Un jueves por la tarde voy al supermercado. El ticket no es muy distinto del de la semana anterior. Es un buen día para anticipar alguna compra para el fin de semana. El uso de alguna app que brinde el servicio de transporte resulta útil los días no laborables, compra del super bajo el brazo, para compartir una reunión. Momento perfecto para compartir memes y opiniones que se contrastan permanentemente con búsquedas en chatGPT y el buscador de Google. Por supuesto es más divertido si hablamos con el chat para que responda como si fuera un llamado cualquiera. El mismo chat que sabe quién le está hablando y que nos indicó los mejores hoteles según una valoración de precio/calidad/disponibilidad en Amsterdam; o cerca del verano en el sur del mundo.
Cada hotel recibió una transferencia, de alguna cripto, o de alguna tarjeta más tradicional, aún en su versión virtual. Miles de datos en muy poco tiempo. Miles de datos recogidos por las antenas celulares de una simple caminata por la ciudad. Un DNI asociado a una app de gobierno cruzada con seguros, vehículos, hijos, obra social y calendario de vacunación. Y, desde ya, con las declaraciones impositivas. Con un perfil financiero. Con aportes jubilatorios. Con las veces que fuimos al cine este mes. Con el consumo en un kiosko, o en una concesionaria de autos.
La carga de una tarjeta para viajar en la ciudad debita los valores nominales de las tarifas; salvo que se registre, se asocie a un DNI, o a un medio de pago; y entonces habrán comprado otros datos más a cambio de un descuento al que no podremos negarnos. Se suman las búsquedas, Spotify, Netflix, y las cámaras de video en las calles y estaciones de tren con capacidad de reconocimiento facial; como en las cámaras de muchos edificios y barrios.
Entrar y salir de cualquier lugar ya es un trámite policíaco; mientras grandes eventos implementan mecanismos que no permiten salir y volver a ingresar gracias a sus datos, y a una política de seguridad bastante poco amable. Hay datos sobre si nos movemos, si corremos, si andamos en bici. Hay datos de casi cualquier movimiento que hagamos.
Hay datos que dejamos. En tiempo pasado. Datos que se construyeron mientras accionamos. Datos que pueden oficiar de “prontuario” cuando menos lo esperamos. Cuestión ampliamente discutible.
Ahora vamos más allá: sobre los datos del pasado, inferimos datos del futuro. Anticiparemos el comportamiento de las personas. Alguien sabrá de antemano qué compraré en el super y qué memes miraré con mis amigos mientras llegan publicidades invasivas sobre hoteles y consumos habituales. ¿Cómo impactaría en una búsqueda de empleo mi información genética? ¿Quién accede a mis historias clínicas?
Marta Peirano ya advertía que debemos protegernos de esta forma de espionaje, y sus fundamentos son irrefutables: la sola existencia de esta información nos hace vulnerables de modos que hoy no podemos prever. En la época de los gemelos digitales seremos observados por lo que podríamos hacer, en lugar de por lo que hicimos. Un paso más hacia la datificación de toda nuestra existencia en favor del acceso a información valiosa por parte de otros.
Ni siquiera comenzamos la discusión de la soberanía digital y tecnológica, ni de las posibilidades concretas de la IA. Esto demuestra que los problemas son anteriores a una tecnología en particular. Se trata, en cambio, de conceptos fundamentales, de derechos civiles, y de no aceptar un estado de vigilancia permanente, en favor de la libertad que tan vapuleada está por parte de los mismos promotores de estas tecnologías.
Los gemelos comparten ADN, pero se diferencian en sus rasgos epigenéticos. ¿Qué sistema podría asemejar su información a mi ADN? Ninguno, porque el ADN es una cosa material y la información sobre él no. Si validamos la metáfora del gemelo porque nos resulta útil; veamos también sus límites: la información sobre alguien no es alguien. En todo caso tendremos una pista inexacta de su comportamiento. Los errores pueden ser carísimos; las burlas pueden ser geniales; pero la vulnerabilidad siempre permanece.
Nuestra vulnerabilidad es la posibilidad de existencia de estos sistemas.