Laudato Si, ¿una Encíclica CTS?

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Una Encíclica es un documento muy relevante de un papado y, teniendo en cuenta la circulación de contenidos actual, se vuelve aún más relevante. Sin embargo, son documentos que no despiertan tanto interés general y suelen ser comentados y discutidos en los ámbitos afines a la Iglesia. Informalmente (sin ser experto) podría decir que es una forma de conectar la vocación, la mirada, la visión de un Papa con las circunstancias de su papado. Estas circunstancias, obviamente cambiantes, se compone de las distintas dimensiones de la realidad. Es evidente que un mensaje de este tipo también integra (nuevas) interpretaciones sobre cuestiones de fe y traza una dirección para el resto de la jerarquía eclesiástica. Pero no soy un experto para explicarlo rigurosamente.

Simplemente debo decir que me sorprendió (gratamente) que la Encíclica Laudato Si se ocupe de la cuestión ecológica (en sentido amplio), pero más me sorprendió el enfoque. Más bien en forma contemporánea a las evidencias de la explotación laboral Rerum Novarum de Leon XIII a finales del siglo XIX hacía observaciones como esta “no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios“. Pablo VI, contemporáneo al Mayo del 68, Concilio Vaticano mediante, inicia Populorum Progressio diciendo: “El desarrollo de los pueblos y muy especialmente el de aquellos que se esfuerzan por escapar del hambre, de la miseria, de las enfermedades endémicas, de la ignorancia; que buscan una más amplia participación en los frutos de la civilización, una valoración más activa de sus cualidades humanas; que se orientan con decisión hacia el pleno desarrollo, es observado por la Iglesia con atención. Apenas terminado el segundo Concilio Vaticano, una renovada toma de conciencia de las exigencias del mensaje evangélico obliga a la Iglesia a ponerse al servicio de los hombres, para ayudarles a captar todas las dimensiones de este grave problema y convencerles de la urgencia de una acción solidaria en este cambio decisivo de la historia de la humanidad“. Juan Pablo II mientras nos asombrábamos de la caída del Muro de Berlín publica Centesimus Annus advirtiendo que el marxismo había instrumentalizado a la pobreza, pero que ante su debilitamiento otras ideologías son igualmente peligrosas: “Existen, además, otras fuerzas sociales y movimientos ideales que se oponen al marxismo con la construcción de sistemas de «seguridad nacional», que tratan de controlar capilarmente toda la sociedad para imposibilitar la infiltración marxista. Se proponen preservar del comunismo a sus pueblos exaltando e incrementando el poder del Estado, pero con esto corren el grave riesgo de destruir la libertad y los valores de la persona, en nombre de los cuales hay que oponerse al comunismo. Otra forma de respuesta práctica, finalmente, está representada por la sociedad del bienestar o sociedad de consumo. Ésta tiende a derrotar al marxismo en el terreno del puro materialismo, mostrando cómo una sociedad de libre mercado es capaz de satisfacer las necesidades materiales humanas más plenamente de lo que aseguraba el comunismo y excluyendo también los valores espirituales. En realidad, si bien por un lado es cierto que este modelo social muestra el fracaso del marxismo para construir una sociedad nueva y mejor, por otro, al negar su existencia autónoma y su valor a la moral y al derecho, así como a la cultura y a la religión, coincide con el marxismo en reducir totalmente al hombre a la esfera de lo económico y a la satisfacción de las necesidades materiales“.

Hasta aquí una pequeña muestra poco sistemática de la conexión de las encíclicas con las circunstancias de cada momento histórico. Ahora la carta de Francisco. Laudato Si se subtitula “sobre el cuidado de la casa común”, y lo común también fue parte de otras encíclicas que advertían sobre ciertos peligros de lo privado. Pero lo común no puede confundirse con lo público, cuestión que está tomando una relevancia especial por estos años.

La “casa común” debe cuidarse, pero no solamente por la visión cristiana del “cuidado de la creación” sino también porque es responsabilidad humana. El primer capítulo es contundente, y riguroso, transitando un diagnóstico fundamentado sobre contaminación y cambio climático, cultura del descarte, el clima como bien común, el agua, la biodiversidad y las consecuencias como deterioro de la calidad de vida, la degradación social, la inequidad planetaria; además de las críticas a las acciones que se han tomado frente a estos problemas. Es decir: la agenda ecológica y social que advertimos en el campo de los estudios sociales de las tecnologías.

El segundo capítulo sí ingresa en la mirada desde la fe. Pero vuelve en el tercer capítulo recargado de fundamentaciones científicas sobre la “raíz humana de la crisis ecológica”. Dispara directamente hacia la tecnología, la globalización, y el antropocentrismo. El cuarto capítulo es propositivo. Propone una serie de criterios que pueden llamarse “cristianos” junto con otros que secularmente pueden perfectamente inspirar a la actividad política, que pueden guiar el sentido de alguna respuesta satisfactoria frente a los problemas de la casa común. Lo común, insisto, es central frente a lo privado y a lo público. El capítulo quinto es un recuento de de las instancias en las que se discute y se decide, también buscando instalar nuevos criterios. Queda el capítulo sexto que vuelve a la fe en relación con los planteos previos.

Sin hacer un análisis extenso resulta de especial interés el registro de una exhortación papal alineada de un modo tan profundo con la agenda de las ciencias naturales y también con la agenda de las ciencias sociales ocupadas de los problemas tecnológicos. Los estudios CTS son un campo multidisciplinario cuyos objetivos resume (entre muchos otros) Lopez Cerezo de este modo: “En efecto, decíamos antes que dos objetivos principales de la investigación académica y de la política pública de inspiración CTS son, por un lado, la contextualización (desmitificación) de la ciencia y la tecnología, y, por otro, la promoción de la participación pública en contra de los estilos tecnocráticos de ordenamiento institucional.

Laudato Si dispara contra el corazón de la tecnocracia tanto como al modo de explotación de recursos tal como lo conocemos: “Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.

La actitud de dominación frente a los hombres, pero también frente a la naturaleza, o sea a los commons, también es tema de estudio de la cultura del desarrollo tecnológico en los estudios CTS, además de la racionalización del modo de relacionarnos con la naturaleza de un modo más adecuado a través de la sobriedad y del cuidado, ideas que llevadas al extremo han inspirado a pensadores como Illich o Latouche.

La relación entre pobreza y fragilidad del planeta en función de nuestras decisiones es otro punto importante. Pero es de destacar el planteo del paradigma de la complejidad a través de la idea de que todo está conectado y que ello implica riesgos, como podría verse en Giddens o en el estudio de la incertidumbre de cualquier sistema complejo. También propone encontrar otro modo de entender la economía, como asumir la responsabilidad política: “la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida.

Existe una larga tradición del pensamiento crítico en los estudios CTS que han marcado insistentemente en que el capitalismo y las tecnologías que produce son nocivas para la vida de las personas y para la naturaleza. Estos diagnósticos parecen estar presentes en forma permanente a lo largo de la encíclica, incluso pidiendo políticas, lo mismo que piden las miradas críticas: “esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo. Por eso se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas“.

En mi tesis de doctorado trabajo sobre criterios para pensar un modelo diferente de desarrollo tecnológico, donde los commons son especialmente importantes, y apenas han sido incluidos en los estudios CTS en su verdadera dimensión, dado que tienden a “estatizar” al procomún en contra de su privatización, cuando en verdad los commons no deben ser privatizados, pero tampoco estatizados, y que la encíclica ejemplifica, entre otros, como: “Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable.“.

No sólo dedica espacio a la privatización de la naturaleza sino también a los espacios urbanos apuntando a los “descartables” de la sociedad sin acceso al disfrute de bienes básicos. Como un derivado, también incluye las ideas de progreso dentro de un diagnóstico de un mundo no deseado/deseable a través de pruebas muy evidentes: “Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera degradación social, de una silenciosa ruptura de los lazos de integración y de comunión social.

En línea con algunos espacios CTS también involucra nuestra pobreza con la proliferación de datos y medios digitales que al ser omnipresentes quitan la posibilidad de reflexión. Las desigualdades se dan entre personas y también entre países, apunta la carta a la dimensión ética de las relaciones internacionales, que recuerda claramente a tantos ensayos sobre las desigualdades norte-sur, este-oeste, y cuantiosos análisis del equilibrio de poder planetario, deudas externas, inacción de muchos países, fracasos de las cumbres, todo incluido.

Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas. Muchos dirán que no tienen conciencia de realizar acciones in- morales, porque la distracción constante nos qui- ta la valentía de advertir la realidad de un mundo limitado y finito. Por eso, hoy «cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.

La crítica a la tecnocracia es centro del capítulo tercero, donde recoge el aspecto de la intervención humana en el problema ecológico. Derriba, como en cualquier enfoque CTS, la neutralidad, y la autonomía tecnológica: “es posible volver a ampliar la mirada, y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral. La liberación del paradigma tecnocrático reinante se produce de hecho en algunas ocasiones. Por ejemplo, cuando comunidades de pequeños productores optan por sistemas de producción menos contaminantes, sosteniendo un modelo de vida, de gozo y de convivencia no consumista. O cuando la técnica se orienta prioritariamente a resolver los problemas concretos de los demás, con la pasión de ayudar a otros a vivir con más dignidad y menos sufrimiento.”

La alienación tecnológica se presenta de este modo: “Pero no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos dan un tremendo poder. Mejor dicho, dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo. Basta recordar las bombas atómicas lanzadas en pleno siglo XX, como el gran despliegue tecnológico ostentado por el nazismo, por el comunismo y por otros regímenes totalitarios al servicio de la matanza de millones de personas, sin olvidar que hoy la guerra posee un instrumental cada vez más mortífero. ¿En manos de quiénes está y puede llegar a estar tanto poder? Es tremendamente riesgoso que resida en una pequeña parte de la humanidad.

Termina el capítulo con criterios para pensar en una nueva antropología que reconecte a la humanidad con la naturaleza, involucrando la importancia del trabajo. El capítulo cuarto habla de una ecología integral, multidimensional. Una ecología que, como los diagnósticos que hemos comentado, también suelen encontrar algunos rasgos de los estudios CTS.

Es doblemente interesante que Francisco se haya ocupado de escribir esta carta. Por una parte, es claro que los problemas son serios y los estudios CTS evidentemente se encuentran lo suficientemente maduros como para ser tomados por un documento de este tipo; pero por el otro revitaliza la investigación (naturales y sociales) dado que amplía la presión por cambiar sistemas que ya no deben sostenerse desde una institución mundialmente influyente. Ya no son solamente un conjunto de académicos o grupos políticos, sino que se configura de a poco una mirada más integral sobre los problemas que estamos enfrentando y que deberemos enfrentar en el futuro inmediato. En ese sentido, mi tesis sobre las “tecnologías entrañables” comparte conceptualmente mucho de estos diagnósticos, y esta encíclica no hace más que alegrarme porque es otro indicador de que estamos en el buen rumbo.

Los demás capítulos, quedarán para otros comentaristas…

4 responses on “Laudato Si, ¿una Encíclica CTS?

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