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Libro Nanotecnología, descubriendo lo invisible

May 7th, 2012

Ana María Andrada es la autora del nuevo libro “Nanotecnología, descubriendo lo invisible” de Editorial Maipue. Ella misma me pidió que leyera críticamente su libro y que lo presente en la Feria del Libro el pasado 1 de mayo en la sala Adolfo Bioy Casares. Lo que sigue es una transcripción aproximada de mi presentación.

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Conozco a Ana María desde hace más de 10 años, y como ocurre con los nanomateriales, no nos juntamos por nosotros mismos sino que nos juntaron para algunas actividades académicas. Desde ese momento aprendo constantemente y valoro especialmente las experiencias conjuntas, que van desde compartir distintas cátedras e investigaciones hasta la prestación de servicios profesionales.

Comparto con ella una característica de nuestros caminos profesionales y académicos: aunque desde disciplinas diferentes, ambos venimos de las ciencias duras, y en algún momento comenzamos a ocuparnos de qué nos pasa social y culturalmente cuando entramos en contacto con la tecnología. Nos convocan algunos temas comunes como las redes, la educación o la comunicación, y también algunas cuestiones epistemológicas de la ciencia y la tecnología.

Ana María afirma vehemente cuando ha pensado bien las cosas, cuando sus días de investigación fueron suficientes, y cuando, además, es capaz de expresarlo. Este proceso está presente en el sustrato de este libro que, a primera vista, es una pequeña ventana a su enorme capacidad de relación y pensamiento, por eso no me extrañó encontrar que hablamos de tecnologías nuevas conectadas con la Antigüedad, de distintas expresiones culturales asociadas, de aspectos éticos y regulatorios, y todo esto en un estilo que es a la vez rigurosamente conceptual y práctico. Lo bueno es que podría hacer lo mismo con una enorme variedad de temas.

Decidí tomar sus propias palabras en forma textual: “es un libro que quiere poner la nanotecnología en manos de la gente” y debo decir que luego de leerlo considero que el libro debería lograrlo.

Algo tan cotidiano como la tecnología, e incluso la dimensión técnica propiamente humana, es algo que se convirtió en una cuestión de estudio “seria” hace muy poco tiempo. Tal es así que fuimos educados bajo la idea de que “todo eso” es una simple cuestión instrumental, y sobre la que entienden “los que saben”: científicos, ingenieros, etc.

Entre todos los cambios profundos en el pensamiento que se han producido, o al menos manifestado, en la segunda mitad del Siglo XX, uno de ellos es que la tecnología ha sido puesta como objeto de estudio e interrogación. Esto dio como resultado una mayor apertura hacia la comprensión de esta dimensión humana fundamental, la técnica. Como marca de la época dejó de ser una disciplina propia de técnicos para ser mirada desde todas las demás, aunque el diálogo entre ellas aún está lejos de ser habitual.

Así, las visiones industrialistas y economicistas que tenían algunas coincidencias con las cientificistas se vieron acompañadas por filósofos, sociólogos, psicólogos y antropólogos. Uno de los resultados de este proceso está encarnado en los Estudios CTS que, a grandes rasgos, integra muchas de estas disciplinas a veces con objetivos concretos como el diseño de políticas públicas, la participación social en tecnología o la divulgación científica.

Particularmente, este es un libro de divulgación científica. La complejidad de un área de la ciencia y la tecnología puesta en términos que todos podemos entender sin destruir conceptualmente las cuestiones esenciales de los fenómenos involucrados.

Para ello, y siendo parte del estilo de Ana María, logra integrar distintas aproximaciones a la cuestión que van más allá de lo propiamente científico-tecnológico. Así el cine y la literatura son espacios que ella también explora para dar cuenta de la preocupación por lo diminuto. Y esto no es neutral. Me permito acudir a la música para dar una pincelada: en la Modernidad la matemática era el lenguaje que, se pensaba, tenía plena correspondencia con los fenómenos de la naturaleza. Pero la matemática no es más, ni menos, que un lenguaje. Es la misma época en la que el lenguaje musical clásico se asumía como la expresión de la música. Pero el lenguaje musical no es más, ni menos, que un lenguaje. Los fenómenos naturales y la música se redescubrieron durante el siglo XX en parte por la posibilidad de observar mejor y más profundamente en la constitución de cada uno de estos campos. Observar y manipular átomos y moléculas es de la misma época que observar lo diminuto del sonido. Ambas cosas nos obligan a repensar los conceptos y a nosotros mismos. Desentrañar lo diminuto en el sonido generó una revolución conceptual en consonancia con otras expresiones que están mencionadas en este libro, y con la ciencia. La música electroacústica obligó a repensar todos los conceptos musicales previos convergiendo, como otras ramas, con la ciencia y la tecnología. Descubrir lo invisible (y lo audible, en este caso) es parte de esta época y en todas las expresiones humanas.

Si bien el interesarse por todas las cosas no es algo que esté de moda, es necesario volver a pensar que el hecho de entender nuestra época para poder operar sobre la realidad debería ser algo valioso. Este libro de divulgación es, para quienes tienen esta actitud, un camino para saber más, y eventualmente ser parte de la discusión pública sobre la tecnología y aún más allá poder hacer una lectura crítica y tomar posición en el desarrollo de algo tan grande que nos involucra a todos. ¿Por qué digo que nos involucra a todos?

La energía, el calentamiento global, las biotecnologías y las nanotecnologías son temas centrales en la discusión pública en ciencia y tecnología. Todos los países mantienen estas discusiones y gestionan la realidad comprendiendo que se trata de tecnologías de alcance global, que los excede, sobre los que no hay soberanía territorial, con consecuencias que no admiten fronteras.

Tecnologías que nos ponen en la situación de abrir juicios sobre el riesgo. El riesgo porque algo malo pueda ocurrir, y también el riesgo que implica el no saber, más que el saber, como lo indica Beck.

Dicho esto creo haber respondido a la pregunta de por qué este libro es importante. Ahora quisiera comentar por qué este libro, además, es interesante.

La nanotecnología puede entenderse solamente si nos adentramos en el mundo de lo invisible, no por inmaterial sino por lo pequeño que es. Cortamos pedazos de madera, pero no diseñamos la madera. Sabemos que la madera está hecha de cosas más pequeñas, como los átomos. Pero nuestra experiencia cotidiana es con la madera. Vivimos en un sandwich de escalas, y percibimos que estamos en medio de este sandwich: así como tenemos idea de los átomos, vemos que existe un universo habitado por objetos muy lejanos. La pequeñez de los átomos es tan inquietante como el concepto de “años luz”

La nanotecnología es la tecnología que se desarrolla en la escala del nanometro (es cero-coma ocho ceros y un uno), como dice el libro: “un nanometro es a la una pelota de tenis lo que una pelota de tenis a la Tierra”. En esas dimensiones aparecen leyes físicas que no son relevantes en la escala en la que solemos medir las cosas, y esto es parte del origen de la cuestión… podemos hacer cosas diferentes en esta escala.

La mecánica del gran Newton no puede describir los fenómenos que ocurren a nivel molecular, y esta fue la frontera que ayudaron a mover Bohr, Heisenberg, Born, Pauli, Einstein, Planck y Schrödinger, quien formalizó matemáticamente la mecánica cuántica (la mecánica que explica cómo ocurren las cosas en esta escala). Sin el desarrollo de la física cuántica sería difícil pensar en la manipulación y explotación de las propiedades de la nanotecnología.

Estos personajes han hecho sus aportes universales en el entorno de los inicios del siglo XX (algunas décadas antes y después del 1900). 100 años después aún tenemos el prejuicio de la exactitud y la capacidad de determinación de las ciencias duras que estos hombres lograron quebrar nada menos que en la primera de las ciencias, la física. Fueron los anfitriones de la indeterminación y la incertidumbre, de las probabilidades y de la observación de elementos indefinidos en la propia constitución de la materia. No extrañamente es el mismo siglo en que es posible explicar una gran diversidad de fenómenos como sistemas caóticos.

Los habitantes de ese mundo diminuto son, entre otros, las moléculas, que hoy pueden ser “acomodadas una por una” para fabricar materiales que no existían, con propiedades increíbles, para combinar moléculas vivas con moléculas no vivas, para trabajar al nivel del ADN o para construir máquinas diminutas que interactúen con cualquier molécula de cualquier tipo, en el espacio, en el agua o en el cuerpo humano.

Tal como está expresado en el libro, Feynmann sobre la mitad del siglo pasado afirmaba que “hay mucho lugar en el fondo” y Drexler decía “Puestos en orden de una manera, los átomos componen aire, tierra y agua. Con otro diseño, los átomos forman fabulosas fresas frescas”. Estamos en el borde de hacer de la materia lo que querramos. Estamos también, como consecuencia, en condiciones de discutir nuestras responsabilidades ante tal poder.

Los materiales que conocemos se multiplican (la tabla de elementos de Mendeleiev y sus actualizaciones), la distinción entre natural y artificial debe repensarse: debemos transitar el camino desde el extrañamiento entre la idea simple de utilizar los materiales disponibles hasta la posibilidad de diseñar nuestros propios materiales, vivos, no vivos e híbridos.

Como la tecnología no surge espontáneamente también existe un espacio para identificar a los personajes que han contribuido a que esto sea posible, y también a las distintas organizaciones de todos los países que se ocupan de fomentar, producir u observar el desarrollo de la nanotecnología. Y en este espacio también se encuentra la Argentina donde la nanotecnología tiene un desarrollo considerable. En este contexto es fundamental revisar el Principio de Precaución como eje ético del fomento al desarrollo tecnológico y la cuestión del patentamiento como ventaja, pero también atendiendo al fenómeno de la privatización del conocimiento.

No es ocioso plantearnos la tarea de pensar estas cosas en un mundo en el que implantamos genes de un organismo a otro, creamos materiales nuevos y en algunos casos de comportamiento impredecible, intervenimos en las neurociencias para operar sobre comportamientos y nuestra mente, conceptualizamos y modelizamos informáticamente para el control de robots o para la emulación de procesos mentales humanos. Todo a nivel atómico y molecular.

El libro incluye todos estos temas bajo un orden que le da sentido y totalidad: situarse en lo diminuto, recorrido histórico detallado (se trata de una historia milenaria, aunque su explosión se produce a partir de Feynmann y está plagada de científicos y premios Nobel), los instrumentos que construyen la nanotecnología (debemos imaginar máquinas capaces de acomodar átomo-por-átomo), los nuevos materiales y sus aplicaciones (materiales cuyas propiedades son imposibles con los materiales naturales), los productos de consumo que ya tienen compuestos nanotecnológicos (que son miles y en diversos mercados como el deporte o la cosmética), y una revisión sobre los cambios epistemológicos que supone una disciplina de este tipo, además los cambios sobre la lógica de las inversiones en nanotecnología.

Todo este contenido se desarrolla en algo menos de 200 páginas, lo que da la idea de un libro denso, en el sentido de que ninguna página está de más.

El otro punto interesante es la combinación de datos rigurosos y recursos que conforman la constelación de contenidos del libro. Ana María es experta en integración de medios, de modo que nuevamente ha publicado un libro que sale del libro hacia un DVD con recursos audiovisuales, un blog en permanente actualización donde además interactúa con lectores, y “pastillas” dentro del texto impreso que enfocan la atención sobre puntos importantes.

En el mismo sentido puede decirse que cada capítulo puede ser leído en forma independiente dado que se contextualiza en cada uno de ellos los conocimientos y saberes mínimos para comprender el tema central.

Es decir que bajo un formato de integración de medios logra transmitir las bases fundamentales de la nanotecnología en un lenguaje propio de la divulgación científica que es un aporte para expertos y no expertos, para saber más, para entender mejor nuestro tiempo.

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Comentarios sobre la biografía de Steve Jobs

January 24th, 2012

Terminé queriendo seguir leyendo la biografía de Steve Jobs de Walter Isaacson. No sabía muchas cosas, y se otras que ni siquiera se comentan en el libro. Hacía muchos años que no leía un libro completo, desde la primera hasta la última página. Mi hábito de lectura es totalmente fragmentado y ramificado, con varias lecturas simultáneas, y entierro a aquellas que no disparan alguna idea.

La bio de Jobs, afortunadamente, no tiene un eje cronológico único, sino que matiza cronología con temas, y así es posible retomar distintas épocas según los ejes temáticos elegidos por Isaacson. Eso lo hace más entretenido y enfocado a los puntos que él consideró importantes y que me ayudaron a completar mi idea sobre Steve Jobs.

He visto personas, techies principalmente, que no lamentaron la muerte de Jobs y otras que al leer la biografía dejaron de utilizar productos Apple. Algunos fans se sorprendieron de lo duro que podría haber sido trabajar o negociar con Jobs. En mi caso fue algo muy inspirador, y considero que las cuestiones de personalidad suelen ser juzgadas desde el comportamiento esperable de los demás, especialmente en las esferas formales. En ese sentido Jobs hubiera sido un inadaptado, descortés, poco humilde, arremetedor, prejuicioso, entre otras cosas. Sin embargo, conozco personas muy entrañables que muestran esas características. ¿Qué tipo de mandamiento social dice que una persona debe ser “cool”? ¿atenta y considerada? ¿empática? ¿tolerante?… Sin dudas es políticamente correcto decirlo, pero nunca consideré estas características como determinantes de una persona. La mayoría de las discusiones importantes e interesantes que tuve en mi vida fueron con personas insensibles y despiadadas intelectualmente. Personas vehementes capaces de plantarse en sus ideas y llevarlas al extremo. Son mis mejores experiencias de aprendizaje, especialmente cuando de un momento a otro lo que se lleva al extremo es una idea distinta.

El Jobs despiadado no tenía matices, pero se integraba complejamente con niveles de sensibilidad muy poco frecuentes. La posibilidad de integración entre estas dos cosas justifica en parte sus juicios binarios. Su extrema sensibilidad puede ser compartida por muy pocas personas, lo que impide un estilo de comunicación basado en el consenso. Las personas brillantes no pueden ser juzgadas por los modelos “promedio”, basta con recordar aquel lugar común de que ante una obra “extravagante” suele decirse “son artistas, están medio locos”

Lo que probablemente irrite a algunas personas es la actitud de un tipo, en varios aspectos análogo a un artista, en un contexto de empresa. Incluso hay personas que piensan que ser músico es un trabajo… por lo que deberían comportarse de algún modo esperable. Pienso distinto: los verdaderos artistas son reservorio de libertad y arbitrariedad, de modos distintos de pensar, mirar y hacer las cosas. ¿Por qué eso valdría para un artista plástico y no para un empresario? Si ser artista es un trabajo, antes que una actividad creadora, suscribimos el modelo espantoso de la cultura industrializada, del mismo modo que trasladado a las empresas a los productos similares y no diferenciados que nos inundan. Eso es lo que Jobs no quería hacer. Es lo que no hizo.

Leer una biografía es sumergirse en la persona. En el caso de Jobs la persona está expresada en sus obras, tal como ocurre con los artistas, y como no suele ocurrir con personas promedio cuyas ideas no se manifiestan en lo que hacen. Por eso también es un reduccionismo juzgarlo desde una tabla comparativa de funciones técnicas de producto. De hecho, los que usamos Apple hace mucho tiempo tenemos serios problemas para explicar qué es lo que nos seduce de sus productos, y que yo sintetizo en una gran experiencia integral de usuario, que además no frustra.

El control es uno de los temas que recurren a lo largo de la biografía. Control por el diseño, y también por la centralización del tráfico de bienes culturales. Control en una época de conflicto profundo entre sistemas abiertos y sistemas cerrados. Sistemas que se justifican desde ideas. La cultura libre por una parte y por el otro esquemas de negocio de bienes culturales que están en crisis y que hasta iTunes no habían encontrado ninguna alternativa a la distribución “legal”. Editoriales y discográficas tienen una alternativa, pero los usuarios también: nada impide en iTunes agregar material desde otras fuentes que no sean la compra del material. Control en un mundo en el que el código abierto y la actitud de compartir libremente está presente en el hardware y en el software. Ningún hardware y/o software de código abierto ha logrado la experiencia de usuario que ha logrado Apple. Y sin embargo, al tratarse de compartir en las redes Apple no ha generado ninguna traba y hay softwares para hacerlo. ¿Cuál es el conflicto de los militantes del código abierto con respecto a Apple? una cuestión política encarnada en el modelo de la innovación colectiva. En este punto admiro ambos modelos. Por una parte resulta maravilloso el modo en que distintas comunidades logran innovar y crear en base a proyectos colectivos. Por el otro, el resultado de una mente brillante también resulta maravilloso y revolucionó nuestra relación con la informática y los contenidos durante 40 años. Agrego a esto que para algunos de nosotros también fue un indicador de aquello que toleramos o no de un producto, nos volvimos exigentes y despreciamos los productos que nos frustran. Aplaudo eso. Ambos modelos dan resultado, con la salvedad de que para que funcione el modelo del control prefiero que esté en manos de una persona brillante capaz de integrar nuestra experiencia, la tecnología y el arte.

Los estudios sociales de la tecnología, por otra parte, suelen abrir la discusión de la técnica y la innovación a un gran número de actores sociales. Es razonable que una sociedad pueda tener voz y voto acerca de su futuro en términos tecnológicos. Nuevamente se trata de modelos: comparto esa idea, pero no imagino cómo haríamos muchas de las cosas que hoy queremos hacer sin que alguien especial haya inventado el modo de hacerlo. Muchos de estos estudios tienen un espíritu regulador y de “limitación democrática” acerca de qué hacer o no con las distintas tecnologías. Otros se enfocan hacia la valoración de un modo de vida y sobre el estatus superficial e irrelevante que muestran nuestros hábitos de consumo. Comparto ambos de algún modo, pero sigo sin entender cómo a partir de ello es posible imaginar mundos distintos como lo hacen los artistas o los grandes inventores. ¿Hubiera existido Macintosh? ¿iPhone? ¿iPad? ¿Seríamos capaces de producir y compartir materiales como lo hacemos? ¿Entenderíamos a las computadoras? ¿Entenderían las computadoras lo que queremos que hagan? Lo dudo mucho… Nuevamente los personajes como Jobs no pueden ser juzgados por los modelos del promedio.

Apple es una empresa que fue vehículo para las ideas de Jobs. Como empresa muchos la juzgan como a cualquier otra, pero gracias al afán de control siempre tuvo presente algo que no está en otras empresas: el concepto de la perfección del producto por sobre el dinero y su trascendencia. De hecho la relación entre Jobs y el dinero es bastante distinta de la que mantienen la mayoría de los empresarios. Jamás estuvo en primer plano. Apple para Jobs no es un medio de vida sino una vía de creación. Como empresa, también, mantuvo prácticas orientadas a concretizar sus creaciones: fábricas, proveedores, etc. que podrían discutirse desde varios aspectos sociales e industriales, pero que finalmente siempre están en un segundo plano. La trascendencia se manifiestó constantemente al poner a sus productos como partícipes de un mundo mejor (“un lugar mejor”) pensando distinto que el resto de las empresas.

Tal vez el aspecto más impresionante de Jobs es el de la capacidad de integrar, no tanto cosas que ya existían sino la totalidad de los aspectos que hacen a la experiencia de los usuarios. Se trata de estética, innovación, función y especialmente nuevas categorías sobre las que pensar a la tecnología. Los productos de Apple no son meras herramientas o dispositivos que pueden intercambiarse alegremente por otros. Y esto no se trata de compatibilidad sino de que es la diferencia entre integrar tecnologías a nuestra vida versus rodearse de cajas funcionales irrelevantes. Socios versus herramientas. Según la propia concepción de Jobs: no querer rodearse de objetos a los que no admire…

Las personas especiales siempre entran en conflicto, o habitan en su propia construcción del mundo. Jobs hacía ambas cosas. Juzgarlo desde categorías promedio es como aniquilar el valor de los grandes artistas.

 

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El exitoso empresario que se convirtió en mito de la cultura

October 7th, 2011

en Clarín07/10/11

Expertos destacan su histrionismo, su capacidad de oratoria y su cualidad de líder.

Por Leo González Pérez

La figura de Steve Jobs está envuelta en un halo mítico. El cofundador de Apple recoge de un buen número de seguidores de todo el mundo una estima y una afición desconocidas para cualquier otro ejecutivo de la industria de la tecnología digital.

Jobs generó en derredor de sí todo un fenómeno cultural de adhesión y fidelidad. En el examen de las causas de este hecho, aún en el de investigadores dedicados tiempo completo a la cultura del Siglo XXI, el análisis se parece mucho al elogio liso y llano. Consultado por Clarín , Alejandro Piscitelli, filósofo e investigador de los nuevos medios, afirmó: “Para quienes frecuentamos los productos de Apple desde fines de la década del 80, Jobs fue nuestro gran chamán. El nos inició en los arcanos del mundo digital, nos mostró cómo se pueden combinar funcionalidad y belleza, inventó el plug & play, le robó a los dioses de Xerox Parc las ventanas, el mouse e inventó el mundo multimedia que hoy tenemos”.

En opinión de Piscitelli, “Jobs no hizo sino generar una ecología de la producción y la personalización que, con su estética, cambiaría el mundo y nos convertiría a nosotros en sus hijos adoptivos”. Y después de señalar que no sabe si Jobs es el Leonardo o el Picasso digital del siglo XXI, sí afirma que sin él “el mundo sería mucho más gris y nuestras capacidades de comunicación e interacción, infinitamente menores”.

En tanto, a la hora de buscar los porqué de la dimensión alcanzada por Jobs, Martín Bonadeo, doctor en Ciencias de la Comunicación e investigador de la Universidad Austral, habla del concepto de marca. “Históricamente una marca era la señal que dejaba un artesano en el objeto que había realizado, para que se lo identificara como su autor. Y Jobs fue quien fue por sus cualidades para el liderazgo y porque los artículos de Mac llevan su marca. Lo que es muy poco frecuente en las industrias, donde todos copian”. ¿Y qué atributos tiene la marca Jobs? Bonadeo no duda: diseño y simpleza.

En el mismo sentido, Martín Parselis, consultor y académico de la UCA afirma: “Si estuviéramos obligados a la síntesis, el pensamiento de Jobs estaba representado enteramente en sus creaciones, que además tenían como condición fundamental la simplicidad y la experiencia estética. Creó categorías de artefactos que no existían, y nos propuso una relación con ellos basada en la posibilidad de encontrar nuevas fronteras a nuestras ideas”.

Mientras que para Ariel Vercelli, investigador del Conicet, Steve Jobs es un mito en cuya construcción participan múltiples elementos. “Fue un hijo abandonado por sus padres, no tuvo formación académica, se animó a ir en contra de la fuerza aparentemente irrefrenable del mercado de la informática, orientó el diseño de los equipos hacia lo que él deseaba, y tuvo éxito”, explica Vercelli. Pero también son ingredientes de la elaboración del mito la atribución de méritos que están lejos de la verdad. Jobs estaba inserto en una megacorporación, con reglas muy rígidas y sistematizadas. “De allí las cosas no salen con la firma de una sola persona, no existe esa posibilidad”, señala Vercelli. También el propio Jobs hizo mucho para edificar su mito, entre otras cosas, con su histrionismo y sus cualidades de orador.

Ver también “Captó lo que los políticos no entienden” en La Nación

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Esto es todo lo que hubiera querido decir:

A Steve Jobs se lo ama y se lo odia, se le rinde culto y también se lo critica destructivamente, pero no pasa inadvertido. Juzgarlo de un modo u otro depende de qué valoremos del mundo de la informática y de cuánto sepamos de qué se trataron muchos cambios de los últimos 40 años. Si estuviéramos obligados a la síntesis, el pensamiento de Jobs estaba representado enteramente en sus creaciones, que además tenían como condición fundamental la simplicidad y la experiencia estética. Creó categorías de artefactos que no existían, y nos propuso una relación con ellos basada en la posibilidad de encontrar nuevas fronteras a nuestras ideas.

Fue el mentor de una cultura de la experiencia integral, los aparatos no solamente sirven sino que también satisfacen desde lo visual, lo sonoro y lo funcional. Logró que no nos ocupemos de ellos sino que sean vehículo de lo que realmente nos ocupa. No es casual que sus dispositivos suelan ser guardados con cariño al dejar de usarlos ¿como obras de arte? probablemente, porque en él se desplegaba una especial sensibilidad por entender al mundo y a las personas, un tecnólogo con sentido humano, y un artista. Y ninguna de estas características fue más importante que la otra.  Todo fue viabilizado por las distintas compañías que fundó, pero ser un buen CEO es menos relevante que todo lo demás.

Si los dispositivos son mediadores de la cultura, Steve Jobs es un gran referente cultural. Si el software nos compromente cognitivamente, Steve Jobs cambió el modo en que pensamos. Si Steve Jobs no hubiera vivido, difícilmente tendríamos esta relación con el mundo digital.

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Steve Jobs contrarió a Mikel Dufrenne

October 6th, 2011

No, no es una noticia de actualidad. Es la encarnación más pura del Think different. Es la categoría de los “dispositivos de autor”

El francés Mikel Dufrenne hablaba de estética. Eso que hoy llamamos co-creación, o que Danto pone del lado del observador son ideas que rodean lo que son las obras de arte. Dufrenne daba valor intrínseco a la obra, que además es reflejo de su naturaleza creadora. Y el creador es quien comprende su valor intrínseco.

Antes de que Apple exista, digamos durante la infancia de Steve Jobs, Dufrenne publica “The Aesthetic Object and the Technical Object” diferenciando los modos de la praxis estética y técnica, aunque considerándolas no independientes. Fenomenológico, estudia la relación de unicidad entre el sujeto y el universo, y la pérdida de esa unicidad en la elaboración artística (incluyendo a la religión, tema que también trajo Simondon con su perspectiva)

Según Dufrenne, el arte hoy (años 60) recobró la función mediadora entre el hombre y el universo. Dice que el objeto técnico es anónimo y abstracto (cuando desarmabas las Mac tenían las firmas de sus diseñadores) … que el objeto estético aparece en un instante (¿emerge?), de manera impredecible, no separado de la historia … y que fija la imagen de una era tal como es experimentada por el artista (muchos productos abrieron nuevas categorías que siguieron todos los demás fabricantes, Jobs era el primero entendía cada era, durante casi 40 años). Afirma que el objeto técnico procede de un concepto, que no es de práctica espontánea, y que en el inventor no está comprometida la persona en su totalidad (Jobs nos recordó algo sobre la pasión por lo que uno hace). Que en el objeto estético nos asociamos a él, participamos de la acción de su creador, penetramos su mundo, y que requiere nuestro sentimiento y no nuestra acción. Hasta aquí pareciera que Steve Jobs logró crear objetos estéticos más que técnicos, pero finalmente fueron dispositivos, ¿Qué diría Dufrenne? si además afirma que el desarrollo del objeto genera nuevos modos de expresión y para el observador que a través de su sensibilidad descubre nuevos dominios.

Ya veía Dufrenne hace 50 años que el objeto técnico tendía a aparecer como un objeto estético. Las condiciones de belleza de un objeto estético son: la necesidad por lo sensible (es perfecto, es experimentado fuera de cualquier norma en un encuentro siempre único), la esencia que se traduce exclusivamente en su mensaje (la expresión del autor, el significado es su uso). Los objetos técnicos no pueden ser considerados para la contemplación, se vuelven estéticos cuando se vuelven inútiles. El objeto técnico debe hablarle a los sentidos, como le habla a las manos para ser útil, y a la mente para ser comprendido. El objeto técnico debe manifestar su propósito (como diría Lawler: comunicar su condición de tal). Según Dufrenne, Simondon afirma profundamente que el objeto, en su primera manifestación artificial, es una traducción física de un sistema intelectual, y comienza el camino de dejar de ser abstracto, evoluciona.

La inserción del objeto técnico en el mundo es lo que lo estetiza, cuando completa y expresa el mundo. Es bello cuando está en acción. La diferencia entre el objeto técnico y el objeto estético es que este último neutraliza el entorno para estetizarlo, y el objeto técnico recibe valor estético cuando está integrado al mundo. La relación no es recíproca: es el objeto técnico que tiende a ser un objeto estético.

Jobs contrarió a Dufrenne. Nunca pensó que había dos tipos de objetos. No había un artista y un tecnólogo. En Jobs había capacidades de ambos, con capacidades superadoras e integradoras que dejan de lado una tradición que se empeñó por separarlos. Jobs logró que sus objetos tengan valor estético neutralizando e integrándose al mundo a la vez, y se manifestó por entero en ellos. Dufrenne identificó muchas cosas en común y marcó diferencias que Jobs nunca reconoció. Pensó diferente.

Ambito académico, Apple, Gilbert Simondon, Mikel Dufrene, Steve Jobs , ,

Cuál es la genialidad de Steve Jobs

October 5th, 2011

Jobs, como tipo que hace mucho, es objeto de miles de críticas de todo color. También, como todo tipo que hace mucho, es idolatrado. La muerte es inapelable. Y suele ser el momento en que recordamos más y ponemos todo en perspectiva (más, cuanto más cercana la sentimos). También es el momento de construír los mitos. Pero en este caso el mito ya estaba construído, y a diferencia de otros, con mucha racionalidad.

Si los dispositivos son mediadores de la cultura, Steve Jobs es un gran referente cultural.

Siempre me pareció que la campaña “Think different” tuvo el acierto de sintetizar el espíritu de Apple. Un espíritu que tenía la impronta personal de Steve, metiendo su naríz en cada uno de los detalles. Y los detalles en ningún caso son secundarios.

Alguien se acordará del System 6 con sus menúes escritos en tipografía “Chicago”, o una “Helvetica” que, además de ser perfecta, era parte de los fonts del System, sin descuidar una elegantísima Apple Garamond Light que era la forma con serif con la que se escribía el propio nombre Apple. Para algunos nada de esto es importante cuando se espera que una computadora simplemente procese. Para otros, esto una de las tantas muestras de que la tecnología no puede considerarse solamente como algo instrumental y bajo estrictos parámetros de eficiencia técnica, porque al lado de ella estamos nosotros, humanos, quienes hacemos experiencia y tenemos algún tipo de aproximación estética del mundo.

Ese mismo espíritu nunca pudo ser replicado por ninguna marca y ningún esquema de software libre. Todas las aproximaciones están lejos. Lejos de la experiencia que no frustra, lejos del goce estético (visual, sonoro y funcional), y lejos de considerar a estos dispositivos como socios de nuestras ideas más que como meros medios impersonales.

Apple es una empresa que gana dinero, aunque no siempre fue así. Ha sufrido crisis, quiebras, y ha evolucionado como tantas otras empresas. Otro componente del espíritu Apple es cómo se gana dinero. Estamos acostumbrados a escuchar discursos acerca de la administración “profesional” de las compañías, tips para emprendedores, escuchar al cliente, grandes inversiones en management, y tantos otros conceptos que parecen ser la receta del hombre de negocios exitoso. Think Different también se aplicó a los valores básicos de Apple: lo que piense el mercado no es importante, sino ofrecer productos de excelencia que probablemente el mercado ni siquiera sea capaz de pedir o imaginar. El dinero se gana cuando lo que se hace es bueno, desde todo punto de vista, y no cuando se genera una compañía en función de lo que piden los clientes aunque eso sea una porquería. Jobs siempre valoró más la excelencia que la rentabilidad, y una cosa le trajo la otra.

Pero la excelencia puede manifestarse en productos maduros, o en productos que nunca antes habían llegado a manos de la gente. Y este último caso es la otra mirada del Think Different: cada nuevo dispositivo fue una revolución. Desde aquella Mac que se presentó hablando sola a principios de los 80 con un sisntetizador de sonido cuando una PC tardó muchos años para que pudiera soportar una simple placa de audio, hasta que un iPhone comienza a hacer realidad la integración de los dispositivos con el lenguaje natural, cada producto ha marcado caminos, creado nuevas categorías, y más importante aún, han abierto las fronteras de posibilidades de lo que cada uno de nosotros pudo hacer con ellos. Y esto de modo muy profundo.

Sistemas cerrados, incompatibles. Tuvo que afrontar la explosión del Open Source (que comparto conceptualmente), que se hace vivo en hardware y software. ¿No pudo? ¿no quiso? ¿fue necio?, no lo se, pero no creo que sea condenable por eso. No haber ingresado en el código abierto ¿lo indiferencia del resto de la industria?, tenía mucho con qué diferenciarse. Tema aparte.

La informática no fue inventada por Steve Jobs. Muchos genios matemáticos, electrónicos, ingenieros, hackers, y científicos de diversas disciplinas contribuyeron a que tal cosa exista. Pero ninguno nunca estuvo ocupado en lograr una síntesis tan acabada entre lo funcional, lo estético, y la experiencia de cada uno de nosotros como usuarios. En alguno de los tuits relacionados con su muerte leí algo así como “si Jobs no hubiera existido, pensá si ahora estarías haciendo esto” y otro relacionado en cómo lo estarías haciendo.

Jobs cambió nuestra relación con los dispositivos, y nos dio la posibilidad de que también pensemos diferente en términos de valores, objetivos, y qué significa la tecnologáa informática en nuestras vidas. Todo esto gira desde los años 70 en torno a Apple como referente. Todo lo demás son discusiones de mercado o de éxitos comerciales, que juzgo absolutamente irreleventes frente a estos conceptos. Jobs cambió el modo en el que comprendemos las tecnologías, y también cambió muchísimo de lo que no se ve, entre hardwares, softwares, protocolos, estándares, etc.

Jobs es inagotable. Pero tal vez lo que más me impresiona es el modo en el que pudo hacer la síntesis entre tantas dimensiones. Los negocios son un aspecto, es un ejemplo concreto de que los demás aspectos importan, y si bien esto era parte de su visión, espero que en Apple esta cultura pueda seguir en desarrollo, del mismo modo que espero que nosotros, los usuarios, sigamos exigiendo ese nivel de excelencia funcional, estética y experiencial que marcaba a Apple en las eras Jobs.

Considerando el modo en el que se entienden los negocios actualmente, creo que recordar a Jobs como un millonario o un hombre de negocios exitoso es desprestigiar su figura. En mi caso lo recordaré primero como un gran ingeniero/artista con gran sensibilidad para comprender profundamente los cambios que se produjeron los últimos años, y con la rectitud de garantizarnos la confianza y la mejor experiencia que podamos tener con “eso” que son los artefactos. @grmadryn tuiteó una afirmación pesada: “De la mente de #SteveJobs nacieron obras de arte, expresadas en la forma de dispositivos tecnológicos”

Jobs en alguna medida cambió el mundo, nada menos.

Ambito público, Apple, Steve Jobs , , , , , , ,