Al mismo tiempo que impulsaba la red de música experimental argentina a partir de la iniciativa de Maia y Eugenio, y ya habiendo leído hacía tiempo a Russolo y sus elogios a los sonidos de las máquinas de las ciudades, me propuse sistematizar un poco la experiencia del sonido de las cosas. Por eso simultáneamente me estaba inscribiendo en una Maestría de Arte y Estudios Sonoros, apoyando expresamente la idea de que los sonidos urbanos pueden ser obras. También intentaba ingresar un proyecto de investigación, donde los entornos, especialmente la ciudad, son clave para discurrir sobre las mediaciones tecnológicas que me interesan. También la ciudad que disfruté siempre, entre tantas otras ciudades del mundo, me encontró participando de los Jane’s Walks de Buenos Aires, y me propuse estirarla durante varios semestres como un escenario para romper las aulas y salir a aprender de ella.
Había hojeado más o menos intensamente recorridos temáticos de cortes de cabeza en Buenos Aires, como otros rasgos de las grandes ciudades latinoamericanas. Jugamos en alguna asignatura con una lectura crítica de las Smart Cities, cruzando el solucionismo tecnológico como una lectura alternativa; a la vez que atajaba decenas de estudiantes extranjeros en otra universidad para hacerles una lectura cultural y activa de Buenos Aires.
Jugué en mil clases a pensar la ciudad como lugar o no-lugar para intentar analogías pseudofecundas con los entornos online. Tomé exámenes caminando por las calles, confundidos con una conversación final que volvía a desnaturalizar algunos rincones, las estructuras que nos topábamos, y comportamientos aleatorios de las personas situadas.
Critiqué la lógica del “control como forma de orden” para dar lugar al problema de mi tesis sobre la legitimación de las tecnologías mientras participaba de la construcción y destrucción de una ciudad temporal en varias ediciones de Fuego Austral.
Repetí hasta el cansancio que habitar es en parte lo que tenemos entre las estructuras y la agencia… algo que resulta de una evidencia violenta en una gran ciudad.
Entre todo esto llegó Urbanofilia. Y me puso contento.
Mirá como empieza:
“Las ciudades tienen la capacidad de ofrecer algo a todo el mundo, sólo porque, y sólo cuando, son creadas por todo el mundo”
Jane Jacobs

01 La cuadra (Federico Poore)
02 La calle (Laura Zilliani)
03 El barrio (Felipe González)
04 La ciudad (María Migliore)
P.D. Cada vez me gustan más los “libros síntesis” que disparan reticularmente hacia mil enlaces multi/hiper/trans/disciplinares. Los “libros sesudos” son fundamentales, pero la apertura (comprender que hay “algo ahí que nunca vimos”) está en la contundencia de la brevedad.