Muy cerca o muy lejos, en los dos casos no se ve, ¿qué es?
Haciendo 20 minutos de café con Ana María Andrada hablábamos acerca de los examenes finales de algunos alumnos de 2007, de sus formas de relación de conceptos, o de la falta total de relaciones. Entre ellas, el concepto de transparencia, que desde un optimista McLuhan o un pesimista Scolari, tendrá que ver con la naturalización y con la evidencia de aquello que nos conecta con otras cosas.
El caso por excelencia, y el que dio origen a la charla, es el de las interfaces. Pero si de Scolari se trata, hablamos de interfaces que se juegan en las pantallas. Porque dentro de los caminos de la discusión de café pensábamos que aunque toda tecnología resuelta en la pantalla no podría ser absolutamente transparente, para la gran mayoría de las personas la tecnología ha logrado ser transparente.
Otra vez me pregunto por cuáles son las condiciones para que se produzca tal transparencia. En principio, si recordamos la idea de los nativos e inmigrantes digitales de Vilches (libro La Migración Digital); o si recordamos la definición de que la tecnología es todo aquello creado luego de mi nacimiento (idea muy interesante que acercó Ana María a los cursos, y que por lo tanto, todo lo que estaba creado estaba naturalizado); evidentemente hay alguna tendencia que da gran importancia al momento histórico en el que aparece el observador.
Si esto puede verificarse, habría que preguntarse, además, cuáles son las visiones más “culturalistas” (antropológicas) y cuáles las más historicistas; pero ese no es el tema de este post.
En cambio parece que la existencia previa o no previa nuestra en relación con los objetos técnicos define, al menos en parte, su grado de transparencia.
Ana María Andrada, Carlos Scolari, Lorenzo Vilches, Marshall McLuhan