Cuando las redes informáticas tenían el rol de simples transportadoras de paquetes de datos imposibles de interpretar por humanos, nos enfocamos en la efectividad técnica. Las capas de nuevos protocolos y lenguajes que permitieron acercar datos e información a interfaces de alto contenido simbólico y lenguaje natural abrieron nuevos horizontes de sentido. Y a partir de allí creamos un nuevo entorno para el habitar humano.
El verbo “habitar” es un hiperónimo: contiene miles de acciones que pueden enmarcarse dentro del desarrollo vital en un entorno determinado. Acciones que se producen experimentando la eterna tensión entre las estructuras y la agencia. Entre lo dado y normativo, y la posibilidad volitiva o el ejercicio de una libertad situada.
Para habitar es necesario adoptar alguna forma de ser. Pero los modos de existencia adoptan formas ecológicas dentro de un entorno dado. Así como la posibilidad de existencia biológica necesita del aire, y los derechos ciudadanos necesitan de la pertenencia formal a una organización social; el modo de existencia online también muestra fuertes interdependencias e interacciones complejas.
Esta existencia “deshuesada”, en tanto existencia real, puede mostrarse en plenitud como también diluirse detrás de siluetas y acciones anónimas. Puede formarse de manera distribuida a partir de fragmentos como un mosaico, o establecerse en redes desde la lógica foránea de las organizaciones modernas.
Sin embargo, “ser” en las redes tiene algunos rasgos heredados. La mirada del otro no es ajena a este entorno vital como condición psicológica de la construcción de la identidad. Del mismo modo que la alteridad está presente cuando la motivación principal es la de participar de una comunidad.
Aprender a habitar nuevos entornos implica necesariamente reconceptualizar sus regularidades, sus objetos, sus relaciones. Muchas veces no tenemos las palabras adecuadas y utilizamos palabras de otras disciplinas o entornos. Una billetera virtual no puede contener billetes. La leche de almendras no es leche. Los conductores de Uber no son socios. La inteligencia artificial es algo artificial ciertamente, pero no es inteligencia.
Así como vivimos en casas y apartamentos que se integran con un entorno, existe un cúmulo de datos e información asociados directamente con cada uno de nosotros. Una estructura, casi una vivienda, que es nuestro espacio entre datos. Basta con pensar que somos parte de un acto jurídico repleto de información desde el primer minuto de nuestro nacimiento, acompañado de un número que nos otorgan de por vida: el DNI.
Así como en hueso edificamos, deshuesados datificamos: al edificio le corresponde el datificio.

Lo que importa es el onsite
Inventamos palabas específicas para dar cuenta de qué espacio habitamos.
Online cuando nos subimos a cualquier red, masificado por estar en la Web, época de descubrimiento de las comunidades y las posibilidades de colaboración. Desde finales de los 90 (con una hermosa proliferación de material analítico para entenderlo), pasando por la Web Social entre principios de 2000 hasta 2009 o 2010. La Declaración de Independencia del Ciberespacio es, tal vez, una buena muestra de la cultura de las redes de la época. El cambio de década llegó acompañado de la contaminación de las redes por parte de actores sin ninguna vocación por las comunidades y la colaboración. Llegaron los medios, las celebrities y los deportistas. Llegó entonces la explosión publicitaria y el control gubernamental.
Onlife cuando buena parte de la humanidad ya estuvo conectada y ya sin posibilidades de desconexión. La dependencia ya era evidente y las redes y los dispositivos se configuraron definitivamente como tecnologías críticas. La plataformización se aceleró y el extractivismo de datos se convirtió en industria. La identificación de los usuarios fue una de las bases datificadas para que cualquier base de datos sepa mucho más de lo necesario sobre nosotros; incluyendo a los gobiernos que con bastante desparpajo implementaron una vigilancia cada vez más profunda.
Onchain, cuando las redes blockchain comenzaron a interesar como entornos para la construcción de nuevos datificios. El imaginario se asocia a las criptomonedas y diversas estafas famosas, pero las redes cripto descentralizadas son una capa más basada en la privacidad. Así como en tiempos de la Web 2 había valores y horizontes de sentido asociados a la posibilidad de la colaboración; en las redes cripto (como en la creación de otros protocolos alternativos a los de la Web) se busca escapar de la vigilancia permanente.
La puja entre estructuras y libertades está abierta. En muy pocos años cambiamos de forma de ver las redes muchas veces, y no parece ser una discusión que vaya a terminar. De hecho, son conflictos que se van sumando, en lugar de reemplazarse. La propia Internet Society mantiene con mucha voluntad la participación de la Sociedad Civil como un garante de nuestros derechos sobre las redes.
Onsite: estar en un lugar, también fuera de las redes. Habitar es estar onsite, junto con tantos otros que lo están. Otros que también viven en datificios; que nos miran como los miramos; que son un “otro” en sentido antropológico.
El reconocimiento del otro siempre estuvo mediado. Siempre tuvimos mandatos y condicionamiento históricos, simplemente por haber nacido en un momento y en un lugar dado. Pero las escalas y las tecnologías son otros mediadores que, a medida que se vuelven críticos, se vuelven estructurantes. El otro en la experiencia onsite hoy está profundamente mediada. Entre otras cosas por la identidad distribuida, teselada, fragmentada, que se construye.
Si nuestros datificios hablan de nosotros, completamos nuestra identidad con construcciones adaptadas ecológicamente a los entornos. Pero hay otras adaptaciones más sutiles, a veces voluntarias y otras no tanto. Así como toda situación propone un rol, una norma; la adaptación propone una máscara.
Podremos ser honestos y comunicarla abiertamente. Crear un acuerdo sobre un rostro que oculta nuestra intimidad, como un valor deseable. Pero también podremos proclamar una máscara proyectada como auténtica, sin que nos represente. Y la dialéctica entre ellas en las redes se construye con datos.
¿Qué datificios cuidan nuestra intimidad, y cuáles vulneran la honestidad del rostro que esconden?
Este artículo es parte del fanzine de la muestra Hashtag #4 Datificio que se lleva a cabo entre el 6 y 20 de octubre de 2026 en el Pabellón de las Bellas Artes de la UCA.