Durmiendo con Pokemones

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Como siempre me importa muy poco si el negocio es bueno o si el fabricante del juego mejoró su cotización en la bolsa de valores. No se trata de eso, de hecho nunca se trata de eso. Se trata, siempre, de qué nos pasa cuando algo aparece en nuestras manos. Por lo tanto, y lo dejo bien clarito, mis temas no son cuán saludable es el bolsillo de alguien, ni me parece un argumento relevante para analizar “las cosas”.

Tampoco resulta muy apropiado la idea de que salir frenéticamente a buscar Pokemones sea “un juego”, como si esa sentencia invalidara cualquier otro juicio que uno pudiera hacer. Micky Vainilla también “sólo hace pop, para divertirse”…

Con respecto a Pokemon Go parece muy divertido y una aplicación de la realidad aumentada que al fin se masificó porque hasta ahora muy pocas personas utilizaban estas funciones. Probablemente porque entre el GPS y el tráfico de datos, la batería se consume rápidamente y la factura de las operadoras aumentan… aunque estas cosas hoy no parecen importar demasiado.

¿Cuál es el problema?

Hasta hoy las muestras de rebeldía y la violencia sobre un espacio eran más o menos evidentes. Era necesario que alguien físicamente opere en relación a un espacio físico, para pintar, invadir, romper o realizar un rito de algún tipo. Estos espacios desde hace muchísimo tiempo tenían una representación simbólica, no solamente a través de sus nombres sino también a través de mapas y desde hace poco representaciones informáticas como la información georreferenciada.

La realidad aumentada aprovechó este nivel de desarrollo informático de la mano de la posibilidad de procesamiento de los dispositivos permitiendo en tiempo real combinar las imágenes que se toman desde una cámara, y ayudados por sensores que informan sobre la dirección en el espacio del dispositivo junto con su ubicación vía GPS, relacionar distinto tipo de información adicional a la que se ve desde la cámara. Por ejemplo, frente a un monumento que se filma en tiempo real podemos conocer información de su estructura, símbolos, autores, datos históricos, etc.

Lo que tiene que ocurrir simultáneamente es la posibilidad de que nuestro dispositivo pueda ser ubicado globalmente, que esté en condiciones de acceder a Internet, y que las apps que utilizamos tengan acceso a la cámara. En el caso de un juego como este también es necesario crear una cuenta con nuestros datos.

Hasta aquí nada parece demasiado problemático (bueno, no más que Facebook). Sin embargo, dejando de lado el espectáculo de pequeños tumultos de personas buscando animalitos virtuales raros, el problema comienza con el sentido de ciertos espacios. Ya sabemos que “lo virtual” no es “lo físico”, pero si hay una característica que hace que la realidad aumentada tenga algún sentido es la relación biunívoca entre “lo virtual” y “lo físico” con respecto a los espacios. Por lo tanto, cualquier app que pueda representar virtualmente un espacio a través de estas tecnologías, es una representación de un espacio físico concreto.

Distintos espacios físicos pueden significar distintas cosas para distintas personas. “Mi casa” tiene un significado fundamental para mi vida y ninguno para personas que no conozco. Un monumento en una plaza tiene significado para quienes conozcan al personaje, o sobre qué se conmemora. Una iglesia, mezquita, sinagoga, tiene un significado muy importante para algún grupo de personas y no para otras. Ciertas actividades como la de docencia en una escuela implica una serie de significados y valoraciones que pueden importar a muchos y no a otros.

Damos sentido, significado y valoración a los distintos espacios.

El problema comienza (recién comienza) cuando espacios con distinto significado (incluso sagrado) para ciertos grupos se homogeneizan en una totalidad global de espacios alcanzables por GPS con el objetivo de ser parte de un juego.

pokemonplaces

Que el GPS sea global y que no diferencie entre espacios de ningún tipo no legitima que haya pokebases, pokemones, o poke-lo-que-sea en cualquier parte. Eso es invasión y violencia (similar a la de Uber) por parte de los fabricantes que, es evidente, no dan ninguna importancia al significado que pueden tener ciertos espacios para algunas personas. Desde ese punto de vista, Pokemon Go es un juego que claramente puede ser juzgado desde su falta de consideración acerca valores de distintos grupos.

Japón tuvo que pedir que Hiroshima y Nagasaki queden fuera de la invasión de los pokemones, espero que muchos podamos pedir exceptuar otros lugares. Comencemos por las iglesias, los espacios de la memoria, los museos de la Shoá, los museos de bellas artes, las escuelas y universidades…. y es para discutir y seguir pensando si el espacio público no debería excluirse también. De otro modo estamos aceptando que un juego homogeneiza de modo unilateral el sentido de algo tan sustancial en la vida humana como los espacios. O dicho en términos de Augé: se trata de la conversión de todos los espacios a la categoría de no-lugares, a que nada quede como un espacio antropológico.

Agregado:

Cuando un grupo de personas no comparte creencias y valoraciones, pero respeta a otro grupo se autoexcluye de ciertos espacios, o los visita con curiosidad y respeto. Lo que fomenta Pokemon Go, si se mantiene como juego en todos los espacios, es el no respeto por los espacios que otros respetan. La cuestión del “otro”, entonces, se convierte en la cuestión principal, dado que dentro del juego ese espacio que no hubiera visitado, comienza a ser un espacio “habilitado” (según el juego) para ser invadido en busca de pokemones.

 

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