la flota del 97.

Los amigos y enemigos políticos son circunstanciales, me causa mucha gracia cuando se agravian públicamente. Todos son socios potenciales. Luego están los grupos sushis, cámporas y demás sanguijuelas instrumentales. En 10 años hay algunos que murieron y otros que nacieron que aprenden a velocidades asombrosas los vericuetos de este espacio inextricable para todos los demás. Mientras tanto ahí están los pobres, los sin trabajo y los excluidos. Porque están, y son muchos, pero para saberlo hay que medir decentemente.

Claro que hay habilidad política: pegar donde duele, mostrar justo lo que está podrido, etc. La violencia y fractura será un costo. Criar cuervos siempre estuvo desaconsejado. ¿Qué habrá al final del ciclo? seguramente nada muy distinto a todo lo que puede dar asco de los 90. Otra continuidad. 2001 en Argentina es una demostración clara de cómo un sistema es capaz de sobrevivir. 10 años antes y 10 años después de 2001 el sistema es el que manda. Algunos lo llaman “representativo” pero a esta altura (y si viviste el 2001) esa nominación debería arrancarte una carcajada.

2001. Es una marca. Un estigma. Un momento en la historia que se identifica como singular, donde pararse para mirar hacia atrás o hacia adelante. Pero es un punto de continuidad también: el descabezamiento (la acefalía) del Poder Ejecutivo se resolvió constitucionalmente, y este es tal vez el único mérito de todos los que deberían haberse ido.

Trabajo hace más de 20 años. Los primeros fueron buenos, los segundos no. Me cuesta concebir que las mismas estructuras habitadas por los mismos personajes tengan el compromiso que queremos, salvo que vivamos (o provoquemos) algo que haga las veces de diciembre de 2001. En una de esas tendría otro gran cumpleaños.

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4 Sociedades Digitales 2011 #sd11

November 24th, 2011

Ciertamente el Gobierno Abierto, el Software Libre y demás cuestiones tienen una enorme impronta política, y son discusiones cuyo fondo está relacionado con valores democráticos y características deseables como la de participación y transparencia. Considero que foros de este tipo son fundamentales para la organización de los Estados, especialmente por la necesidad de su cercanía a la ciudadanía, en términos de país. Muchísimas personas en el mundo tienen apego por su país (el país grande y el pequeño terruño más aún) por lo que todas estas discusiones son buenas en tanto consideren aquello que es valorado por las comunidades.

Sociedades Digitales 2011

Sociedades Digitales 2011 a sala llena

Estuve en el Cuarto Foro de Sociedades Digitales prestando especial atención a las características de los discursos para intentar discernir si alguno de los participantes se escaparía de los supuestos del discurso general. Me refiero a las valoraciones conceptuales acerca de qué cosa es más o menos importante que otra, e incluso dependiente, o aun determinantes.

No es que me haya sorprendido, más allá de conocer mejor algunos programas, ideas y datos específicos; sino que es muy sencillo comprobar que toda persona que está en la gestión pública considera a la política como aquel concepto del que depende todo lo demás. Todo. Recordaba entonces que en alguna época se criticaba a la Edad Media occidental por su apego al Cristianismo y en especial por la imposibilidad de discutir aquello que se da por sentado: el dogma. Muchas aproximaciones filosóficas y sociológicas contemporáneas vislumbran lo mismo con respecto a la ciencia, y en muchos otros casos esta crítica se extendió a la tecnología. Es decir que tanto ciencia como tecnología se han convertido en dogma.

En algunos ambientes el dogma es la política, como origen, gestión y fin de todas las cosas. Esta es la apreciación que tengo de la mayoría de los políticos en gestión. Subsumir a la tecnología bajo el ala dogmática de la política puede ser útil en muchos casos, pero no puede sostenerse desde el punto de vista conceptual. Entiendo los discursos, comparto algunos, incluso simpatizo con algunos programas y algunos valores que manifiestan. Pero no puede subsumirse la tecnología a la política.

¿Cómo es fácil darse cuenta de esto? lo más contundente es la constante instrumentalización que se hace de las tecnologías bajo la mención de la idea de “herramientas” o conceptos cercanos. Herramientas más, herramientas menos, se contradicen cuando explican que las personas terminan siendo protagonistas de cambios profundos en sus vidas a causa de la apropiación de las tecnologías. Es decir que no fueron “tan instrumentales”, que para que se produzcan determinados cambios hay tecnologías que no tienen reemplazo y que para significar y resignificar la tecnología no es neutral. No son vehículos neutrales de la cultura. Me parece más que suficiente como para abandonar  las posiciones neutralizadoras.

Claro que nada de esto tiene que ver con el esfuerzo que hizo la Fundación Sociedades Digitales por un evento en el que vale la pena seguir trabajando, y algunos de sus miembros en quienes se notó muy claro el compromiso y la fuerza. De paso: felicitaciones.

 

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