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Con el coronavirus hay cosas que se notan más

Quedate en casa coronavirus argentina cuarentena

Cuando la cuarentena se vuelve obligatoria y salir de casa puede derivar en una causa penal, muchas actividades se vuelven más visibles que de costumbre.

Se recogen los residuos, y se procura que no haya desabastecimiento. No sé si conseguiré cigarrillos en unos días, ni si veré a mis hijos hasta que se levante la cuarentena. Policías acompañados de trabajadores de la salud que apuntan a la cabeza de los conductores para verificar síntomas y alguna certificación que les permita circular. Cajeros que comentan amistosamente la situación mientras pasan productos por el escáner, que fueron tocados por muchas personas previamente y que llegan a casa y van a la heladera. Delivery de comidas que han pasado por cocinas y las cajas de los repartidores. Todos están expuestos, de hecho no hay razones para pensar que el virus no esté en todas partes. La pregunta es si esto es motivo de pánico. Claro que no. Nos estamos inmunizando y evitamos que otros se contagien. Evitamos el contagio masivo en forma simultánea para que el sistema pueda responder. Para que todo esto ocurra es necesario que muchos asuman un rol.

 

Los que saben

El coronavirus es una gran oportunidad para recordar que no todo conocimiento es igual de válido que otros. Porque parece  que algunos lo olvidan, manifestándose como “creyentes” del terraplanismo, la homeopatía, los movimientos antivacunas, o modos de conocimiento pre-científicos. Lo interesante es que útlimamente están hablando menos… porque ¿quedaron ridiculizados por los hechos? Probablemente si.

Los que saben son los que han dedicado su vida al estudio de la infectología, que es parte de la medicina, que involucra conocimientos científicos de diversas áreas, como también áreas “técnicas” para actuar sobre la salud humana. Los investigadores finalmente son los que entienden el “patrón”, el proceso por el cual virus, bacterias, hongos, se difunden y el modo en el que nuestro cuerpo es capaz, o no, de combatirlos, o de hacerlos parte de nuestros procesos biológicos.

Son los que conocen los virus con los que convivimos, y son los que pueden estudiar a este virus en particular (como rescata Nora Bar en este artículo), dentro del marco de otros similares y de los procesos naturales que producen los virus. Por eso son los que comunican la importancia de cortar los contagios, y saben que en algún momento la influencia del coronavirus va a comenzar a disminuir, como ocurre con cualquier virus. Por eso piensan también en el día después de la cuarentena como lo hace Polack en este artículo.

Solo los que saben pueden tener pistas concretas para fortalecernos, o para debilitar al virus. Esto no es algo sencillo y tienen protocolos rigurosos. No hay posibilidad de contar con una vacuna segura para humanos sin las pruebas que se exigen para ello. Estos días esto entró en la discusión pública por la velocidad de desarrollo y salto de etapas de prueba que se están haciendo en China, por ejemplo.

Tomas Pueyo Mitigacion y no hacer nada coronavirus

Gráfico de Tomás Pueyo sobre por qué debemos actuar ya mismo

Pero las discusiones de los que saben son bastante más complejas, porque no basta con conocer al virus, sino también es necesario saber cómo actuar sobre él sin perjudicarnos, como se discute en este nota de MIT Tech Review.

Sobre minimizar los contagios hay muchísimo material online, solo dejo un gráfico de Tomás Pueyo que parece bastante claro, publicado en esta nota que viene de una de las más visitadas en los últimos días.

 

Los que ordenan

Banda y bastón de Alfonsín - Museo del Bicentenario - Museo Casa Rosada

Banda y bastón de Alfonsín – Museo del Bicentenario – Museo Casa Rosada

Las sociedades organizadas tienen algún principio de autoridad, que en nuestro caso se establece a través del Estado y su gestión a través de nuestros representantes (“representantes” formalmente hablando). Pero el Estado se organiza en torno a ejes de la vida en común dentro de una jurisdicción (cuestión sobre la que existen bibliotecas enteras). Uno de esos ejes es la salud. No es lo mismo ser una persona saludable que la salud pública. No es lo mismo un organismo, que un organismo interactuando con otros organismos. De hecho… este organismo microscópico está interactuando con nosotros, y nuestra interacción con otros hace que ese microorganismo comience a interactuar con alguien más que yo. Esto lo sabemos por los que saben.

Los que ordenan deben resguardar la salud pública, y para eso deben escuchar a los que saben, para ordenar según los procesos que conocen los que saben.  En este caso este orden es bastante antipático: una sociedad de libre circulación se encuentra cercenada de la posibilidad de circular, en un caso muy distinto al de los viejos toques de queda. Se ordena en función de un tipo de conocimiento, que no es un tipo de conocimiento cualquiera, es conocimiento científico.

Ese orden, que se supone es circunstancial (espero que así sea), tiene la misma característica de toda decisión de gobierno: con alguna finalidad, alguien mejorará y alguien perderá. Ya estamos viendo que la economía pierde, una economía que ya estaba destrozada. Similar a la idea de “Lo único que puede advertirse a ciencia cierta es que para matar al virus hay que liquidar a la economía, como si para terminar con el delincuente hubiera que cargarse al rehéncomo dice Fernández Díaz.

Los que saben también están en los campos de la economía (más allá de la experiencia argentina de que tenemos los mejores economistas y una de las peores economías). Se produce un problema muy complejo desde la gestión dado que tanto la salud, como la economía y nuestros derechos son todos ejes de la vida en común. Y no parece que en esta situación pueda mejorar una sin golpear a otras. Esto es un gran problema de gestión de gobierno, y los resultados son inciertos. Hemos visto decisiones distintas en distintos lugares, y algunos resultados no fueron buenos. Solo deseo que lo razonable se imponga sin mezquindades, mientras se espera el pico tomando medidas para poder frenarlo.

Pero debemos pensar en ese orden, tal como propone Innerarity en este artículo, porque según el autor, “Hay tres cosas que los líderes populistas detestan y que este tipo de crisis revaloriza: el saber experto, las instituciones y la comunidad global“.

 

Los que curan

El SAME y la línea 107, la primera línea de contacto con los infectados.

Enfermeros y médicos en la trinchera son los que ponen al servicio de las personas el desarrollo que hicieron los que saben. Los que curan, son los que saben curar. No es lo mismo entender un proceso, que estar con un organismo particular delante, con identidad, afectos y familia, intentando que responda lo mejor posible a la mejor práctica que pueden aplicar en cada caso, y en cada contexto (porque no todos cuentan con los mismos recursos en todas partes)

Las decisiones de los que curan no se dan en pantallas sino en salas con personas infectadas, y algunas decisiones pueden ser muy dolorosas. La templanza de los que curan es inmensa. Viven entre dilemas. Deciden, y siguen curando.

 

Los que mantienen

En las calles cada vez más desiertas no se acumula basura. Alguien se la lleva con el inmenso riesgo que eso implica. En los supermercados semi-vacíos alguien procura que haya alimentos. Alguien los repone con el inmenso riesgo que ello implica. En las casas hay luz, agua e Internet. Alguien se está encargando de que podamos contar con estos servicios, y algunos deben movilizarse a través de las ciudades para ello. Los productos que llegan a los supermercados provienen de alguna parte, hay no perecederos y también hay productos frescos como huevos o carne. Alguien está faenando y transportando animales con el riesgo que ello implica. Hay combustible, y no hay refinerías sin controles, aunque sea de guardia, con el riesgo que ello implica.

Hay mucha gente que hace que podamos quedarnos en casa. Todos ellos se arriesgan. Mientras navegamos y enviamos memes por Whatsapp.

 

Los obedientes

Curiosamente una característica que, al menos en mi caso, siempre fue dudosa, hoy tiene el peso de asumir un rol que contribuye con los que ordenan. Y no porque sea maravilloso contribuir con ellos en la mayoría de los casos, sino porque la dirección de ese orden está dado por los que saben.

Pero los obedientes, sin quererlo, no solo contribuyen a retrasar el contagio (o “aplanar la curva”) sino que también contaminan menos. Resulta que los activistas pro-bici tenían razón (en realidad es una obviedad): menos circulación del transporte, menos gases. En un post en Facebook Sergio Fanjul menciona el “decrecimiento forzado” cuestión que nos lleva inmediatamente a la teoría de Latouche. Aunque Fanjul continúa con la deep ecology, es interesante lo que enumera como hechos que están sucediendo cuando los humanos dejamos de transitar los espacios públicos: “los cielos chinos se limpian de porquerías contaminantes, el Everest se libra de los excursionistas, los jabalíes, los corzos, están paseando por las calles de las ciudades españolas“.

Pero cuidado con esta idea… estar online no es ambientalmente inocuo. Sternik ya lo había observado, entre otros académicos que nos recordaban que el “mundo virtual” descansa en servidores y cables e implican un gran consumo energético como lo analizan Giuliano o Echeverría, y una cuarentena más “inteligente” será menos ecológica.

Aunque siempre hay alguna alternativa social para el confinamiento:

 

Los que no saben qué hacer con sus vidas

gessel coronavirus blog2

Pantalla de C5N

A veces obedientes, otras no. En cualquier caso es el blanco de Netflix y de toda la industria del entretenimiento. No tiene sentido hablar de “vida interior” o de “lecturas relevantes” como algo superior hoy. Pero si vale la pena ver cómo esta situación deja ver cómo los que no saben qué hacer de sus vidas están desesperados por encontrar actividades que los entretengan. Son los que siempre ensuciaron las redes y las convirtieron en espacios de consumo. También tenemos a los más extremos, una fila de estúpidos intentando ingresar a un balneario como si estuvieran de vacaciones; personajes que se ríen de nosotros viajando entre países porque parecen estar fuera de toda norma; y otros moviéndose dentro del país hacia sus lugares de descanso. Tampoco faltan los que organizan fiestas y asados o circulan por las calles como si estuviéramos en condiciones normales. Hay un subgrupo interesante: los que necesitan cocineros online para explicarles cómo cocinar algo para poder comer… lamentable. Y tal vez se podría agregar a los que se ufanan por ser la primera vez en su vida que tienen que lavar su ropa… se produce un fenómeno de exposición de inútiles.

 

Los glotones del ancho de banda

netflix-amazon-spotifyEs una variante de los que no saben qué hacer con sus vidas, pero resuelven el asunto traficando bits a lo loco. Derivan del linaje de lo que conocimos como “maratones” de series. Conocen todas, incluso las que no les gustan y alaban la vigencia de Friends o la producción de The Game of Thrones. Su comportamiento social (cuando lo tenían) es similar al del aficionado a los deportes: si no compartís su consumo (y su esfuerzo por mantener en la memoria formaciones y partidos), no entendés nada de la charla.

Pero no es tan sencillo. Los servicios de streaming lograron ocupar el 80% del tráfico de las redes en Argentina (artículo sobre datos de CABASE). Eso significa que para todo lo demás queda un 20%, por ejemplo para que leas artículos científicos sobre el coronavirus. En lugar de eso, entre circulación de memes y consumo de pelis y música el consumo de tráfico aumentó en cuarentena. No tengo claro si “todo colapsará” (como plantean algunos en distintos artículos), pero la super-smart-highend-piripipí de TV que se compraron los glotones, mostrarán imágenes de menor calidad.

También hay glotones egocéntricos, los conciertos hogareños de los músicos contribuyen, en IGTV y otros canales, a ocupar ancho de banda. Aunque no como consumidores sino bajo la idea de “servicio al cuarentenista” (o algo así). Massacre lo había anunciado antes (abrazo a Walas).

 

Las mascotas

caca de perro suerte es no pisarlaHace mucho tiempo discuto en privado muchas cuestiones asociadas a las mascotas en las ciudades. No quiero entrar en el tema de los comportamientos animales y humanos cuando existe esta convivencia, y los rasgos de lo natural que esto tiene (hay mucho para pensar al respecto). Sí me interesa porque hoy es parte de un decreto: la autorización para que las mascotas “hagan sus necesidades” (70 toneladas de caca por día en CABA) y las normas de higiene luego del paseo (que se cumplirán muy poco, en esto no hay mucha incertidumbre).

Me enfoco en algo más extremo: ¿por qué una mascota puede vivir en un lugar sin espacio libre? No tiene ningún sentido, salvo el capricho de sus dueños. Eso que es espacio común, la calle, es habitada por las mascotas porque es un espacio que no tienen en el domicilio del dueño. Siempre me molestó esto. Mucho. Porque los que decidimos no tenerlas debemos aceptar en nuestro espacio público el comportamiento de estos animales solo porque alguien (por su cuenta) decidió tenerlos.

Con esta situación de cuarentena el animal se convierte en un problema, porque, obviamente, debe hacer sus necesidades. Pero esto es un riesgo. Ya no hablamos de seguridad o alimentos, sino del riesgo generado por un capricho.  Esta situación hace visible el problema de las mascotas en las ciudades donde no tienen espacio propio. No solo es “tu perro, tu caca”, sino “tu perro, tu caca, y en tu casa” cosa que está bastante lejos porque tenemos que seguir conviviendo con ellos a la fuerza.

 

Los que enseñamos

no son vacaciones Moodle coronavirusSe puede escribir un extensísimo post sobre esto. Pero creo que hay una síntesis posible: enseñar online es mucho trabajo, contrariamente a la opinión de algunos que creen que las plataformas solo son un repositorio de archivos y un lugar para dar clases como si fueran conferencias. Ninguna de estas dos cosas es enseñar online. No en vano hemos trabajado mucho con Ana María Andrada desde hace largo tiempo para explicar que todo cambia cuando la situación es (en sus palabras) la de “presencia en ausencia

Lo que pude ver de distintas experiencias es realmente muy pobre.

 

Los makers

Ostende, 14 de abril de 2016 - En el marco del Encuentro Cultura y Democracia que se realizó en Ostende, partido de Pinamar, se presentaron las charlas del creador de la red social "Si lo prestas te lo presto" , César Laurent y del joven emprendedor, Gino Tubaro. .Moderó los encuentros el secretario de Integración Federal y Cooperación Internacional, Iván Petrella. ..

Gino Tubaro – Fotos: Romina Santarelli / Ministerio de Cultura de la Nación

Técnicos, ingenieros, biotecnólogos, médicos, diseñadores industriales… se están armando grupos colaborativos para resolver distintos problemas (por ejemplo fabricar respiradores)… al mejor estilo de Gino Tubaro (que quedó varado en Mexico). Monitoreando solo uno de ellos, en apenas unas horas ya había casi 800 voluntarios muchísimos ofreciendo partes hechas con impresoras 3D. Pero también hay “makers del pensamiento”, algunos académicos lanzan documentos colaborativos para crear una especie de colección de observaciones entre filósofos y sociólogos. Seguramente habrá actualización sobre este punto.

 

Los pelotudos

pelotudo

Un fotograma de Brandoni en “Esperando la Carroza”, película en la que el epíteto abunda

Este grupo, que sabemos tiene muchísimo adeptos, es algo transversal. Los hay en todas las categorías: hay pelotudos que saben, hay pelotudos que ordenan, hay pelotudos glotones, hay pelotudos famosos…

Jamás podría explicarlo mejor que Alejandro Borensztein. Compartimos la idea de que esta situación permite ver lo que antes pasaba desapercibido. Como prefiero dejar la sección siguiente vacía (que es su rasgo principal), y siendo el pelotudismo algo generalizado, solo menciono la columna del pelotudo en general, y la del pelotudo famoso.

 

Los famosos

los futbolistas y famosos no existen

Una colección de lacras

tinelli y culos famosos no existen

Lacra con cola subida a un caño

No existen.

 

Paciencia

Eso es todo. Los virus suben, y luego bajan. Los famosos gráficos en forma de campana lo muestran claro. Llegaremos al pico, y tendremos que esperar a que baje, y los que ordenan deberán decidir en qué momento de la baja podremos comenzar a normalizar la vida. Necesitamos que escuchen a los que saben, para que no se transforme en una estampida de una nueva subida del virus.

Simultáneamente deberán escuchar a otros que saben para atender a la segunda emergencia, que es la económica. Y además de los cantos y aplausos para los que curan que se dan en distintas partes, tendremos que reconocer que ellos, y los que han logrado mantener la posibilidad de nuestras vidas en cuarentena, realmente existen. Pocas veces los vemos.

El día después, los obedientes retomarán gradualmente sus vidas y tal vez algunos de los que no sabían qué hacer con su vida hayan encontrado alguna forma de llevarla mejor. El día después puede vislumbrarse si todos ellos cumplen algún rol hoy mismo. Aunque hay que ver de qué se trata esa “normalidad” (the Dance en el gráfico de Pueyo), porque tanto científicos como filósofos (como Innerarity) creen que no volverá tal como la conocíamos. La cuestión de la organización anclada en el territorio (los estados-nación, por ejemplo) tal vez vuelva a tomar la fuerza que perdió durante los últimos años de imaginario globalizador.

La incertidumbre no es nueva (como hecho existe desde siempre). Lo que nos cuesta es incorporarla a esta idea de que nunca nos pasará nada. Más allá del cisne negro de Taleb (que hoy muchos tienen a mano para analizar la pandemia), lo que opera es el riesgo y la incertidumbre que plantea Giddens con respecto a la globalización (con las críticas de Zizek) y que tomé en varias ocasiones como “emergente” de nuestras interacciones, y tampoco es independiente del desarrollo tecnológico como explica Lopez Cerezo.

Pero tal vez una de las cosas más importantes, y más invisibles, es la de nuestra vulnerabilidad. Circulan muchos ejemplos de epidemias de otros tiempos y situaciones similares a veces generadas por decisiones políticas, incluso bélicas, basta googlearlo.

En una época en la que creemos que todo es sencillo, accesible y mejor (entre otras cosas no tan ciertas), es bueno darnos cuenta de que somos vulnerables.

Por supuesto, esto no termina acá. Evgeny Morozov está empecinado por recoger un listado de lecturas en Politics of COVID-19 Reading List, ninguna cuarentena alcanzará para leerlas.


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